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Sandokán 1976: la gran adaptación del clásico de Emilio Salgari

Luego del suceso de las películas italianas, que repasamos en la nota previa, Sandokán regresó con toda su gloria en 1976 con una serie que marcó una bisagra en las producciones televisivas y presentó la mejor adaptación que se hizo de la obra de Emilio Salgari.

A fines de los años 60, Italia sorprendió con una extraordinaria recreación de La Odisea, producida por Dino De Laurentiis, que hasta la fecha no pudo ser superada y trascendió por su ambiciosa producción y la fidelidad rigurosa al texto de Homero.

Los europeos comenzaron a ofrecer materiales de una notable jerarquía artística que no era común de ver en el formato de miniserie.

Por aquellos días, el director Sergio Sollima preparaba una nueva película de Sandokán que iba a tener como protagonista a Toshiro Mifune.

El realizador ya se había consagrado dentro del género del spaghetti western con títulos legendarios como Face to Face y el clásico The Big Gundown, con Lee Van Cleef.

Sollima integraba la sagrada Trinidad de los Sergio, junto a Sergio Leone y Sergio Corbucci, quienes redefinieron los filmes europeos de cowboys, y con este proyecto intentaba explorar un género diferente.

Su objetivo era representar al pirata de Salgari con una mayor fidelidad a la novela que no habían tenido las producciones previas.

Aunque la película con Mifune nunca llegó a concretarse, el regreso del Tigre de la Malasia revivió para la televisión tras el suceso de las miniseries de la RAI.

Kabir Bedi: la encarnación perfecta del héroe salgariano

Kabir Bedi como Sandokán en la miniserie italiana de 1976

Durante el proceso de casting, Sollima buscó actores que pudieran representar mejor las características étnicas del personaje en lugar de contratar figuras conocidas de Hollywood.

Kabir Bedi era un joven periodista que decidió dedicarse a la actuación cuando la radio donde trabajaba borró por error una entrevista exclusiva que había conseguido con los Beatles en 1966.

Hacia 1976 ya contaba con experiencia en el teatro de Bombay y, en un comienzo, hizo la prueba ante Sollima para el rol del cazador de serpientes Tremal-Naik.

Dotado de una imponente presencia física, con un metro noventa de altura, el actor enseguida llamó la atención de los realizadores. Sin embargo, contaba con una pequeña desventaja.

Kabir estaba pasado de peso para encarnar a los héroes de Salgari, que no eran otra cosa que los superhéroes del género literario de aventuras. Tras un trabajo exigente con preparadores físicos, perdió grasa corporal, moldeó su cuerpo y cuando regresó a la producción, para sorpresa de Sollima, era la encarnación viva de Sandokán.

Este detalle definió el destino del proyecto porque Bedi no interpretaba al personaje sino que parecía salido de las páginas de la novela. Un caso similar a lo que ocurrió con Christopher Reeve en Superman y Guy Williams en El Zorro.

Aventura pulp con contenido político

Hubo dos factores importantes que influyeron en el éxito de la miniserie.

A diferencia de las películas anteriores, que se enfocaban en la acción con argumentos sencillos, Sollima le aportó a esta adaptación un contenido dramático mucho más complejo que además resaltaba el mensaje político de los textos de Salgari.

El Sandokán de 1976 no era un pirata de matiné concebido para entretener a los niños, sino un guerrillero revolucionario que liberaba pueblos y luchaba contra el sistema colonial.

Por otra parte, el villano tradicional, James Brooke, tenía el perfil de un burócrata sin integridad personal que representaba la opresión económica y administrativa del Imperio Británico.

En un momento donde Latinoamérica estaba dominada por dictaduras militares, Sandokán era mucho más que un entretenimiento pochoclero y expresaba una declaración de principios sobre la libertad y la resistencia.

La segunda gran virtud de la serie se relaciona con los aspectos técnicos.

En lugar de filmar en estudios con decorados artificiales, el director desarrolló el rodaje en locaciones naturales de Malasia, Tailandia e India, escenarios que rara vez aparecían en las producciones occidentales.

