Momo (2025): Una nueva adaptación del clásico de Michael Ende
Momo es uno de mis libros favoritos y lo descubrí cuando tenía siete u ocho años por recomendación del padre de un amigo. Había ido a jugar a su casa y, cuando me vinieron a buscar, me dijo: “Llevate esto y leelo que te va a gustar”.
Así nació mi idilio con una propuesta que desde entonces volví a releer numerosas veces y que, en cada nueva exploración, encuentro más vigente.
En La historia sin fin, Michael Ende concibió una obra maestra de la fantasía; Momo, en cambio, es mucho más que una propuesta de ficción y califica como un verdadero manual de instrucciones para la vida. El tema es que recién te das cuenta de eso cuando crecés, ya que en la infancia la lectura parece un simple cuento de hadas.
La niña que sabía escuchar

La trama gira en torno a una chica misteriosa que deambula en las ruinas de un antiguo anfiteatro en una ciudad ficticia. Vive sola, sin grandes posesiones, y cuenta con el don de saber escuchar. Los adultos que se acercan a ella encuentran soluciones para sus problemas y los niños se atreven a explorar su imaginación.
La rutina pacífica de Momo se altera cuando aparecen los Hombres Grises, unos seres que convencen a la gente de que ahorrar tiempo —eliminando el ocio, las relaciones sociales y el arte— les dará un futuro más próspero. La trampa es que ese tiempo “ahorrado” es consumido por esta organización para sobrevivir. Con la ayuda del Maestro Hora y la tortuga Casiopea, Momo emprende una aventura para enfrentar la dictadura de la prisa.
La premisa de esta novela nació tras un viaje que hizo el autor alemán a diversos pueblos italianos, donde se enamoró del ritmo de vida pausado que proponían esas localidades, en contraste con la locura cotidiana que vivía en Múnich.
La fábula desarrollaba una crítica ácida al consumismo y la cultura de la distracción en una sociedad moderna donde el éxito se mide por la productividad. En un mundo vertiginoso, la pequeña heroína representaba la empatía en su máxima expresión. Momo no era una gurú espiritual ni daba consejos; simplemente escuchaba y permitía que las personas se encontraran a sí mismas.
Las adaptaciones cinematográficas

Hasta la fecha se realizaron tres adaptaciones de este relato que nunca tuvieron mucha difusión en el continente americano. La primera película de 1986, dirigida por Johannes Schaaf, es una recreación muy fiel de la novela y tuvo el beneficio de contar con la supervisión del propio Ende. El autor había quedado decepcionado con la adaptación que hizo Wolfgang Petersen de La historia sin fin y, para evitar que simplificaran la historia de Momo, trabajó junto a los realizadores en el guion.
Años después, en 2001, los italianos desarrollaron una película animada con un tono más infantil que quedó en el recuerdo por la banda sonora compuesta por Gianna Nannini, la intérprete de la canción del Mundial de fútbol de Italia ’90.
Hace poco se estrenó una nueva producción alemana hablada en inglés que tenía la finalidad de llegar a un público más internacional. Desconozco qué ocurrió con esta película, pero por alguna razón no consiguió distribución más allá de Alemania y su difusión fue marginal.
Al momento de publicar esta reseña, el film apenas tiene dos comentarios en IMDb y me costó bastante conseguirlo, ya que tampoco está disponible en las plataformas de streaming.
La nueva versión de Momo

En lo personal, la disfruté mucho y creo que el director Christian Ditter tomó una decisión acertada. La versión de 1986 es difícil de superar y funciona como una adaptación muy fiel de la novela; por consiguiente, en este caso optó por reimaginar la obra de Ende en un contexto moderno. Esto resulta interesante, ya que refuerza la enorme vigencia que tiene un libro concebido en 1973.
Ditter no altera el mensaje de Ende ni distorsiona los personajes, sino que los adapta a la actualidad, en una sociedad obsesionada con las redes sociales y la inmediatez, donde muchos jóvenes aspiran a tener una carrera como “influencers”. El rol principal quedó a cargo de la debutante Alexa Goodall, quien captura con efectividad el corazón de Momo dentro de un reparto secundario que incluye a Martin Freeman, Kim Bodnia (Pusher), Claes Bang (el fallido Drácula de la BBC) y Laura Haddock (Guardianes de la Galaxia).
El film cuenta con dos grandes virtudes: la protagonista captura a la perfección la expresividad silenciosa de Momo, mientras que la puesta en escena de los elementos fantásticos logra un equilibrio ideal entre los efectos prácticos y las herramientas digitales. Se luce especialmente el realismo de la tortuga Casiopea, conseguido a través de una fusión entre animación por captura de movimiento y una marioneta animatrónica.
Una desventaja de esta película es que, al igual que la novela, apela a un ritmo narrativo contemplativo que le impide conectar con las nuevas generaciones.
En un contexto cultural donde la “platea TikTok” celebra películas como Minecraft y Super Mario Galaxy, el ritmo pausado de Momo puede resultar complicado de digerir porque muchos espectadores la sentirán demasiado lenta. Muy especialmente en un relato donde la heroína no resuelve el conflicto con armas, ya que su principal poder es la paciencia. Por otra parte, algunos diálogos del Maestro Hora —a cargo de un gran Martin Freeman— pueden sonar un poco densos para el público infantil.
Mi única objeción hacia este film es que el director fue demasiado liviano con el retrato de los Hombres Grises, que tenían una presencia mucho más aterradora en la versión de 1986. Por el contrario, a los villanos que propone Ditter los sentí más “light”, como si hubieran buscado no asustar a los niños que pudieran acercarse a la propuesta. Un cambio curioso es que en esta adaptación los hicieron asmáticos, ya que en la actualidad no se puede mostrar el consumo de cigarrillos en producciones destinadas a un público familiar.
Salvo por ese mínimo detalle, en términos generales me pareció una reimaginación sólida que preserva el espíritu de la protagonista y el poderoso mensaje que transmite la novela de Ende.