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Hechizo de amor: la magia continúa | Reseña

Hechizo de amor: la magia continúa ofrece una película insípida y desinspirada, donde la cirugía plástica que presentan en sus rostros algunas figuras del reparto resulta más aterradora que los conjuros de las brujas.

Aunque en 1998 la obra original del director Griffin Dunne estuvo lejos de ser una producción inolvidable, al menos se animó a tomar algunos riesgos con una propuesta que combinaba la fantasía con la intriga policial y el romance.

La magia se representaba a través del misterio, el misticismo y esa hermosa cualidad narrativa que tanto se extraña en el Hollywood de 2026: la sutileza.

Una maldición que ya no tiene nada nuevo que contar

El nuevo film, dirigido por la danesa Susanne Bier, retoma la historia de las hermanas Owens con un perfil más Hallmark y un conflicto simplón y perezoso que vuelve a refritar la antigua maldición de la familia.

Este es el aspecto más decepcionante de la continuación, ya que el reencuentro con los personajes no aporta nada nuevo ni interesante.

Casi 30 años después de los hechos de la entrega previa, Sally (Sandra Bullock) borró los recuerdos mágicos de sus hijas ya adultas, Kylie (Joey King) y Antonia (Maisie Williams), para protegerlas de la maldición amorosa de los Owens. Sin embargo, cuando el novio de Kylie (Xolo Maridueña, pintado al óleo) sufre un grave accidente, los secretos salen a la luz y la joven huye a Inglaterra en busca de un antiguo libro mágico para romper el hechizo de su linaje.

Esto obliga a las hermanas a emprender un viaje a Europa para rescatar a la joven bruja, que es acechada por un villano acartonado y predecible.

Al reencuentro nostálgico de las protagonistas le falta peso dramático y la gran mayoría de los momentos humorísticos hacen agua y se sienten forzados.

Nicole Kidman y Sandra Bullock en una escena de Hechizo de amor: la magia continúa

De la magia sutil al CGI de superhéroes

Lo peor del film es el modo en que la directora retrata la magia con secuencias de CGI que parecen salidas de un film de Marvel. De hecho, después de esta entrega, las hermanas Owens tranquilamente podrían sumarse a la nueva formación de los Avengers.

Sandra Bullock no perdió espontaneidad para la comedia y en más de una ocasión levanta el tedio, pero tampoco puede hacer milagros y termina afectada por un guion al que le faltó más dedicación.

Por su parte, Nicole Kidman ofrece una interpretación extraña que por momentos resulta incómoda de ver. La culpa no es de ella sino del argumento, que se empecina en retratar a una mujer de 60 años como si fuera una chica de 20. Mientras que el rol de Sally (Bullock) al menos atraviesa un proceso de madurez, en el conflicto central, Gilly quedó estancada en 1998 debido a que los guionistas no supieron qué hacer con ella.

Una situación similar se da con las excéntricas tías de las protagonistas, encarnadas por Diane Wiest y Stockard Channing, que no tienen nada interesante para aportar dentro del relato, al igual que las aburridas hijas de Sally, interpretadas en esta ocasión por Joey King y Maisie Williams.

Las actrices reemplazaron en esos roles a Evan Rachel Wood y Camilla Belle, quienes quedaron fuera del proyecto debido a que el estudio Warner no las considera figuras suficientemente populares como para conectar con las nuevas generaciones de espectadores.

Ambas pueden dormir tranquilas porque no se perdieron nada relevante. Por el contrario, el estudio les hizo un favor.

La directora Bier tarda una eternidad en establecer el conflicto central, junto con la amenaza del villano, y por ese motivo la duración del film se extiende de un modo innecesario a 130 minutos.  Otra enorme debilidad que adiciona esta entrega.

En resumen, la continuación de Hechizo de amor no forma parte de las peores producciones del año, pero deja un sabor amargo con un espectáculo olvidable que no consigue justificar su existencia.

Calificación: B-

 

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