Buena suerte, diviértete, no mueras: la satira de Gore Verbinski
Tras dos fracasos consecutivos con El llanero solitario y A Cure for Wellness, que se destacaron entre los peores títulos de su carrera, el director Gore Verbinski regresa después de una década de silencio con una entretenida comedia sobre la dependencia tecnológica en la sociedad actual.
Un inspirado Sam Rockwell encarna a un vagabundo que llega del futuro para reclutar a un grupo de ayudantes en un bar de Los Ángeles, con el fin de detener al inventor de un sistema de inteligencia artificial que causará el colapso de la humanidad.
A partir de esa premisa, Verbinski elabora una sátira donde reaparece el humor ácido que trabajó en filmes previos como Un ratoncito duro de cazar y Rango.
Una sátira feroz sobre la dependencia tecnológica

Si bien en el último tiempo la paranoia y negatividad hacia la IA cobraron fuerza en los contenidos de Hollywood, este film no demoniza la tecnología, sino que enfoca el comentario social en el uso indebido de estas herramientas y la pereza cognitiva que padece mucha gente.
Dentro de la trama sobresale especialmente una crítica brutal y despiadada a la Generación Z, que es retratada como un nicho pusilánime e incompetente de la sociedad. Los personajes menores de 30 años son representados como zombis idiotas dominados por la dependencia absoluta a los videos virales y las redes sociales, mientras el mundo se cae a pedazos.
Apoyado por una gran interpretación de Rockwell, Verbinski apela a su dominio del humor negro y el absurdo para sacar adelante una obra que reúne las virtudes y debilidades que se perciben habitualmente en sus filmes.
En este proyecto optó por desarrollar la trama con una narración frenética que resulta un poco abrumadora y tiene la intención deliberada de aturdir al espectador, como si quedara atrapado en un scroll infinito de TikTok.
El chiste es creativo y funciona pero, como es habitual en los trabajos del cineasta, se extiende más de la cuenta con una duración de 134 minutos. Por otra parte, el relato pierde fuerza cuando se expande el comentario central con la crítica al uso del celular, la soledad y la clonación, que añade subtramas innecesarias.
Dentro del reparto secundario, Verbinski desperdicia a figuras como Zazie Beetz y Michael Peña, cuyos personajes no llegan a desarrollarse y terminan reducidos a simples sidekicks del protagonista.
No obstante, con todas esas debilidades, el film sobresale como la obra más destacada de su filmografía desde Rango y merece su recomendación.