La posesión de La Momia: una versión oscura y perturbadora
Después de reinventar a El hombre invisible y tropezar con el fallido regreso de El hombre lobo, la productora Blumhouse ofrece una perturbadora reimaginación de la momia, destinada a dividir opiniones en la prensa y el público.
El nicho de espectadores que disfrutó las entregas de Terrifier quedará satisfecho con el gore y la violencia extrema, mientras que para el público general puede resultar repugnante.
La dirección corrió por cuenta de Lee Cronin, responsable de la última entrega de Evil Dead, quien propone un regreso a las raíces del personaje dentro del género de horror, a través de una impronta narrativa influenciada por el cine europeo.
Muy especialmente, las viejas producciones de la productora Hammer, que incomodaron con este monstruo a las audiencias de la década de 1950, y el cine italiano de los años 80.
El film contiene varios momentos dignos de los trabajos de Lucio Fulci, de esos que te hacen cubrir los ojos o mirar hacia otro lado de la pantalla, poco habituales en las producciones mainstream de Hollywood.
Más allá de algunas debilidades notables, que en breve resaltaré, si recordamos que la última entrega de la momia fue aquella abominación con Tom Cruise en 2017, la obra de Cronin al menos desarrolla un espectáculo de terror que evoca la era dorada del viejo videoclub.
El argumento gira en torno a un matrimonio que debe lidiar con una amenaza macabra cuando una hija desaparecida regresa a la familia tras ser encontrada en un sarcófago antiguo.
Cronin presenta un buen trabajo con la introducción de este conflicto, que incorpora elementos tradicionales de los cuentos de hadas y el folclore egipcio.
Una momia que se pierde en el terreno de la posesión

La gran debilidad de su labor reside en que, durante la mayor parte de la trama, la propuesta se siente más como una remake de El Exorcista que una película de la momia. Por consiguiente, el monstruo tradicional termina reemplazado por la típica niña poseída que vimos en innumerables clones del clásico de William Friedkin.
De hecho, esta labor de Cronin, que incluye algunos momentos de humor negro, se acerca más al espíritu de Evil Dead que a la última entrega de esa saga que dirigió hace unos años.
Muy especialmente hacia el final, donde la barbarie de la criatura maléfica se desbanda en un espectáculo grotesco.
Lo mejor de esta producción reside en los aspectos técnicos, donde sobresale el uso de efectos prácticos y el maquillaje de la joven poseída, que contribuyen a crear un personaje inquietante.
Al margen del gore y los detalles macabros, las escenas más perturbadoras resultan efectivas gracias a los efectos de sonido, que intensifican la experiencia del visionado en la sala de cine.
Las interpretaciones en general son decentes y vuelve a sobresalir la labor del director con las figuras juveniles, que tienen sus momentos destacados.
En síntesis, aunque a esta versión de la momia le faltó más identidad, al centrarse demasiado en los relatos de posesiones demoníacas, como propuesta de terror es efectiva y no decepcionará a quienes busquen un espectáculo morboso.