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Street Fighter: una película caótica que se deja ver

Street Fighter puede considerarse un exponente de las películas malas que divierten si el videojuego de Capcom se encontraba entre tus títulos favoritos del género.

Dentro del desastre caótico que prima en el contenido, hay un par de escenas rescatables que resultan efectivas. Sin embargo, se trata de una obra fallida, producto de la espantosa dirección de Kitao Sakurai.

Un realizador de televisión con experiencia en la comedia a quien le quedó demasiado grande este proyecto. Ya sea porque hubo una intención deliberada del director o porque se dio por accidente, su labor trae al recuerdo la experiencia de otras películas malas que se estrenaron en los años 90, como Double Dragon, Judge Dredd, Super Mario Bros. y la adaptación previa del juego de Capcom que protagonizó Jean-Claude Van Damme.

La nueva versión representa con un poco más de fidelidad algunos aspectos de Street Fighter que terminan fagocitados por un guion incoherente, plagado de humor estúpido y diálogos cringe.

Un film perdido entre la sátira y la explotación nostálgica

Uno de los mayores problemas de esta producción reside en que la dirección de Sakurai nunca llega a encontrar una identidad definida, debido a que trabaja con dos tonos narrativos opuestos que colisionan entre sí.

Por un lado, aparecen destellos de un film más serio e interesante, relacionado con las subtramas de Ryu y Chun-Li, que remite a la película de animación de 1994 y desentona con el contenido de humor al estilo Marvel, que falla miserablemente a la hora de generar risas.

A Sakurai le lleva casi una hora establecer el conflicto central y, para tratarse de una propuesta de Street Fighter, el contenido de acción es bastante limitado.

Los duelos de pelea pasan demasiado rápido y, en ocasiones, suceden fuera de cámara, ya que la narración solo menciona quién fue el luchador que ganó el combate. Una elección desconcertante que arruina la tensión construida previamente entre los personajes, como ocurre en el caso de Guile y Vega.

Aunque la trama se desarrolla en 1993, el film nunca llega a recrear con convicción ese período y la mayoría de las canciones que integran la banda sonora pertenecen a fines de los años 90 y comienzos de los 2000. Una de las tantas incoherencias que abundan en el trabajo de Sakurai.

Lo peor: el M. Bison de David Dastmalchian

Reparto de Street Fighter caracterizado como los luchadores del videojuego, con sus vestuarios y apariencias inspirados en los personajes de Capcom.

Dentro del reparto, si bien se hizo un buen trabajo con las caracterizaciones de los luchadores, las interpretaciones son irregulares.

Andrew Koji (Ryu) y Callina Liang (Chun-Li) salen bien parados con sus interpretaciones, mientras que Noah Centineo recién consigue, en el último acto, que su versión de Ken sea más interesante, cuando su rol se aleja de la idiotez.

Aunque algunos personajes, como Guile y Cammy, terminan distorsionados por el guion de Sakurai, lo peor de este film lo brinda David Dastmalchian con una paupérrima encarnación de M. Bison.

El gran antagonista de Street Fighter terminó convertido en un villano pusilánime, obsesionado con el fetiche de los pies, que ni siquiera llega a tener algún momento destacado en las secuencias de acción.

Al margen de la representación que le da el guion, el casting de Dastmalchian es un desastre, ya que el actor carece de la presencia física que demandaba el rol.

Raúl Juliá, con un perfil extravagante en el film de 1994, presentó una composición muy superior.

El resto de las figuras conocidas del elenco, como 50 Cent (Balrog) y Jason Momoa (Blanka), tiene un espacio tan limitado en la trama que terminan desdibujadas.

Algunas virtudes rescatables de Street Fighter

Aunque la experiencia general que ofrece el film se inclina hacia lo negativo, es justo destacar también algunos aspectos que estuvieron muy bien logrados.

Entre las pocas cualidades sobresalen las secuencias de flashbacks, desarrolladas con animación 2D, que exploran el vínculo entre Ryu y Ken.

Todos esos fragmentos, influenciados por la película de anime de 1994, son estupendos y aportan algunas de las mejores escenas de esta propuesta. Un gran trabajo de la productora Titmouse, Inc., que se destacó previamente en series como The Venture Bros., Scavengers Reign y la antología de Netflix Love, Death & Robots.

En el terreno de la acción, los pocos duelos de pelea que se pueden disfrutar cuentan con muy buenas coreografías y recrean con efectividad los estilos de combate de cada personaje.

En general, Street Fighter presenta una película cuidada en los aspectos técnicos. Lo que faltó fue un director que supiera trabajar de un modo más atractivo el contenido del videojuego.

La trama, que no termina de cerrar el conflicto principal, deja la puerta abierta para una continuación que se concretará si el público respalda el film en las próximas semanas.

El duelo entre las adaptaciones de juegos de pelea que tuvimos este año lo gana con una fatality sangrienta Mortal Kombat 2.

Calificación: C

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