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Sensatez y sentimiento: una adaptación con ecos de Emily Brontë

Las hermanas Dashwood de Jane Austen, al igual que Robin Hood y Tarzán, cada tanto regresan al cine para ser descubiertas por una nueva generación de espectadores.

Poca gente conoce que las protagonistas de Sensatez y sentimiento tuvieron un impacto cultural más allá del romance literario y llegaron a compartir una aventura con los Cuatro Fantásticos en ese gran cómic que fue Fantastic Four: True Story, de Paul Cornell y Horacio Domingues.

De hecho, en 2010, Marvel también adaptó esta novela al formato de historieta con guion de Nancy Butler, quien fue responsable de las versiones comiqueras de Northanger Abbey y Emma.

Emprender una nueva versión cinematográfica de este material no era una tarea sencilla, ya que el proyecto no tenía chances de evadir la sombra de un gigante imposible de vencer.

La versión que hizo Ang Lee en 1995, con Emma Thompson y Kate Winslet, no solo trascendió entre las mejores películas basadas en materiales de Austen, sino que califica, además, entre las mejores adaptaciones literarias de la historia del cine.

La directora Georgia Oakley entendió que no tenía ninguna oportunidad de competir con semejante antecedente y optó por el camino acertado de proponer algo diferente.

Un enorme riesgo artístico, ya que el fandom de Austen tiende a ser bastante conservador y no suele apoyar esta clase de propuestas.

Más Emily Brontë que Jane Austen

Oakley propone un juego interesante al desarrollar su adaptación bajo la siguiente premisa.

¿Cómo hubiera sido Sensatez y sentimiento si la hubiera escrito Emily Brontë?

Te la hago corta. Si no aceptás esa idea, ni te acerques a esta película porque te va a sacar canas verdes.

En términos cinematográficos, la directora abraza claramente una atmósfera brontëana, más cercana al aislamiento brutal de Cumbres Borrascosas y Jane Eyre que a la representación idílica del período de la Regency de Austen que vimos en películas previas.

En esta producción, las hermanas Dashwood, que piden a gritos un lavado de cabeza y un cepillo para el pelo (especialmente Marianne), tranquilamente podrían integrar la secta de Charles Manson que retrató Quentin Tarantino en Once Upon a Time in Hollywood.

El look «hippie sucia» está muy presente en la representación de los personajes, pero tiene la finalidad de transmitir con un mayor realismo la precariedad económica que atraviesa la familia.

En ese sentido, continuando con la analogía brontëana, Barton Cottage se aleja del refugio campestre idílico para convertirse en un escenario inhóspito, frío y lúgubre.

Sensatez y sentimiento al estilo Paul Greengrass

Si estos cambios en la adaptación rompen con el esteticismo tradicional asociado a los relatos de Austen, el tiro de gracia final lo brinda el estilo de dirección de Oakley, que remite inevitablemente al cine de Paul Greengrass (Vuelo 93).

La narración se aborda con un estilo documentalista, de cámara en mano y primeros planos claustrofóbicos que buscan intensificar la opresión social que sufren las hermanas.

El otro cambio radical es que la historia de amor principal se enfoca más en el vínculo fraternal de las protagonistas que en el romance con los personajes masculinos, que terminan más desdibujados.

El coronel Brandon, inmortalizado en el cine por Alan Rickman, acá es una ameba que repite sus diálogos en piloto automático. Si el rol lo encarnara C-3PO, de Star Wars, probablemente le aportaría más emoción.

Daisy Edgar-Jones y Esmé Creed-Miles conforman una muy buena dupla que funciona para esta reimaginación de las hermanas Dashwood.

El inconveniente con esta versión que propone la directora Oakley es que se pierde todo aquello que hizo trascender a la novela original. El sarcasmo y la sátira social de Austen, al igual que el romance, terminan muy debilitados, ya que el relato opta por enfocarse más en la vulnerabilidad social y la angustia psicológica de las protagonistas.

No es una mala película, pero propone un espectáculo más sobrio y frío que se distancia de las adaptaciones de época tradicionales.

Calificación: B

Un comentario en «Sensatez y sentimiento: una adaptación con ecos de Emily Brontë»

  • Daisy Edgar-Jones me parece una de las actrices más interesantes de su generación, y por alguna razón casi siempre termina haciendo de mujeres sufridas. Salvó una Twister por ejemplo.

    Cómo todo el tiempo se vuelve a adaptar una novela de Austen, en poco mas de un mes se estrena la nueva Orgullo y Prejuicio (en formato de serie) por Netflix.

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