Reseña de La noche del demonio: están entre nosotros
La experiencia de ver la última entrega de La noche del demonio remite bastante a lo que fueron los últimos filmes de la saga X-Men producidos por Fox, donde el espectáculo resultaba afectado por el desgaste que arrastraba la franquicia.
En el caso de esta propuesta de terror, que por esos milagros de Hollywood llegó a su sexta entrega, las ideas creativas se agotaron en los episodios previos y todo lo que tiene para ofrecer es el típico film insípido y monótono que suele producir la compañía Blumhouse.
El argumento desarrolla un spin-off de la trama original con una madre soltera, interpretada por Amelia Eve (La maldición de Bly Manor), que tiene la habilidad de ingresar al Más Allá como si se tratara de la incursión a un supermercado.
Cuando los demonios descubren su habilidad, comienzan a acecharla para infiltrarse en el mundo real y, a partir de ese momento, el relato se convierte en un reciclaje de situaciones de horror que ya vimos en las películas previas.
Lyn Shaye, en modo remadora olímpica, aparece para recordarnos que el film pertenece a la franquicia gestada por James Wan en 2011 y le pone onda a su interpretación para que el tedio, por lo menos, sea un poco más llevadero.
La gran paradoja de este estreno es que, pese al inevitable desgaste que afecta al argumento, desde los aspectos técnicos representa un debut muy interesante del director Jacob Chase.
Durante el primer acto, donde sobresalen los momentos más atractivos del film, Chase sorprende con la construcción de atmósferas inquietantes y situaciones de tensión efectivas.
Hay una escena en particular que tiene lugar en el consultorio de un dentista que está muy bien lograda y consigue incomodar al público.
Su labor luego se desinfla notablemente cuando tiene que lidiar con los elementos tradicionales asociados a La noche del demonio.
Después de sacar adelante esta producción, merece que la compañía Blumhouse le dé la oportunidad de hacer algo original, sin la presión de tener que levantar una saga que agotó sus recursos creativos.
Aquellos espectadores que miran una película de terror cada diez años o recién empiezan a explorar el género probablemente la disfrutarán con un mayor entusiasmo.
Para el resto, queda la impresión de que los demonios, a esta altura, salen del Más Allá para pedirle al productor Jason Blum el pase a retiro efectivo.