Digger: una farsa decepcionante de Alejandro G. Iñárritu
Aunque se trate de una propuesta fallida que pertenece al insufrible cine de Alejandro G. Iñárritu, Digger no deja de ser una película saludable dentro de la filmografía de Tom Cruise.
Después de pasar tantos años enfocado en el género de acción, necesitaba encontrar un proyecto que le diera un descanso a su faceta de doble de riesgo y le permitiera retomar su versatilidad para componer personajes diferentes.
Digger es un film complicado que propone una experiencia parecida a la de Megalópolis, de Francis Ford Coppola, en el sentido de que genera opiniones polarizadas donde no parece haber espacio para un punto intermedio. Hay gente que la va a amar y otros que la odiarán con pasión.
La reseña de esta película no es sencilla porque corrés el riesgo de arruinarle la experiencia a la gente si detallás demasiado el argumento. Sobre todo porque el tráiler vende un espectáculo diferente al que luego encontrás en el cine.
Por consiguiente, mientras menos información tengas de la trama, más amena se hace la experiencia, ya que podés dejarte sorprender por el destino que toma el film.
En lo personal, si bien no me terminó de convencer y dudo que la vea otra vez, le rescato un par de virtudes que me gustaron mucho y contribuyeron a que el visionado no fuera tan negativo.
Digger cuenta con algunas ideas atractivas que no llegan a ser exploradas con profundidad, producto de la dirección de Iñárritu y un guión caótico que tiene la pretensión de abordar numerosas temáticas juntas a la vez.
Una mirada interesante del cine catástrofe hollywoodense
Entre los aspectos positivos destaca la sátira que propone del cine catástrofe de los años 70 y el modo en que explora la fascinación humana por consumir esta clase de contenidos en los medios audiovisuales.
Ya el póster de la película evocaba con su diseño los afiches de las viejas producciones de Irwin Allen (Poseidón) y el guión subvierte de un modo creativo los tópicos de esta temática a través de la farsa y el absurdo.
La clásica escena de los comités de emergencia en este film ofrece un gran momento con un inspirado John Goodman en el rol del presidente estadounidense.
Luego Iñárritu hace de las suyas y, con su pedantería pretenciosa habitual, conduce el espectáculo por un camino diferente que no termina de funcionar. No obstante, Digger tiene al menos 40 minutos iniciales que son muy buenos.
Tom Cruise y un gran diseño de producción

Entre otras cualidades —insisto en que no todo es un desastre—, la labor de Cruise es muy atractiva por la composición que presenta de un personaje grotesco y la energía que le aporta a la interpretación. Lejos de volver a copiar al productor Les Grossman de Tropic Thunder, acá juega con otros matices para encarnar a un empresario megalómano que se refleja en algunos líderes actuales de la política internacional.
El rol, como todos los personajes de esta producción, es una caricatura que consigue sostener el espectáculo.
Salvo por el científico que interpreta Riz Ahmed, que cuenta con un mínimo arco argumental, el resto del reparto interviene con participaciones secundarias donde la trama no les da tanto espacio para sobresalir, ya que este es el show de Cruise.
En los aspectos más técnicos, Digger encuentra su mayor fortaleza en la fotografía de Emmanuel Lubezki y el extraordinario diseño de producción de Dennis Gassner (1917) y Richard L. Johnson. Si eligen ver esta película, presten atención a todos los detalles fabulosos que esconden los escenarios y que contribuyen a retratar el carácter de los protagonistas y los ambientes en los que se desenvuelven.
Esta es la categoría más competitiva que tiene el film en la temporada de premios hollywoodense del año que viene. El caso de Cruise es más complicado, ya que su labor también dividió muchísimo las opiniones.
Por el momento es una incógnita si recibirá nominaciones o terminará ignorado.
Una sátira política al estilo Plaza Sésamo
La mayor decepción del film se relaciona con el tratamiento de la comedia y la ejecución de la sátira política.
A diferencia de Birdman, donde Iñárritu trabajó con más solidez el humor, en esta oportunidad no termina de funcionar. Todo el absurdo y la sátira que pretende desarrollar, Idiocracy, de Mike Judge, y South Park lo hicieron antes y mejor.
El humor no es el fuerte del director y, en este relato, falla miserablemente cuando intenta emular los trabajos de Wes Anderson y Terry Gilliam.
Lo peor es el modo en que su narración ejecuta la parodia política. El film aborda temas de actualidad y expresa su veneno contra los negacionistas del cambio climático y líderes políticos de la derecha rancia.
Aunque los argumentos que esgrime son válidos, el problema reside en su ejecución, que termina por arruinar el espectáculo.
Iñárritu, en modo Profesor Jirafales, subestima a la audiencia, a la que trata como chicos de escuela primaria con dificultades para comprender un texto. Todo lo sobreexplica con tediosas escenas de exposición redundantes, donde el comentario llega al público sin sutilezas y bien masticado para que no puedas pensar por tu cuenta.
Inclusive llega a incluir un personaje deplorable, a cargo de un desperdiciado Jesse Plemons, que parece destinado a guiar al nicho del público que tiene dificultades para seguir un relato.
Si sos de los que miran una película en el cine mientras responden mensajes de texto o terminan una práctica de Duolingo, Plemons te resume constantemente lo que te perdiste por no prestar atención.
Al margen de esta cuestión, la obra del director es penosamente superficial. Más allá de expresar que la codicia es mala y la explotación del petróleo causa daños en la ecología, el contenido es demasiado básico y simplón.
Sumado a la intención de incluir un giro metaficcional pretencioso, completamente forzado, Digger, después de 40 minutos, se convierte en un film tedioso y olvidable que no invita a ser revisitado.
Una pena porque presentaba un par de conceptos interesantes, pero termina saboteado por el ego de un realizador al que hace años se lo fagocitó la industria de Hollywood.