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Motor City: cine experimental de acción con Alan Ritchson

Motor City ya trascendió como la película más divisiva de 2026, cuya recepción fue un poco más positiva en la prensa que en el público.

En Estados Unidos, la gran mayoría de la gente la denostó y resultó un fracaso comercial, pese a que tuvo como protagonista a Alan Ritchson, un actor que en la actualidad atraviesa un gran momento a raíz de la serie de televisión Reacher.

Se trata de un film de acción experimental que nunca tuvo la intención de llegar a una audiencia popular. Debido a sus peculiares características, fue un proyecto muy difícil de gestar por el inevitable riesgo que representaba en la taquilla.

La complicada gestación de Motor City

La gesta de esta producción comenzó en 2008 con el director Albert Hughes (From Hell) y los realizadores, durante casi 20 años, enfrentaron numerosos contratiempos y postergaciones.

Entre los artistas que estuvieron vinculados al proyecto se destacan Gary Oldman, Chris Evans, Jake Gyllenhaal, Amber Heard, Gerard Butler y Adrien Brody.

El rodaje finalmente se concretó en 2024 con Ritchson, Ben Foster, Shailene Woodley, Pablo Schreiber y la dirección de Potsy Ponciroli.

Un cineasta independiente que cosechó notoriedad por el western Old Henry (2021), con Tim Blake Nelson, y que actualmente trabaja en el guion de la continuación de Los Goonies.

La particularidad de Motor City es que desarrolla un thriller de venganza clásico con apenas cinco líneas de diálogos.

Cabe recordar que en 1972 el director Michael Winner hizo historia dentro del género al crear la icónica apertura de The Mechanic, donde se introducía al personaje de Charles Bronson en una secuencia de 16 minutos sin diálogos.

En Motor City, Ponciroli levanta la apuesta y extiende el concepto a 103 minutos.

Durante buena parte del relato, la trama se narra a través de canciones de rock y la labor del reparto, que transmite, a través de gestos y expresiones corporales, las emociones de los personajes.

La propuesta prácticamente es una película muda moderna, donde el relato se construye a través de la acción y la música. Un concepto interesante que pone a prueba la paciencia de los espectadores.

Si la idea de ver un videoclip extendido que carece de diálogos te resulta molesta, lo más probable es que termines por odiar este film, debido a que el espectáculo te puede resultar insufrible.

La trama es muy sencilla y gira en torno a un exconvicto (Ritchson) que busca vengarse de un mafioso (Foster), que le hizo cumplir una condena en prisión por un crimen que no cometió y, encima, le robó a su novia.

Un experimento que no siempre logra sostenerse

Alan Ritchson en una secuencia de acción de Motor City

Aunque Motor City no me enamoró y dudo que vuelva a verla otra vez, la película cuenta con algunas virtudes que no se pueden ignorar.

En primer lugar, destaca el extraordinario diseño de producción y la fotografía, que capturan de un modo impecable la atmósfera industrial de la ciudad de Detroit de la década de 1970.

Hay una intención deliberada del director por evocar el cine de género de ese período, que también está muy bien lograda.

La primera mitad del film me pareció la más sólida, cuando la narración se construye con canciones clásicas de David Bowie, Fleetwood Mac, Bill Withers, Foxy, Donna Summer y The Moody Blues.

Este segmento cuenta además con un cameo especial de Jack White, quien interpreta una pieza de piano.

Ponciroli no defrauda en materia de acción y elabora muy buenas secuencias, influenciadas por la brutalidad visceral del cine de los años 70.

Sobresale especialmente una intensa pelea que protagonizan Ritchson y Schreiber, filmada dentro de un ascensor, que es extraordinaria.

Dentro del reparto, Shailene Woodley consigue ofrecer la interpretación dramática más sólida y Ben Foster, quien viene de romperla en la biografía de la boxeadora Christy Martin junto a Sydney Sweeney, compone un villano funcional a la trama.

Ritchson repite algunos modismos de Reacher, pero en su defensa es justo mencionar que el guion tampoco le daba demasiado material para construir un personaje más elaborado.

El rock se apaga y la película también

Probablemente, por una cuestión de presupuesto, a los productores no les alcanzó el dinero para comprar más derechos de canciones y, en la segunda mitad del film, cuando la narración pasa a depender de la banda sonora incidental, el espectáculo decae notablemente.

El problema es que la trama es demasiado trillada y el director tampoco hace nada por imprimirle al argumento algún ingrediente creativo para que Motor City tenga su propia identidad.

El final es bastante insípido y todo lo que queda es un experimento con ingredientes interesantes que no llega a convertirse en un film memorable.

En este caso, la recomendación va con reservas.

Traten de ver los primeros 20 minutos para aclimatarse y, si la narración sin diálogos no los engancha, después la pueden abandonar, pero creo que vale la pena darle una oportunidad.

Calificación: B

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