Reseña de Una pastelería en Notting Hill

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Calificación: B

Una pastelería en Notting Hill es una representante amena del subgénero de la «gastronomía porno» que se puso de moda en los últimos años,  muy especialmente en las producciones de Hallmark.

Películas donde los realizadores consiguen tentar al público con numerosos primeros planos de las diversas variedades de cupcakes y tortas que se lucen con una labor de fotografia magnífica.

La popularidad de estos filmes se relaciona también con la notoriedad que tienen actualmente los concursos de cocina.

De hecho, no es casualidad que Candice Brown, la protagonista de este estreno, fue ganadora en Inglaterra del programa The Great British Bake Off y suele desempeñarse como cocinera en programas de la televisión inglesa.

La ópera prima de Eliza Schoeder desarrolla la típica feel good movie que encuentra en su primer acto el contenido más interesante.

Con esta propuesta se da una situación particular.

Toda la presentación de las  protagonistas y el conflicto principal se desarrollan dentro del melodrama, donde una joven junto con la ayuda de su abuela intentan concretar el sueño familiar de tener una pastelería.

Ese tramo del film se enfoca en los desafíos que surgen a la hora que concretar un proyecto de esas características.

Luego, como si algún productor hubiera creído que la propuesta no era muy comercial, el relato cambia notablemente para enfocarse en la comedia romántica donde se vuelve muy predecible.

Si la directora tenía algo para expresar a través de esta historia su intención quedó diluida en una película más genérica que pese a todo consigue ser entretenida.

 

 

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