Proyect Hail Mary: ciencia ficción clásica con Ryan Gosling
Project Hail Mary despertó una enorme expectativa desde que se conoció el primer avance promocional, que en apenas una semana cosechó 400 millones de reproducciones. Esta popularidad se vincula directamente con el éxito de la novela homónima de Andy Weir (autor de The Martian), cuya adaptación previa corrió a cargo de Ridley Scott.
En este nuevo relato, Weir logra elaborar una trama sumamente atractiva pese a contar con uno de los disparadores más transitados de la literatura: el protagonista con amnesia. Un inspirado Ryan Gosling encarna a un profesor de ciencias de secundaria que despierta en una nave espacial, a años luz de su hogar, sin recordar quién es ni cómo llegó allí.
A medida que recupera la memoria, descubre que formó parte de una misión desesperada para salvar al planeta de una extraña sustancia que devora el Sol y, en consecuencia, amenaza con extinguir la vida en la Tierra.
Tras el suceso de los filmes animados del Spider-Verse, los directores Phil Lord y Christopher Miller regresan al live action con su obra más sofisticada en términos de realización. Con este proyecto, traen de regreso ese tipo de producción hollywoodense destinada a todos los públicos que se perdió en la última década, producto de una cultura obsesionada con el adoctrinamiento de determinadas agendas políticas.
Un regreso a la gran ciencia ficción clásica

Project Hail Mary propone un retorno a esa clase de espectáculos vintage donde no se impartían lecciones morales trilladas y los realizadores tampoco utilizaban el cine como diván de psicólogo para alienar al público con sus tramas personales. Es un relato con corazón, bien narrado, que se siente como un soplo de aire fresco ante la mediocridad habitual que prima desde hace años en las propuestas estadounidenses.
Pese a que la trama presenta conceptos realistas de física e ingeniería, la película evita volverse rebuscada y remite, en su impronta narrativa, a títulos de los años 80 como Explorers de Joe Dante y Flight of the Navigator, un clásico de Disney olvidado.
En ese sentido, no es casualidad que los directores optaran por recrear a la criatura alienígena con efectos prácticos —como si se tratara de una creación de Jim Henson— en lugar de abusar de la tecnología CGI.
Ryan Gosling sostiene todo el peso del film con un carisma e histrionismo similares a los que mostraron en el pasado Robert Redford en All Is Lost o Tom Hanks en Náufago. A través de secuencias de flashbacks, la actriz Sandra Hüller (Requiem) también logra momentos destacados en una inusual incursión hollywoodense.
Tras un primer acto algo lento donde prima la exposición, la película encuentra su rumbo cuando se convierte en una simpática buddy movie entre el astronauta y la criatura extraterrestre que representa el verdadero corazón del film.
En los aspectos técnicos, sobresale especialmente la banda sonora de Daniel Pemberton, que consigue ser emotiva y épica sin resultar invasiva, junto a la fotografía de Greig Fraser, que brilla particularmente en las escenas del espacio exterior.
Desconozco el grado de fidelidad del guion de Drew Goddard (Cabin in the Woods), ya que no leí la novela de Weir, pero la experiencia que ofrece el largometraje es más que satisfactoria.
Mi única objeción pasa por la excesiva duración de 156 minutos, que estira demasiado la resolución del clímax; con media hora menos, el resultado habría sido más redondo.
Más allá de este detalle menor, Project Hail Mary se destaca con claridad entre los mejores estrenos que ofreció este primer trimestre de 2026.