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Crítica de Lupin the IIIrd: Zenigata and the Two Lupins

Pasan las décadas y Lupin The Third todavía ofrece películas y especiales que consiguen entretener al público con propuestas creativas que exploran estos personajes desde perspectivas diferentes.

La nueva producción es una gema imperdible que trae de regreso al director Takeshi Koike, el artista que redefinió en los últimos años la legendaria franquicia creada por Monkey Punch.

Tras destacarse en la antología The Animatrix (2003) con el corto World Record, el cineasta se consagró con la excelente película de ciencia ficción Redline (2009), que en la actualidad goza de estatus de culto.

Dentro de esta franquicia, Koike comenzó como diseñador de personajes en la aclamada serie The Woman Called Fujiko Mine y luego tomó el control creativo de la saga como director de largometrajes y especiales.

El punto en común que reúnen títulos como Jigen’s Gravestone (2014), Goemon’s Blood Spray (2017) y Fujiko’s Lie (2019) es que sus argumentos se alejan por completo del tono cómico de las series tradicionales para adoptar un estilo narrativo influenciado por el cine noir y la novela hard-boiled.

Zenigata and the Two Lupins funciona como antesala y precuela de la película Lupin the IIIrd: Immortal Bloodline, estrenada el año pasado, que representa la conclusión de la pentalogía oscura de Koike.

Ambientada en una versión alternativa de la Guerra Fría, la historia tiene como protagonista al inspector Zenigata, quien viaja a un estado soviético ficticio donde es testigo de un atentado terrorista.

Al reconocer el rostro de Lupin entre los asesinos, comienza a perseguir al ladrón para luego descubrir que se trata de un impostor.

Zenigata toma el centro de la escena

Zenigata protagoniza una escena de Lupin the IIIrd: Zenigata and the Two Lupins

 

Tres grandes virtudes me sorprendieron de este especial.

En primer lugar, el relato aprovecha la oportunidad para explorar con mayor profundidad la relación entre el detective y el ladrón, quienes deben trabajar juntos para encontrar a los responsables de los atentados.

Zenigata consigue sostener el relato como protagonista y le permite al director destacar a un personaje que tradicionalmente ocupó un rol más secundario dentro de la franquicia.

Por otra parte, el film es un ejercicio de tensión constante que no da respiro, gracias a una narración frenética que construye un thriller muy sólido en apenas 54 minutos.

Además, las coreografías de combate y los tiroteos están ejecutados con un realismo y una crudeza técnica inusuales en el animé comercial de la actualidad.

En este aspecto también se percibe la influencia del cine policial negro de los años 70 en la obra de Koike. Un rasgo que sobresale especialemente en las persecuciones automovilísticas, cuya puesta en escena remite a los clásicos de William Friedkin, como Contacto en Francia.

Al director se le podría objetar que tal vez se toma demasiado en serio esta versión de Lupin, pero si tenemos en cuenta que durante décadas la franquicia permaneció ligada a un perfil más cómico, la nueva saga aportó un saludable soplo de aire fresco a los contenidos.

Algo que las aventuras del ladrón necesitaban para mantenerse vigentes dentro de la cultura popular tras casi 60 años de historia.

Definitivamente recomiendo explorar esta reinterpretación de Takeshi Koike.

Calificación: B+

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