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How To Make a Killing: comedia negra con Glen Powell

How to Make a Killing (Jugada maestra), protagonizada por Glen Powell, ofrece una remake de Kind Hearts and Coronets, la aclamada comedia de misterio de Robert Hamer, de 1949, que suele ser destacada como una obra maestra del cine británico.

Un film que presentó un dominio magistral del humor negro y quedó en el recuerdo por el hecho de que Alec Guinness (el recordado Obi-Wan de Star Wars) interpretó ocho personajes diferentes, entre ellos una mujer.

Escena de Kind Hearts and Coronets con Alec Guinness interpretando varios miembros de la familia D'Ascoyne

La nueva versión producida por la compañía A24  mantiene la premisa original intacta, con la particularidad de que el conflicto se centra en el ambiente social de los millonarios de New York.

Powell encarna a un pariente lejano de una de las familias más ricas de los Estados Unidos que fue rechazado y humillado por el patriarca del clan.

Empecinado en obtener una herencia, el protagonista decide eliminar a los ocho herederos que lo preceden en la línea de sucesión.

La nueva versión dirigida por John Patton Ford se centra en el carisma de Powell para desarrollar un thriller dinámico y entretenido que consigue mantener el interés por la intriga hasta el final.

Glen Powell vuelve a interpretar a un sociópata encantador

Glen Powell en una escena de la comedia criminal How to Make a Killing

En el último tiempo el actor se destacó por componer sociópatas carismáticos que tienen actitudes despreciables y entablan una complicidad especial con el público. Si lo viste a Powell en Hit Man, de Richard Linklater, o la serie Chad Powers, acá ofrece una interpretación similar que se convierte en una debilidad del film.

No porque su labor sea deficiente, sino porque se repite a sí mismo con ciertas expresiones y modismos que ya retrató en otros personajes.

El reparto secundario es bastante sólido y sobresalen especialmente Zach Woods (The Office) como un artista pretencioso, Margaret Qualley, que juega con el arquetipo de la femme fatale, y Jessica Henwick (Game of Thrones), quien encarna a la única persona sana que despierta empatía en un ambiente plagado de seres despreciables.

A diferencia de la obra original, que se concentraba en la comedia de humor negro, la dirección de Ford es más inconsistente y su narración no termina de decidir si quiere desarrollar una sátira o un thriller psicológico serio.

El comentario social es bastante simplón y, más allá de expresar que “la gente rica es mala”, no aporta una mirada creativa o interesante dentro de esta temática.

Pese a todo, el espectáculo resulta muy ameno por la presencia de Powell y un montaje dinámico que mantiene el interés por el relato.

Si te atrae la premisa, es una película entretenida para tener en cuenta.

Calificación: B

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