Godzilla Minus Zero: La versión Coco del cine Kaiju
En aquellos momentos en los que el director Takashi Yamazaki le da un descanso a la telenovela de la abuela, Godzilla Minus Zero (o Godzilla Minus Godzilla hubiera sido el título más acertado) ofrece algunas secuencias sublimes.
Sin embargo, hay que tener paciencia, ya que gran parte del contenido se pierde en un guion caótico, plagado de situaciones de relleno insustanciales y un melodrama extremadamente exagerado, incluso para el registro habitual de la ficción asiática.
Tras una aparición fantástica de San Ghidorah, que en adelante contribuirá a que el público no se duerma en la butaca, la narración de Yamazaki cae enseguida en un profundo bache narrativo, donde se desarrolla el show redundante de la exposición.
Casi la primera hora y media de película se va en discusiones sobre planes de contingencia que no llegan a nada y en la introducción de un nuevo villano ridículo que evoca a los científicos locos de los años 50. Mientras tanto, Godzilla brilla por su ausencia.
El director Yamazaki vuelve a demostrar una incompetencia absoluta para crear situaciones dramáticas genuinas. Todo se aborda con una narración manipuladora, desesperada por hacer llorar al público, y un reparto de personajes que no son otra cosa que estereotipos trillados del género de la telenovela.
Luego de un primer acto aburrido, que incluye el regreso de Akiko, la niña del llanto eterno, Godzilla finalmente se levanta de su siesta y la narración adquiere un ritmo más dinámico.
El espectáculo kaiju salva la función

Esta es una película extraña porque el director intenta continuar con el tono de seriedad extrema que primó en la película previa y, al mismo tiempo, refuerza los excesos tradicionales del cine kaiju.
Godzilla Minus One tenía claro el tipo de historia que buscaba narrar, mientras que en este film la narración se siente más caótica y desorganizada.
El tema es que todas estas cuestiones quedan en un segundo plano ante la experiencia que ofrece la propuesta dentro de una sala de cine.
En la segunda mitad, donde cobran más relevancia la acción y los monstruos, en lugar del melodrama, Yamazaki compensa la paciencia del público.
Los nuevos diseños de Godzilla y Ghidorah son extraordinarios y, una vez más, sobresale la labor del equipo de efectos especiales y sonido.
El mayor mérito de esta película es que consigue que Ghidorah se destaque como una figura aterradora. Debido a que el reptil atómico tiene en esta oportunidad una intervención más limitada, el monstruo de tres cabezas se luce como el gran protagonista en varias escenas de antología.
El duelo con Godzi, que toma una curiosa influencia de las peleas de Goku en Dragon Ball, sin exagerar, califica con facilidad entre las cinco mejores batallas épicas de la franquicia.
El futuro de la saga
Aunque se había anunciado que Godzilla Minus One cerraría este arco argumental, la historia de los protagonistas humanos queda inconclusa, con varias incógnitas por resolver en una tercera entrega.
La gran duda es si Toho esperará al director, quien ya fue captado por Hollywood para filmar Grandgear, una propuesta de mechas y kaijus producida por J. J. Abrams, cuyo estreno está programado para 2028.
Hace unas semanas también cobró fuerza el rumor que Godzilla Shin 2 entraría pronto en producción aunque no hubo ninguna confirmación del estudio. Curiosamente Hideaki Anno, creador de ese proyecto tiene un cameo en el nuevo film de Yamazaki.
A diferencia del 99 por ciento de la población mundial, no me enloqueció Godzilla Minus Zero ni terminé de conectar con el melodrama artificial que se lleva puesto el contenido dramático.
En materia de monstruos, este año me quedo con la coreana Hope y sus abominables efectos especiales, que me hicieron más feliz.