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Minions y Monstruos: un homenaje al cine mudo y Lovecraft

Una grata sorpresa de la productora Illumination, especialmente para quienes jamás conectamos con la saga de Mi villano favorito y los insufribles Minions.

Los filmes previos se limitaron a ofrecer un collage de situaciones graciosas destinadas a entretener al segmento de niños de edad preescolar. Las típicas propuestas donde los adultos deben armarse de paciencia para sobrevivir al espectáculo.

En esta nueva entrega, los realizadores no solo consiguieron narrar una historia más sólida con los Minions, sino que además el entretenimiento también incluye al público adulto a través de un cariñoso homenaje a la era del cine mudo y la mitología de los relatos de Lovecraft.

El regreso al Hollywood del cine mudo

Los Minions enfrentan a dos monstruos gigantes en una escena de la película Minions y Monstruos.

El director Pierre Coffin ambienta la trama en 1927, un año muy especial que representó un período de madurez para las producciones hollywoodenses.

Antes de que irrumpiera el sonido con el estreno de The Jazz Singer, los directores habían alcanzado la cumbre del lenguaje visual. La cámara ya no permanecía estática y el montaje, junto con el tratamiento de la acción, evolucionó gracias a las comedias de Buster Keaton y las colaboraciones del director Sam Taylor con el humorista Harold Lloyd.

Los Minions llegan a Hollywood en ese momento y enseguida se convierten en estrellas populares gracias a su histrionismo.

Las cosas se complican cuando los estudios empiezan a filmar con sonido y ellos no pueden reproducir líneas de diálogo por la manera en que se expresan.

En la vida real no fueron pocos los artistas que perdieron sus carreras al presentar problemas de dicción, voces chillonas o acentos extranjeros muy marcados. Pola Negri, la clásica femme fatale de ese período, es un ejemplo emblemático de esta cuestión.

Cuando los Minions son desterrados de la industria, deciden incursionar en la producción independiente con una película de monstruos donde conjuran criaturas reales.

La premisa es divertida y funciona por el equilibrio que presenta el film entre las referencias cinéfilas destinadas a los adultos y las situaciones graciosas que esperan los chicos de estos personajes.

En el apartado visual hicieron un trabajo estupendo con la reconstrucción del período histórico y los numerosos guiños  que evocan artistas y títulos clásicos de aquellos años.

También llaman la atención las referencias a Lovecraft, con un monstruo que remite al inolvidable Cthulhu.

En la segunda mitad, donde cobran más notoriedad los elementos de ciencia ficción, se destaca un delirante homenaje a The Blob, que, si bien se estrenó en 1958, en este universo alocado primero la filmaron los Minions.

En una franquicia desgastada por numerosas continuaciones y spin-offs, Illumination al menos hizo el esfuerzo de ofrecer algo diferente y creo que la película funciona muy bien como entretenimiento familiar.

De hecho, la disfruté más que la sesión de terapia manipuladora de Toy Story 5.

Minions y Monstruos evade las tediosas moralejas educativas para adultos rotos con un buen entretenimiento familiar que celebra el viejo Hollywood.

Calificación: B+

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