La guerra de los últimos: lo nuevo de Ridley Scott
Sin grandes campañas publicitarias y con poca difusión, el director Ridley Scott vuelve al cine para presentar un neo western postapocalíptico, basado en la novela The Dog Stars, de Peter Heller.
Una obra que se publicó en 2012 y recién cobró notoriedad popular en 2020 tras la pandemia de COVID-19. Junto con Station Eleven, de Emily St. John Mandel (adaptada en una miniserie por HBO), fue un libro al que mucha gente volvió en los días de la cuarentena para procesar el aislamiento y la incertidumbre que generó la propagación del virus.
En la propuesta de Heller, una gripe aviar arrasó con el 90 por ciento de la humanidad y los pocos sobrevivientes que quedan deben lidiar con la caída de la civilización y los estragos generados por el cambio climático.
Gran parte de la trama, ambientada en Colorado, se centra en el choque de filosofías entre dos hombres que viven en un aeropuerto abandonado. Hig (encarnado en el film por Jacob Elordi) es el humanista que se refugia en la contemplación de la naturaleza y la poesía y busca conectar con otras personas aisladas que necesitan ayuda.
Por el contrario, Bagley (a cargo de Josh Brolin) representa el pragmatismo puro, que considera una amenaza letal a todo ser humano que se acerque a su perímetro.
The Dog Stars contra el apocalípsis de manual

En la novela original, Heller logró evadir los clichés habituales del thriller distópico para desarrollar un relato sensible y poético que buscaba explorar el significado de la existencia tras el colapso de la sociedad.
Ridley Scott, en modo “tengo 88 años y hago lo que se me canta”, tira ese concepto a un tacho de basura para convertirlo en la clase de propuesta que el autor buscó evitar.
Es decir, un thriller pochoclero hollywoodense con secuencias de acción desquiciadas, donde no faltan los excesos y excentricidades del realizador británico.
Scott toma algunos conceptos del libro para construir un mundo postapocalíptico que retrocedió a los tiempos del Viejo Oeste. La impronta del cine western está muy presente en su narración y en el tratamiento de las secuencias de acción.
Se destaca especialmente una persecución emocionante donde el cineasta evoca los tradicionales ataques de tribus indígenas a las diligencias en un contexto moderno.
Ridley, por alguna razón, entendió que al libro de Heller le faltaban villanos notables y le añadió al relato personajes grotescos que parecen extras desechados por Danny Boyle en la saga Exterminio.
Una adaptación atrapada entre dos películas
El resultado es una obra irregular donde se percibe una constante fricción entre los temas que aborda la propuesta literaria y el thriller de acción que deseaba filmar el director.
Por consiguiente, ese final abierto y contemplativo que funcionaba en la novela, en el cine deja la sensación de “¿y eso fue todo?”.
Cuando crees que los protagonistas tendrán que enfrentar una amenaza mayor, Scott baja el telón con una conclusión acelerada que deja sabor a poco.
Más allá del tratamiento superficial que tuvo en la adaptación la obra de Heller, la película consigue ser entretenida y se deja ver por las secuencias de acción y la química de los protagonistas.
Aunque a la subtrama romántica que protagonizan Jacob Elordi y Margaret Qualley le faltó un poco más de desarrollo en el guion, la dupla que conforman los artistas funciona y representa el sostén emocional del relato.
En los roles secundarios, Guy Pearce y Josh Brolin encuentran el espacio para sobresalir, pese a que sus personajes terminan desdibujados en el tercer acto. Allison Janney también cuenta con una destacada participación que forma parte de las excentricidades que le añadieron los realizadores a la propuesta.
Aunque La guerra de los últimos no quedará en el recuerdo entre las obras más recordadas del director, al menos ofrece un entretenimiento pasable.