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Turbulence (2026): tensión en el aire con un final predecible

Si bien la película original de Turbulence, de 1997, no cosechó reseñas positivas, le fue muy bien en la taquilla y quedó en el recuerdo por brindar uno de los villanos más destacados que encarnó Ray Liotta en su filmografía.

Lionsgate luego desarrolló dos continuaciones exclusivamente para el DVD en 1999 y 2001, y este año sumaron otra entrega que llegó a los cines.

Pese a tratarse de una producción menor de cine clase B, que se deja ver bien en televisión, es justo reconocer que en esta oportunidad presentaron una premisa atractiva. El eje central es el mismo: un grupo de pasajeros es acosado por un psicópata durante un vuelo, con la diferencia de que esta vez la trama no se desarrolla en un avión de línea, sino en un globo aerostático.

Un thriller aéreo que cambia de escenario

El espacio limitado del escenario principal genera mayor tensión y está muy bien utilizado en la primera mitad de la historia por el director Claudio Fäh, responsable de dos entregas muy sólidas de la saga Sniper con Tom Berenger.

La trama tiene como protagonistas a una pareja de recién casados que decide realizar un viaje romántico sobre los Dolomitas italianos con el fin de reavivar su relación. Lo que comienza como unas vacaciones idílicas se convierte en una pesadilla cuando se suma una tercera pasajera de temperamento inestable, interpretada por Olga Kurylenko.

El argumento le da otro giro a la propuesta para no repetir el mismo esquema del largometraje original, lo cual, debo admitir, es interesante. El rol de Olga tiene una agenda particular y su presencia hace que salgan a la luz secretos oscuros relacionados con el pasado del matrimonio.

La vuelta de tuerca es que en esta entrega no tenemos a una Lauren Holly como heroína; aquí todos los personajes tienen un perfil turbio y no despiertan empatía. El único que zafa es el operador del globo.

Fäh hace un buen trabajo a la hora de establecer el misterio y, sumado a la tensión amplificada por la claustrofobia del espacio limitado, consigue que la película sea dinámica. Lamentablemente, Turbulencia se desinfla paulatinamente y derrapa con situaciones ilógicas y coincidencias convenientes que conducen el clímax hacia un final predecible y simplón.

Pese a todo, el gran mérito de esta obra —que califica de milagro— es que consigue mantenerte enganchado hasta el desenlace.

No da para gastar una entrada al cine cuando tenés ofertas de mayor jerarquía artística en cartelera; no obstante, si sos aficionado al género, se deja ver en algún canal de televisión o plataforma de streaming.

Calificación: B-

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