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La Odisea (2026): la peculiar visión de Christopher Nolan

Desde 1911 a la fecha, una particularidad fascinante que tuvieron las adaptaciones de La Odisea es que siempre le ofrecieron al público interpretaciones diferentes del poema de Homero.

Algunas apostaron al entretenimiento dentro del género de aventuras y otras optaron por deconstruir los personajes de la mitología griega con narrativas más experimentales, como lo hizo Franco Piavoli en Nostos: The Return (1989).

Salvo por la miniserie de televisión producida por Francis Ford Coppola en 1997, la industria estadounidense nunca le prestó demasiada atención a la travesía de Ulises y todas las películas previas siempre se gestaron dentro del cine europeo.

En su nueva obra, Christopher Nolan repara esta cuestión con un espectáculo imponente que evoca el espíritu de los viejos filmes épicos de Hollywood de la década de 1950.

Una visión personal del poema de Homero

Como suele ser habitual en sus filmes, la propuesta ofrece un prodigio técnico intachable, con un guion que resulta insípido en los aspectos emocionales.

En esta versión de La Odisea, el realizador desarrolla una reimaginación personal del poema de Homero que se siente demasiado superficial y carece de la profundidad dramática que tuvieron otras producciones del pasado.

El ejemplo más cercano es The Return (2024), con un extraordinario Ralph Fiennes, que desarrolló una exploración psicológica de los traumas de Ulises mucho más compleja e interesante.

Queda la impresión de que a Nolan no le interesan estas cuestiones y todo su foco de atención se concentra en la puesta en escena, donde la película reúne sus mayores virtudes.

Si sólo buscás un escapismo pochoclero y no te interesan demasiado los temas que aborda La Odisea probablemente vas a salir satisfecho del cine. Especialmente si la ves en el formato de la pantalla IMAX que aporta una experiencia más inmersiva.

Los aspectos más logrados del film

Matt Damon como Ulises en una imagen promocional de La Odisea (2026).

Desde que se anunció el proyecto despertaba muchísima curiosidad descubrir cómo representaría los elementos fantásticos asociados a esta propuesta, debido a la obsesión que tiene el director con el realismo.

La sorpresa es que, lejos de evadirlos, Nolan los adapta con ingenio sin traicionar su integridad artística. A través de un estupendo empleo de los efectos prácticos, el film ofrece secuencias notables, como el encuentro de Ulises con el cíclope Polifemo, que incorpora elementos del cine de terror.

Un concepto que luego reaparece en el famoso pasaje de Circe con los cerdos, donde el director incursiona directamente en el subgénero del body horror. Un gran momento con Samantha Morton, quien sobresale entre las mejores figuras de esta película.

Dentro del elenco, Matt Damon cumple con una versión más fría de Ulises que, si bien resulta funcional en el film, carece del desarrollo que tuvieron otras encarnaciones.

Anne Hathaway retoma la versión feminista de Penélope que estableció Greta Scacchi en 1997 y ofrece una labor correcta, donde encuentra más espacio para sobresalir entre las figuras femeninas.

Todo lo contrario ocurre con Zendaya, Lupita Nyong’o y Charlize Theron, quienes terminan desperdiciadas en roles muy limitados que no aportan nada sustancial a la trama central.

Una situación parecida se da con Elliot Page como Sinon, el primo de Ulises que convence a los troyanos de introducir el famoso caballo de madera dentro de su ciudad.

Aunque el personaje no pertenece a La Odisea, el director lo incorporó en esta versión con una breve participación especial del actor.

Entre las figuras más destacadas del reparto sobresalen Robert Pattinson, como uno de los pretendientes sociópatas que acosan a Penélope, y John Leguizamo, quien le aporta una dosis de humanidad al film en el rol de Eumeo, el sirviente fiel de Ulises.

La película tiene un comienzo lento y demanda un poco de paciencia hasta que se introducen los personajes principales y el espectador se acostumbra a la narración no lineal, fragmentada, con continuos saltos temporales.

Una vez que toma ritmo y Nolan comienza a desarrollar el conflicto de Ulises, el espectáculo resulta más dinámico y la duración de 173 minutos no se siente pesada en absoluto.

El año que viene probablemente coseche un par nominaciones al Oscar en los aspectos técnicos, donde tiene la posibilidad de destacarse en las categorías de Mejor fotografía, sonido, y banda sonora, con la ecléctica labor de Ludwig Göransson. 

Creo que esta versión de La Odisea será más disfrutada por los fans pasionales del director que por los amantes de la mitología, quienes encontrarán una interpretación livianita de un texto con temáticas complejas que ameritaba un guion más inspirado.

Calificación: B

2 comentarios en «La Odisea (2026): la peculiar visión de Christopher Nolan»

  • Hola Hugo. Ayer la vi en IMAX con unos amigos, y sentimos exactamente lo que decis. No solamente es una película fría (por más que en los aspectos técnicos sea una proeza), sino que le falta épica. Los temas que introduce y que pueden calar en el espectador, no son tanto por Nolan, sino por la obra de Homero en sí misma.
    Comparto que era de mis mayores temores qué haría con los aspectos más fantásticos contra su realismo «rebelde», y termina en algo salomónico que no me convenció ni para un lado ni para el otro.
    No sé si es el peor Odiseo del cine, pero creo que es de los que menos me ha transmitido algo. En particular su inteligencia y astucia. Brillan bastante por su ausencia.

  • Si, Lean veo que tuvimos la misma experiencia.

    No es el peor Odiseo pero si el más insípido porque la película no tiene alma.
    Me gusto mucho más lo que hizo Ralph Fiennes en The Return y ni hablar Juliette Binoche como Peélope.

    Me dejó indiferente esta versión.

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