El día de la revelación: el regreso de Spielberg a la ciencia ficción
Si llegás al cine con las expectativas bajas y entendés de entrada que El día de la revelación se encuentra más cerca de las películas malas de M. Night Shyamalan que del Steven Spielberg inspirado que disfrutamos en el pasado, la decepción resulta digerible.
El regreso del director a la temática alienígena cuenta con una premisa atractiva que dispara incógnitas muy interesantes.
Alejada de la ciencia ficción especulativa que presentó en Encuentros cercanos del tercer tipo (1977), el Spielberg del 2026 parece desarrollar una campaña educativa destinada a evitar un pánico masivo en la población ante un hecho que podría cambiar el curso de la humanidad en un futuro cercano.
¿Qué ocurriría si una sociedad tuviera que aceptar que no está sola en el universo y los avances tecnológicos de las últimas décadas no provienen necesariamente del ingenio humano?
La exploración realista de estas cuestiones, que se expanden a terrenos políticos y religiosos, es apasionante y la película encuentra sus mejores momentos cuando Spielberg desarrolla ideas que disparan preguntas interesantes en el público.
Lamentablemente, el director no se la termina de jugar y aborda estos tópicos con una superficialidad abrumadora.
Por consiguiente, lo que podría haber sido un regreso contundente del cineasta al género termina convertido en un film pochoclero bobo, por momentos añejo, que lleva la firma de la mediocridad del guionista David Koepp.
El día de la revelación se debilita notablemente desde el momento en que se convierte en un thriller insípido de conspiraciones con organizaciones gubernamentales secretas y villanos acartonados que operan por encima de todas las agencias de seguridad.
Ni hablar de la centralidad estadounidense, donde queda la impresión de que los aliens sólo tienen interés en la casa del Tío Sam.
No recuerdo ver otra propuesta de Spielberg donde me aburrieran tanto las secuencias de acción.
Si bien mantienen el estándar de calidad del cineasta, en esta propuesta específica resultan una molestia porque dispersan la atención de los temas centrales que propone el conflicto.
Una producción de estas características no necesitaba situaciones de tiroteos y persecuciones al estilo Jason Bourne que se sienten fuera de lugar, como si pertenecieran a otra película.
Un apartado técnico correcto al servicio de un guion mediocre

Más allá de algunos efectos digitales irregulares, la obra del director se luce la fotografía de Janusz Kaminski y una banda sonora más contenida de John Williams.
Aunque no presente una melodía específica que quede en el recuerdo a la salida del cine, su labor contribuye a generar ambientaciones de suspenso muy sólidas.
Dentro del reparto, Emily Blunt, Josh O’Connor, Colman Domingo y Eve Hewson (la hija de Bono) elevan con sus interpretaciones el material simplón que brinda Koepp.
Una impresión diferente deja Colin Firth a cargo de un villano de cómic noventoso y Wyatt Russell, cuya aparición en esta película no tiene razón de ser. Su rol en un comienzo está destinado a aportar contenido humorístico, pero luego la trama lo margina del conflicto central y desaparece por completo.
La revelación Shyamalan del final, aunque tiene la intención de transmitir un mensaje de empatía y tolerancia, carece de lógica y se siente más como un conejo de galera al que Koepp y Spielberg apelaron como último recurso para cerrar la historia.
Otra debilidad notable del film es su excesiva duración de 146 minutos, que no tienen demasiada justificación. El director tarda una eternidad en reunir a los protagonistas principales y hacia la mitad el relato se vuelve pesado. Después remonta en el último acto, donde vuelve a cobrar fuerza el contenido de ciencia ficción.
Aunque la semana que viene naves extraterrestres se presenten oficialmente en la Tierra, no pienso volver a repasar esta película en mi vida por la sencilla razón de que carece de esa magia y calidez que poseen las obras más inspiradas de Spielberg.
Si bien tampoco representa lo peor de su carrera, por las temáticas que aborda podía haber ofrecido un contenido más estimulante.