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Ulysses’ Gaze (1995): La Odisea en las ruinas del siglo XX

Continuamos con las adaptaciones extrañas de La Odisea dentro del cine de autor experimental.

Si la película Nostos desafió al público con su narración contemplativa, en esta entrega levanto la apuesta con la peculiar versión que ofreció en 1995 el director griego Theo Angelopoulos, un maestro del cine político y del recurso del plano secuencia.

La particularidad de Ulysses Gaze es que toma el conflicto estructural del poema de Homero y lo desarrolla como un espejo geopolítico de la Europa fragmentada de la década de 1990.

En esta ocasión, el protagonista no es un guerrero que lucha contra cíclopes, sino un cineasta griego que regresa a su tierra natal obsesionado con encontrar la primera película filmada en los Balcanes. Para conseguirla, debe cruzar zonas en guerra y fronteras peligrosas, en un viaje que se convierte en una versión cruda y moderna de La Odisea.

No es un detalle menor que el material que busca el realizador sean unas cintas filmadas por los célebres hermanos Manakis, quienes documentaron a comienzos del siglo XX la vida cotidiana de esa región, antes de que el territorio terminara dividido por las guerras modernas.

El tiempo sin cortes: la fusión del pasado y el presente

Para poder disfrutar este film es necesario conocer de antemano cómo maneja el tiempo el cine de Angelopoulos.

Por lo general, en las películas tradicionales, cuando se narra algún recuerdo del pasado se apela al clásico recurso del flashback para explorar las vivencias de un personaje. El realizador griego entiende que la memoria humana no funciona con cortes, sino que el pasado coexiste permanentemente con el presente.

De este modo, en Ulysse´s Gaze la trama se construye mediante planos secuencia larguísimos donde el tiempo se dilata y, en ocasiones, los decorados y el vestuario de los actores cambian en tiempo real.

En una de las escenas más recordadas del film, que replica los tránsitos mentales del Odiseo original, el protagonista entra en la casa de sus padres y, en una sola toma, se narran casi diez años de historia —de 1945 a 1953— que incluyen celebraciones de Año Nuevo y el arresto de familiares por parte de la policía comunista.

Una proeza técnica fantástica donde los actores debían cambiar de vestuario rápidamente detrás de los decorados mientras la cámara recorría lentamente los espacios de la vivienda.

El contexto político: la guerra en tiempo real

Escena de Ulysses' Gaze con la estatua de Lenin transportada por el río Danubio durante el viaje del protagonista

Angelopoulos comenzó a trabajar en esta producción con Gian Maria Volonté en el rol de Ulises, pero el actor falleció de una falla cardíaca durante el rodaje y fue reemplazado de urgencia por Harvey Keitel, quien atravesaba uno de los mejores momentos de su carrera.

El artista venía de participar en producciones populares como Reservoir Dogs, Bad Lieutenant, Sister Act, la remake de Nikita, El piano y Pulp Fiction.

Keitel rechazó numerosas ofertas de los grandes estudios para sumarse a este proyecto, cuyo rodaje tuvo lugar en los Balcanes mientras se desarrollaba la Guerra de Bosnia.

Durante la travesía que emprende el personaje, el director captura con notable realismo los paisajes desolados de Albania, Macedonia, Bucarest y la Sarajevo asediada, que le aportan al contenido un valor documental extraordinario.

En una de las escenas más icónicas del film, que simboliza el colapso del bloque soviético, Angelopoulos retrata una estatua gigante desmontada que viaja en una barcaza a lo largo del río Danubio mientras la gente en las orillas se arrodilla a su paso.

Uno de los tantos ejemplos donde el Inframundo del Hades homérico es representado a través del contexto sociopolítico de las guerras yugoslavas.

La película también establece una interesante conexión con el clásico de aventuras Ulysses, protagonizado por Kirk Douglas en 1954.

Al igual que en aquella producción, todas las mujeres que encuentra en su viaje el personaje de Keitel son interpretadas por la misma actriz, Maia Morgenstern, quien encarna los arquetipos modernos de Calipso, Circe, Nausícaa y Penélope.

Pese a que el concepto que propone Angelopoulos es fascinante, la gran debilidad de esta obra radica en su complicada duración de casi tres horas.

El ritmo pausado y los interminables planos secuencia pueden resultar asfixiantes para el público que busca un drama con una estructura narrativa más tradicional.

Por otra parte, si no tenés una referencia mínima de la compleja historia de los Balcanes durante el siglo XX, es fácil quedarse afuera de muchas de las metáforas que plantea esta adaptación moderna de La Odisea.

Aunque no es una obra popular dentro de esta temática, quedó en el recuerdo por su enorme valor documental a la hora de capturar el horror de la Guerra de Bosnia. Toda la desolación que aparece en los escenarios no es producto de una puesta en escena, sino que ofrece una radiografía brutal del complicado momento que atravesaba la región en 1994.

Si bien se trata de un film difícil que demanda paciencia por el estilo de dirección de Angelopoulos, vale la pena explorarlo aunque sea una vez por la representación creativa que propone del antiguo texto de Homero.

De todos modos, no desesperen.

Si el cine arte europeo no conecta con ustedes, en la próxima entrega Francis Ford Coppola restaura las raíces pochocleras de Ulises en una de las adaptaciones más populares que se filmaron de La Odisea hasta la fecha.

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