Crystal Lake: un concepto interesante ahogado en subtramas
Crystal Lake, la serie de la productora A24 que reimagina el origen de Jason Voorhees, tuvo una recepción muy polarizada en el fandom de la saga.
Las quejas principales se relacionan con la alteración de la cronología clásica y de algunos elementos del lore de la franquicia.
En lo personal, esta propuesta no me terminó de convencer y tampoco pienso perder el tiempo con otra temporada. Sin embargo, mis problemas no tienen nada que ver con las objeciones de los fans.
No todo es un desastre y el programa contiene algunos elementos e ideas que me parecieron interesantes.
Más thriller psicológico que slasher

La serie no sigue la continuidad de las películas de la saga y establece su propia línea temporal independiente, que ubica el ahogamiento de Jason en los años 70 en lugar de los 50.
Vi en internet a mucha gente enojada con esta cuestión, que me parece irrelevante al tratarse de un reboot que propone un relato diferente.
La trama expande el descenso a la locura de Pamela Voorhees con un arco argumental más complejo que le aporta una variedad de matices al personaje.
Por otra parte, llegamos a ver su relación con Jason antes de la tragedia, donde se aborda la condición médica del chico y sus dificultades para entablar vínculos en el campamento.
Linda Cardellini sorprende con una interpretación intensa que nos permite conocer a Pamela desde otra perspectiva.
Su labor es lo mejor de la serie y representa el principal atractivo para llegar hasta el último episodio. Me gustó mucho la transformación psicológica del personaje y el modo en que pasa de la empatía al horror.
El primer capítulo es el mejor de todos.
La serie tiene un inicio estupendo, donde sobresalen la atmósfera asfixiante y la dirección de fotografía, que evoca la estética del primer film de 1980, dirigido por Sean Cunningham.
Harry Manfredini, compositor de la saga original, también se destaca con una banda sonora que incluye su contenido nostálgico.
En materia de violencia, la serie cuenta con algunos momentos intensos y no escatima en el gore, con efectos prácticos estupendos. Cuando los realizadores apelan al CGI, las escenas se sienten más artificiales, aunque tampoco hay tantas situaciones de ese tipo.
Mi problema con Crystal Lake se relaciona con la gran debilidad de la televisión estadounidense de los últimos años.
Me refiero al nefasto e insufrible show del relleno.
Un relato que podría haber sido una película de dos horas, con generosidad, se expande a ocho episodios de casi 60 minutos, donde se estira el conflicto central con personajes y situaciones intrascendentes que generan un enorme aburrimiento.
Un tema que se conecta con la siguiente cuestión.
1, 7, 8: la fórmula feliz del visionado dinámico
Después del capítulo inicial, podés saltar tranquilamente las entregas 2, 3, 4, 5 y 6, porque no te perdés nada relevante.
El séptimo desarrolla el origen de la concepción de Jason e incorpora a su padre, Elias Voorhees, un personaje que ya había aparecido en la colección de cómics.
Ninguno de los hechos que se narran previamente en los capítulos anteriores tiene una influencia directa en el flashback y la posterior conclusión.
Crystal Lake se desbanda con subtramas innecesarias que no le aportan nada al conflicto central y que solo integran el contenido para justificar su presupuesto y el formato de ocho episodios.
En la versión reducida se disfruta mejor.
Para cerrar, no es lo peor que se hizo con la saga de Jason, pero me quedo con la trilogía del cine independiente Never Hike Alone, de Vincente DiSanti, que se complementa mejor con las películas originales.
Calificación: C+