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Critica de Backrooms: terror liminal nacido del creepypasta

Entre los generadores de contenido de Youtube que saltaron al campo de la realización profesional, el británico Kane Parsons, de 20 años, consiguió el debut más prometedor con su ópera prima Backrooms.

Una propuesta de terror psicológico surrealista, que al igual que Exit 8, adapta en formato de largometraje un popular fenómeno viral de internet, en este caso asociado al furor de los espacios liminales.

El origen de los Backrooms en el creepypasta

Imagen original del creepypasta Backrooms con las famosas habitaciones amarillas

El 12 de mayo de 2019 un usuario del sitio 4chan, que alberga diversos foros relacionados con la cultura popular, subió la imagen de una habitación alfombrada, con iluminación fluorescente y paredes amarillas.

El origen misterioso de la foto inspiró la creación de numerosos relatos de terror y teorías descabelladas de conspiración que construyeron un fandom importante en torno a los denominados Backrooms.

Luego se descubrió que la imagen fue tomada en un tradicional negocio de muebles de Wisconsin en 2002.

El fenómeno viral alcanzó una mayor popularidad a través de un cortometraje dirigido en 2022 por Kane Parsons, quien en ese momento tenía 17 años.

Con muy pocos recursos creó un sólido relato centrado en el subgénero del found footage que trascendió por las ambientaciones de tensión y el modo en que exploraba la intriga en torno a las famosas habitaciones.

El director James Wan quedó impresionado por el material y la edad del realizador y, junto a la compañía A24, produjo la versión para cines donde Parsons expandió el concepto del corto con un presupuesto de 10 millones de dólares.

Terror liminal y atmósferas minimalistas

El resultado es una sólida película de terror que evade los clichés habituales del género que solemos encontrar en los estrenos semanales, más cercana al surrealismo de David Lynch que a las propuestas sobrenaturales de la productora Blumhouse.

En tiempos donde el déficit de atención del público tiende a ser bastante corto, Parsons desafía a la audiencia con una narración pausada que construye una intriga perturbadora a partir de una premisa extremadamente sencilla.

Dos personas ingresan a una dimensión alternativa donde terminan atrapadas en un laberinto de habitaciones amarillas.

A partir de ese concepto el director construye un gran exponente del terror atmosférico, donde se luce su capacidad para generar tensión con elementos minimalistas y la asistencia de un impecable diseño de producción a cargo de Danny Vermette, colaborador habitual del realizador Osgood Perkins (Longlegs).

Obviamente Parsons juega con referencias al corto original de Youtube para ofrecer algunas de las mejores secuencias de found footage que llegaron a la pantalla grande en el último tiempo.

Dentro del reparto, Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve le aportan un mayor peso emocional a la trama con interpretaciones contenidas que se integran muy bien con el estilo de narración que propone el director.

Hacia el final la película se excede con su duración más de lo necesario, y el relato pierde fuerza cuando intenta explicar el lore en torno a las habitaciones al debilitar la intriga original de la premisa.

Al margen de esas mínimas debilidades, como exponente del género nacido del creepypasta, Backrooms tuvo mejor destino que la leyenda de Slender Man, que terminó fagocitada por las torpezas y clichés del cine mainstream hollywoodense.

Será interesante ver hacia dónde se dispara la carrera de Kane Parsons luego de este debut, donde hizo el esfuerzo de proponer algo diferente en un género que tiende a estancarse demasiado en las fórmulas comerciales.

Calificación: B+

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