The Uprising: Paul Greengrass y la rebelión campesina
Retrospectiva Sherwood: actualización octubre 2026
The Uprising es la nueva producción del director Paul Greengrass, quien vuelve a explorar las tensiones entre el poder y la rebelión popular en un drama histórico ambientado en la Inglaterra medieval.
En 2002 estrenó Bloody Sunday, un film centrado en una masacre ocurrida en Irlanda del Norte en 1972, cuando soldados británicos dispararon contra 26 civiles que participaban en una protesta social.
Su nuevo trabajo presenta la primera adaptación cinematográfica realizada en torno a la Rebelión de los Campesinos de Inglaterra de 1381.
Tras el impacto de la Peste Negra en 1348, la mano de obra se redujo notablemente y los trabajadores comenzaron a exigir mejores salarios.
La respuesta de la Corona fue aumentar los impuestos para financiar la Guerra de los Cien Años. A raíz de esa medida, los condados de Kent y Essex se levantaron en armas y marcharon hacia Londres.
Las protestas eventualmente derivaron en un movimiento violento contra la clase aristocrática, que el joven rey Ricardo II aplastó mediante una represión brutal en la que murieron cientos de personas.
En la trama del film, Andrew Garfield interpreta a un campesino que perdió a su familia por la opresión del feudalismo y se une al levantamiento masivo liderado por Wat Tyler (Cosmo Jarvis) y el clérigo radical John Ball (Jamie Bell).
Su personaje es interesante, ya que le permite al director retratar la otra cara del movimiento: la de quienes no buscaban ejecutar a los representantes de la aristocracia, sino que demandaban una distribución más equitativa de las tierras y la eliminación de los impuestos abusivos.
El rol de Garfield representa, de alguna manera, la facción moderada de la revuelta, que luego se transformó en una protesta violenta dirigida por los campesinos más extremistas.
Un drama con paralelismos políticos modernos

The Uprising es la película más política de Greengrass y, aunque la trama se relaciona con las primeras demandas sociales de la clase trabajadora británica, el relato establece una conexión directa con problemáticas de la actualidad.
El director elabora una interesante analogía entre el contexto histórico de 1381 y el descontento global tras la pandemia de COVID-19, que encuentra su reflejo en la crisis del costo de vida y el malestar popular contra las élites corporativas.
El arco argumental que atraviesa el personaje de Garfield también resalta el conflicto entre la moderación pragmática y el radicalismo del movimiento popular, que remite a la polarización de la política moderna.
La labor contenida del protagonista es la más destacada del reparto y le aporta una enorme carga emocional a la trama.
En el caso de Cosmo Jarvis y Jamie Bell, quienes encarnan a los líderes de la revuelta, sus roles son interesantes, pero no llegan a tener un gran desarrollo debido a un montaje acelerado que no permite profundizar en sus arcos argumentales.
Desde el punto de vista técnico, Greengrass se mantiene fiel a su estilo narrativo documental, con la infaltable cámara en mano.
En este proyecto consiguió perfeccionar el tratamiento de la acción, que retrata con una mayor claridad la brutalidad de los tiempos medievales.
La representación de la violencia visceral es muy parecida a lo que hizo Ridley Scott en El último duelo.
The Uprising y una insólita batalla del marketing
Un problema de esta película que no se puede ignorar es la conexión forzada que intenta establecer Greengrass con la leyenda de Robin Hood.
Un tema que generó una enorme confusión en el público y que se relaciona con un conflicto entre las distribuidoras Focus Features y Entertainment Film Distributors.
Originalmente, Entertainment Film Distributors abordó la difusión del film en Europa como la de un drama histórico basado en hechos reales. En esencia, ese es el contenido real de la propuesta hasta el polémico epílogo.
Por el contrario, en Estados Unidos, la compañía Focus cambió el título de la película por The Uprising: The Rise of Robin Hood y centró la campaña en vender al personaje de Garfield como una nueva encarnación del mítico héroe.
Entertainment difundió un comunicado en el que explicó que la película no se relacionaba con Hood y que los materiales difundidos fuera del Reino Unido no habían sido aprobados por la compañía.
Todo este lío se relaciona con el final de la película, donde el director establece una referencia al justiciero inglés.
Greengrass tuvo la intención de incluir una reinterpretación del mito sobre sus orígenes simbólicos que genera ruido y no termina de funcionar, ya que no se siente un cambio orgánico en el desarrollo del personaje principal.
Es una elección artística extraña, debido a que el tono de la secuencia choca con el enfoque narrativo que primó previamente en el espectáculo.
Imaginá que te ponés a ver un drama sobre la batalla de Gettysburg, relacionada con la Guerra de Secesión estadounidense, y en el final la trama se convierte en una historia de origen del Llanero Solitario.
Ese desconcierto es la sensación final que deja The Uprising.
Pese a todo, más allá de esta debilidad argumental, creo que es una buena película que explora un tema interesante y merece atención.