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Caso 137: un sólido drama policial sobre corrupción

Caso 137 trae de regreso al director francés Dominik Moll, un especialista del género policial recordado por Harry, un amigo que te quiere bien, uno de los mejores thrillers psicológicos que se concibieron en la primera década del nuevo siglo.

Su nuevo proyecto se relaciona con los casos de brutalidad policial que se registraron en París en 2018, durante las protestas sociales contra el gobierno de Emmanuel Macron por el aumento de los combustibles.

La represión generó decenas de heridos graves producto del uso excesivo de la fuerza y posteriormente un récord de denuncias en la unidad de Asuntos Internos de la Policía Nacional francesa.

En torno a estos hechos, Moll desarrolla la premisa de su nueva obra, donde una policía investiga el caso de un joven que participó pacíficamente de las protestas y terminó con un daño cerebral al recibir el impacto de una bala de goma.

La revisión rutinaria del Caso 137, que parece un incidente de mala praxis policial, se vuelve más turbia y compleja cuando aparece una grabación de audio que no figuraba en el acta oficial.

Un procedimiento policial sin épica ni concesiones

Moll recurre a una narración cercana al docudrama que retrata en detalle las diversas etapas que atraviesa una investigación de este tipo.

El film remite por momentos a las viejas novelas de Ed McBain, padre literario de los procedimientos policiales, en la saga del Precinto 87. Una propuesta que, curiosamente, tuvo una de sus mejores adaptaciones en el cine francés con Blood on Blood (1978), donde Donald Sutherland se lució bajo la dirección de Claude Chabrol.

Caso 137 se aleja de los clichés del thriller hollywoodense y evoca el estilo de McBain al centrar el foco del relato en el estudio psicológico de los personajes en lugar de la acción.

Léa Drucker (War of the Worlds) sobresale en el rol de una auditora burocrática que descubre una red de corrupción que la obliga a cuestionar a sus colegas y la institución donde trabaja.

Aunque la película consigue ser entretenida, carece de una identidad definida que le permita sobresalir frente a centenares de series de televisión que trabajan los mismos temas y, en ese sentido, puede sentirse un poco genérica.

Motivo por el cual, la aclamación exagerada que recibió en el Festival de Cannes parece relacionarse más con la agenda del comentario social —que suele aplaudirse con facilidad— que con las virtudes artísticas del contenido.

Aunque no se destaque entre las mejores obras de Dominik Moll es una buena propuesta si te atraen las historias de este tipo.

Calificación: B

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