Esto le aportó un enorme realismo al relato al ofrecer una puesta en escena diferente a lo que se veía en ese momento dentro del género de aventuras europeo y hollywoodense.

No obstante, la apuesta de Sollima no fue sencilla y el rodaje estuvo plagado de contratiempos, con tormentas tropicales, enfermedades que afectaron a los actores y animales salvajes reales que no estaban entrenados por especialistas.

Otro enorme acierto del director fue la implementación de armas auténticas que se alejaban de las espadas genéricas del cine.

En esta versión, Sandokán aparecía con una imponente cimitarra y el machete tradicional de Malasia, que no eran de utilería y tenían filo real. Una locura que hoy no se permitiría en ninguna producción.

Kabir Bedi fue entrenado por profesores de esgrima italianos que contribuyeron a darle un mayor realismo a sus movimientos, un detalle que elevó notablemente el contenido de las secuencias de acción.

Dato loco: la icónica escena donde el protagonista se enfrenta a un tigre fue realizada por los mismos especialistas en efectos especiales que trabajaron con Richard Donner en Superman.

El efecto Sandokán en la economía

Kabir Bedi en una secuencia de acción de Sandokán 1976

La miniserie de seis episodios batió todos los récords de audiencia registrados hasta ese momento y tuvo un enorme impacto en la industria turística de Malasia.

Por entonces el sudeste asiático no era un destino popular para vacacionar y, a raíz de la serie, la región se vio beneficiada por la popularidad de la obra de Sollima.

Aunque el contenido de la miniserie estaba dirigido al público adulto, el personaje tuvo un enorme impacto en el público infantil y eso derivó en la producción de una exitosa línea de juguetes que incluyó un tigre de peluche que generó ventas millonarias en España e Italia.

El tema principal de la serie, compuesto por Guido y Maurizio De Angelis, responsables de las bandas sonoras de las comedias de Bud Spencer y Terence Hill, se convirtió en un hit radial internacional y en la actualidad conserva el estatus de clásico.

Otra industria beneficiada por el fenómeno del programa fue la moda, con el furor de las camisas de cuello “estilo Sandokán” y la venta de colgantes con colmillos de tigre falsos, muy populares entre los jóvenes.

Legado y destino de Kabir Bedi

Tras el enorme impacto cultural de la obra de Sollima, Kabir Bedi fue uno de los pocos actores indios que logró construir una sólida carrera internacional.

Luego de encarnar al Tigre de la Malasia apareció como villano en la película de James Bond, Octopussy (1983), y participó en series hollywoodenses como The Bold and the Beautiful y Dinastía.

No puedo dejar de resaltar la fantástica interpretación que brindó en El Corsario Negro (1976), otro personaje icónico de Salgari.

La saga del pirata continuó con la película The Tiger Is Still Alive (1977), que tuvo un tono más melancólico, y El retorno de Sandokán (1996), donde Bedi retomó el personaje veinte años después de la obra original.

Si bien resultó un suceso moderado, no llegó a replicar el fenómeno cultural de la primera entrega.

En 1998, Sollima desarrolló junto al actor otra miniserie de tres episodios, El hijo de Sandokán, que por problemas financieros nunca llegó a estrenarse en televisión y hoy se consigue en videos piratas muy buscados por coleccionistas.

Kabir nunca renegó de la popularidad de Sandokán y hace poco reapareció en los medios para apoyar el casting de Can Yaman en la nueva adaptación que produjo la televisión italiana.

La serie de Sollima recién la descubrí en las repeticiones de los ´80 y después de verla me costó asociar al personaje con otro rostro que no sea el de Bedi.

Eso no quiero decir que no se puedan disfrutar otras versiones, tampoco hay que se tan fundamentalista, pero la del 76 llegó al corazón del público y siempre quedará en el recuerdo como la adaptación definitva.

En la próxima entrega de este informe exploraremos las series animadas que se realizaron con el Tigre de la Malasia en los años 90.

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