Resident Evil: el reboot de autor de Zach Cregger
Tras el fracaso comercial de Resident Evil: Welcome to Raccoon City (2021), Sony decidió darle una nueva oportunidad a la franquicia con un relanzamiento de autor que propone un espectáculo diferente bajo la dirección de Zach Cregger.
Un comediante que recién obtuvo notoriedad internacional al incursionar en el género de terror con dos filmes exitosos como Barbarian (2022) y Weapons (2025), que le valió un premio Oscar a Amy Madigan.
Los espectadores familiarizados con esta saga que esperaban encontrar una representación más rigurosa del lore de los videojuegos probablemente quedarán decepcionados, y el mismo sentimiento se extiende a quienes busquen disfrutar una propuesta de zombis intensa.
Cregger descartó las tramas y los personajes tradicionales de Resident Evil para desarrollar una comedia de terror que evoca el espíritu de Evil Dead 2, con Austin Abrams en un rol que se podría considerar el sobrino perdido de Ash.
No importa cómo la quieran explicar o dibujar: el tono que prima en la narración del director es humorístico y, para el momento en que entra en escena Paul Water Hauser, el film casi se convierte en una sátira del género.
La paradoja del caso es que Cregger expresó en la prensa que tuvo que eliminar numerosas escenas graciosas porque el público las rechazó en las funciones de testeo. Es decir, el perfil cómico de la trama tenía un mayor peso en el corte original.
Creo que si te gustó la última entrega de Evil Dead y vas al cine con la intención de ver algo diferente, se disfruta bastante.
Cregger impone su sello a una franquicia desgastada
Una cualidad para resaltar de Resident Evil: noche cero es que no se siente como un producto corporativo y queda claro que Sony le dio al cineasta la libertad creativa para hacer lo que deseaba.
Si viste sus filmes previos, no queda duda de que Cregger fue el director por la manera en que aborda los momentos de humor negro y las situaciones de violencia.
Otro aspecto logrado de esta producción reside en la manera en que consiguió adaptar la experiencia de jugabilidad a través de la ambientación de los escenarios y la representación de la acción.
El concepto de que la trama se desarrolle en invierno fue un gran acierto, ya que, más allá del cambio en la estética visual, el frío extremo tiene un impacto psicológico en la misión de supervivencia que emprende el protagonista.
Hacia el final, la trama se desinfla notablemente y el cierre que escogió el director deja la impresión de que fue una idea improvisada porque se le agotó el presupuesto.
Esa es tal vez la mayor debilidad de una película que durante 90 minutos consigue elaborar un entretenimiento bastante sólido.
Para quienes acepten una versión más humorística de Resident Evil, la propuesta de Cregger se deja ver, aunque no esté a la altura de sus obras previas.