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The Thief and the Cobbler: la odisea de una obra maestra

Este año, Coyote vs. Acme presentó el caso positivo de una producción que atravesó numerosos problemas durante su producción y que, tras ser archivada por el estudio Warner, logró llegar a los cines a través de la distribución independiente.

El tema trajo al recuerdo otra película de animación emblemática que padeció una odisea todavía más compleja y que, después de 40 años, obtuvo su final feliz.

Me refiero a The Thief and the Cobbler, la obra maestra del artista canadiense Richard Williams, quien fue responsable de la animación de ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, además de crear a la Pantera Rosa en los créditos iniciales de la saga de Blake Edwards.

El sueño de Richard Williams

Princesa Yum-Yum en una escena de The Thief and the Cobbler

Conocida en Latinoamérica como El zapatero y el ladrón, todavía conserva el récord del período de producción más largo en la historia del género de animación, con casi tres décadas de interrupciones y contratiempos.

Hoy se puede disfrutar de su mejor versión en YouTube y, dentro de esta temática, sobresale entre los grandes fenómenos de culto del cine.

La trama, inspirada en los relatos de fantasía de Las mil y una noches, tiene como protagonista a Tack, un zapatero que un día tropieza accidentalmente con el malvado visir Zigzag. Cuando Zigzag exige la ejecución de Tack, la princesa Yum-Yum interviene para salvarlo.

Mientras se desarrollan esos hechos, un ladrón intenta robar tres esferas doradas que protegen a la Ciudad Dorada de una profecía destructiva. Cuando las esferas desaparecen, la localidad queda a merced del temible conquistador Tuerto, lo que obliga a Tack y a la princesa a unir fuerzas para recuperar el reino.

Williams gestó este proyecto pasional en 1964 con sus propios ahorros y un equipo de producción de lujo que reunió a veteranos del estudio Disney como Milt Kahl (Cenicienta) y Art Babbitt (Blancanieves), además de Ken Harris, productor de las Merrie Melodies para Warner Bros.

El perfeccionismo extremo que padecía el realizador, sumado a la ambición del proyecto, generó que para 1972 el film no hubiera avanzado y que el equipo técnico incrementara el número de integrantes.

Warner entra en escena

Tras un largo período de estancamiento, la película revivió en 1988, luego de que Williams obtuviera dos premios Oscar por su labor en ¿Quién engañó a Roger Rabbit?.

A raíz del suceso de la obra de Robert Zemeckis, el estudio Warner le dio a Williams el presupuesto que necesitaba para completar su viejo proyecto. La compañía, además, le garantizó la distribución internacional del film.

Sin embargo, la obsesión enfermiza que tenía el artista por los detalles y los continuos retoques del guion generaron que pasaran otros cuatro años y que las cosas se complicaran todavía más cuando Disney anunció el estreno de Aladdin.

Una propuesta que, encima, tenía notables similitudes estéticas con The Thief and the Cobbler. Cuando Williams no pudo cumplir la fecha límite de mayo de 1992, la aseguradora Completion Bond Company tomó el control del proyecto y despidió al realizador.

La compañía contrató al productor Fred Calvert para que terminara la película de manera rápida y barata, y la obra original fue mutilada. Se agregaron canciones hechas a las apuradas, diálogos sobre personajes mudos y nuevas secuencias animadas de baja calidad.

The Thief and the Cobbler se estrenó en 1993 con reseñas negativas y luego volvió a los cines en 1995 con el título Arabian Knight.

The Recobbled Cut: la restauración épica de Garrett Gilchrist

Visir Zigzag, villano de The Thief and the Cobbler

Debido a que Richard Williams nunca pudo editar su versión final ni lanzar un corte de director oficial, la preservación de su obra original quedó en manos de la comunidad de animación, encabezada por el cineasta e historiador Garrett Gilchrist.

Durante años, Gilchrist rastreó fuentes de todo el mundo y, junto con las copias de VHS y los Workprints —copias de trabajo en lápiz que Williams había mostrado a los ejecutivos en 1992—, carretes de prueba de 35 mm, transferencias de alta definición de escenas terminadas y archivos personales de antiguos animadores, logró restaurar la película.

The Recobbled Cut eliminó las canciones compuestas por la aseguradora, los diálogos impuestos a los personajes mudos y restituyó la banda sonora original, orientada a los efectos de sonido y a la música orquestal dramática.

A medida que fueron apareciendo nuevos materiales, Gilchrist lanzó otras ediciones. La última, en 2013, presentó la versión más refinada hasta la fecha, restaurada en alta definición, que es considerada dentro de la industria de la animación como el estándar definitivo de la obra de Williams.

¿Por qué es tan celebrada dentro del género?

Afortunadamente, Williams, quien falleció en 2019 a los 86 años, llegó a ver la película completada en un corte que respetaba su visión original.

The Thief and the Cobbler es celebrada por haber reunido a numerosos próceres de la era dorada de la animación, por sus efectos tridimensionales complejos y, muy especialmente, por las secuencias de la Máquina de Guerra y la persecución en el palacio, que en la actualidad se estudian en las escuelas de animación de todo el mundo.

Sobre todo, por las lecciones que brinda en torno a la representación de las leyes físicas, la perspectiva y la fluidez del movimiento.

Las sospechosas similitudes con Aladdin

Cuando Aladdin se estrenó en 1992, no fueron pocos los artistas de la industria que cuestionaron el posible plagio de la obra de Williams.

Las coincidencias entre ambos proyectos iban mucho más allá de compartir el marco de los cuentos de Las mil y una noches.

Jafar era prácticamente un clon de Zigzag el Visir y la personalidad del Genio de Disney, animado por Eric Goldberg, remitía directamente al personaje del ladrón. No era un dato menor que Goldberg hubiera trabajado en el estudio de Williams en Londres.

Por otra parte, la princesa Jazmín y su personalidad independiente eran una imitación obscena de Yum-Yum, quien también se enamoraba de un joven de clase baja.

El vínculo de Jafar con el loro Iago también era idéntico al que tenía Zigzag con el buitre Phobos.

En la actualidad, dentro de la industria de la animación, se considera el caso como un ejemplo de oportunismo corporativo. Disney contrató para Aladdin a varios animadores que habían trabajado en el estudio de Richard Williams en Londres durante los años 70 y 80, y el material de prueba de The Thief and the Cobbler era de dominio público no oficial entre los profesionales de la industria desde hacía años.

Cuando Warner comenzó a financiar a Williams en los 90, Disney aceleró la producción de Aladdin y utilizó recursos visuales y narrativos que Williams había implementado en su proyecto.

Si nunca vieron la original, recomiendo buscar en YouTube la versión restaurada, que es una maravilla.

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