Historia del Zorro

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Capítulo 3: La malidición de Capistrano

Una característica que hace tan apasionante a la retrospectiva del es que su historia está plagada de curiosidades alocadas.

Previamente conocimos las fuentes de inspiración que llevaron a Johnston McCulley a concebir al personaje.

A mediados de 1919 el autor se encontraba enfocado a pleno en su nueva carrera literaria, tras abondonar el perodismo policial.

McCuley trabajaba para varias revista pulp de la época donde ofrecía historias de misteterios centradas en la figura del clásico detective privado.

Personajes como Black Star, The Spider y Thubway Thumb habían tenido una buena recepción en el publico y aparecían con frecuencia en la publicación Detective Story.

Johnston entonces decidió hacer algo diferente.

En pleno furor por los relatos policiales optó por retomar el género de aventuras con espadachines en un relato autoconclusivo que no tenía intenciones de convertir en una saga como el resto de sus creaciones.

Para el artista se tratraba de un trabajo mundano más que se iba a publicar en cinco entregas en la revista All Weekly Story y luego seguiría adelante con la de los detectives.

A diferencia de Tarzán y John Carter donde Edgar Rice Burroughs había concebido las primeras historias como el inicio de una saga, para McCulley su propuesta simplemente representaba un descanso del policial negro.

La trama se ambientaba en la vieja California a comienzos del siglo 19 donde las misiones de la monarquía española mantenían oprimida a las poblaciones indígenas y las nativos mexicanos.

A diferencia de sus relatos previos La maldidión de Capistrano tenía un marcado contenido político con una clara crítica al imperialismo, donde el héroe surgía como un acto de relbeldía en defensa de los humildes y la clase trabajadora explotada.

El «Señor Zorro», como se lo conoce en el debut literario, era un protagonista misterioso que no solo presentaba una habilidad extraordinaria en la esgrima, sino que ademas se expresaba con un sentido del humor irónico que ponía en ridículo a sus víctimas.

Ya desde el primer episodio, McCulley establecía elementos importantes que contribuirían a desarrollar el concepto del supehéroe moderno.

De un modo similar a lo que se haría con , el era introducido como una leyenda urbana que causaba temor y nervios a las tropas españolas con su apariencia.

El enmascarad se desenvolvía en las sombras y tenía la costumbre de humillar a sus víctimas con la cicatriz de un letra zeta en una mejilla.

La famosa marca que revelaría a la población que el explotador o criminal había sido vencido por el Zorro.

Un detalle que un tiempo después el autor copiaría en los de El Fantasma, quien también dejaba la marca de una calavera en la mejilla de los villanos.

Tras una introducción fantástica donde McCulley desarrollaba de entrada el concepto de su héroe, venía la gran revelación de la historia.

El justiciero no era un típico aventurero de las novelas tradicionales del género sino un inutil afeminado al que nadie podría imaginar con un arma en su mano.

Don Diego Vega se presentaba ante la sociedad como un ser superficial que petenecía a la aristocracia e intentaba cortejar sin éxito a la joven Lolita Pulido.

La muchacha suspirana por el Zorro a quien admiraba por el modo en que reparaba las injusticia en el pueblo de San Juan de Capistrano y lo último que le interesaba era pasar tiempo con el pusilánime de Diego que la aburría con sus poemas románticos,

El problema era que Lolita también era cortejada por el Capitán Ramón quien junto a su mano derecha, El sargento Gonzáles, lideraban la opresión del pueblo.

Los villanos luego serían más conocidos por los nombres del Capitán Monasterio y el sargento García en adaptaciones posteriores.

La dualidad del héroe y su alter-ego sumado al contexto histórico y el contenido de acción y aventuras ofrecieron un gran entretenimiento que mantuvo al público de All Story Weekly pegado a la publicación entre el 9 de agosto de y el 6 de septiembre  de 1919.

Emtonces sucedió algo que McCulley jamás había imaginado en la más loca de sus fantasías.

La recomendación del boca en boca entre los lectores empezó a crecer y los ejemplares de la revista se agotaron.

En pocas semanas el Zorro había opacado por completo a sus detectives privados.

Mientras tanto en Hollywood, disfrutaba de un gran momento de su carrera como el actor mejor pago del norteamericano.

Por entonces buscaba cambiar el perfil de su filmografía y darle un descanso a los roles cómicos para hacer algo más orientado a la aventura y la acción.

Un año atrás Elmo Lincoln había aparecído en la panalla grande como la primera encarnación de Tarzán y pese a su éxito comercial, los grandes estudio no estaban precisamente locos por adaptar material de la revistas pulp.

Fairbanks venía de gestar el sello United Artist junto a su esposa Mary Pickford, Charles Chaplin yDavid W. Griffith, en la búsqueda de tener un mayor control creativo de sus trabajos.

Cuando tomó contacto con el material de McCulley el actor decidió comprar los derechos del relato ya que entendía que el Zorro era el vehículo perfecto para cambiar la dirección de su filmografía.

En 1920 el justiciero emnarcarado debutó a través del independiente y nada volvió a ser lo mismo en Hollywood.

Aunque La maldición de Capistrano tenía un final definido y concluía con la revelación pública que el Zorro era don Diego Vega, a raíz de la demanda popular que había por el personaje el autor tuvo que crear más historias.

De ese modo su carrera se enfocó principalmente en esta propuesta con una saga literaria que llegaría a su fin recién en 1959.

Lo loco del caso es que todos esos relatos fueron opacados por las adaptaciones live action y durante décadas quedarón en el más completo olvido.

La única historia que se podía conseguir en las librerías eran las ediciones antiguas de la original.

Recién a comienzos del siglo 21 la aventuras del Zorro dentro de la literatura en prosa se editaron otra vez para una nueva generación que pudo descubrir la obra perdida de McCulley.

 

 

 

 

 

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1 comentario

  1. Ya se que no vas a frenar por falta de atencion pero como veo que esta sin comentarios vengo a hacer acto de presencia.
    Estas «Historias de…» me gusta leerlas de uno o dos saques pero a esta la voy a seguir de a dos o tres por lo mucho que me interesa (y lo poco que consumi del personaje)

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