The Madison: La nueva serie con Michelle Pfeiffer
Hace mucho tiempo que no aparecía una producción que expresara un desprecio absoluto por la ciudad de New York y su cultura, como lo hizo The Madison, la nueva obra de Taylor Sheridan.
En un intento por desarrollar una crítica a la corrección política de estos días, el realizador se pasa un par de estaciones con el tema y ofrece una queja simplista que podrían aplaudir los osos montañeses de Hanna-Barbera.
“La vida en el campo es mejor, apá”.
Si no pertenecés a una familia millonaria que hereda un rancho espectacular en Montana, sobreviví como puedas en el infierno de la gran ciudad.
Un concepto exagerado que se establece en la primera escena delirante, donde una mujer sufre un asalto violento en la Quinta Avenida, a metros del Empire State Building.
Zonas seguras si las hay en esa ciudad, pero al margen de ese detalle geográfico, lo interesante es lo que sucede a continuación.
El delincuente escapa con facilidad porque nadie asiste a la pobre víctima, rodeada de neoyorquinos desalmados, en una escena que recuerda la apertura de Hell Up in Harlem (1973), donde Fred Williamson era apuñalado en esa misma avenida, a metros del local de Tiffany’s.
Ella se niega a presentar una denuncia porque el ladrón es negro y siente una especie de culpa producto del Black Lives Matter.
Todo muy raro lo de Sheridan, quien explora un nuevo territorio con esta producción que evoca los culebrones típicos de una novela de Danielle Steel.
Un melodrama que no encuentra el equilibrio

Kurt Russell encarna a un empresario que muere en un accidente aéreo (en los primeros diez minutos de la trama) y su familia se traslada a Montana para atravesar el duelo e instalarse en una propiedad de esa localidad.
La miniserie de seis episodios se enfoca en las tribulaciones de los Clyburn por adaptarse a un ambiente diferente que exige otro ritmo de vida.
El tono del conflicto no tiene ningún vínculo con Yellowstone y abraza la impronta narrativa de una telenovela que resulta pasable gracias a la interpretación de Michelle Pfeiffer.
Sin ella es muy difícil completar la breve temporada, ya que el reparto de personajes que creó Sheridan es insoportable.
La peor parte se la lleva Elle Chapman, quien encarna a la hija menor de Pfeiffer: una mujer adulta casada que tiene la mentalidad de una chica caprichosa de 12 años.
Probablemente uno de los personajes más insufribles que se pueden encontrar actualmente en la televisión estadounidense.
Kurt Russell tiene un rol muy limitado debido a que la filmación de esta producción coincidió con el rodaje de la serie Monarch. Por consiguiente, tras su participación extendida en el primer episodio, luego aparece en escenas de flashbacks que se vuelven redundantes.
La química con Michelle sigue intacta y esta es la segunda colaboración que se da entre ellos, después del thriller Tequila Sunrise (1988), de Robert Towne, que fue más interesante.
Por otra parte, a diferencia de Yellowstone, donde las intrigas familiares eran intensas, The Madison se estanca en el melodrama con una narración lenta que demanda paciencia.
El piloto de la serie está dedicado a Robert Redford, quien dirigió dos películas que abordaron temáticas parecidas, como A River Runs Through It (con Brad Pitt) y el neo-western romántico The Horse Whisperer, que impulsó la carrera de Scarlett Johansson.
Dos relatos que también se ambientaban en Montana y jugaban con el contraste de la vida urbana, pero con guiones más inteligentes.
Después de Michelle Pfeiffer, lo único que se puede rescatar en esta serie es la soberbia fotografía de Christina Alexandra Voros (Yellowstone), que le hace justicia a los paisajes naturales del oeste estadounidense.
En lo personal, no pude conectar con esta serie y me cuesta encontrar alguna virtud notable que justifique renovarle la confianza en una segunda temporada.
Seis horas con la familia Clyburn fueron más que suficientes en una vida.
Estoy notando en redes que para contrarrestar el vacío que le hacen Sheridan en medios, critica y en los premios hay fanáticos que se están poniendo a defender todo lo que hace, plantear que cada nueva serie, cada nueva temporada en mejor que lo anterior, lo mejor de la televisión; casi que están planteando que hay un TAS y un TDS, televisión antes de Sheridan y televisión después de Sheridan.
Lo que veo que es una mezcla de conservadores, otros que simplemente quieren posicionarse como anti woke ante progre para destacar y otros que son neo hipster diciendo que ellos si ven buena televisión poco conocida.
Y no debería ser asi pero ese tipo de fandom bobo hace que me mantenga alejado de todo lo que hace Sheridan en televisión.
Es que se politizó todo Nicolás y en esta última serie eso se incrementa más porque el propio Sheridan alienta esa discusión con el contenido.