Retrospectiva Dark Universe: La venganza del hombre invisible (1944)

En 1944 el estudio Universal volvió a apostar a uno de sus clásicos caballitos de batalla imbatibles en la taquilla, en lo que sería la última entrega de la saga del Hombre invisible.

Una serie que desde su debut en 1933 tuvo la particularidad de trabajar a este clásico personajes desde diferentes perspectivas.

La última entrega habían explorado la comedia romántica de enredos (La mujer invisible) y la intriga de espionaje (The Invisible Agent) que había tenido la función de levantar la moral del público durante la Segunda Guerra Mundial.

Para el momento en que se estrenó La venganza del hombre invisible, la guerra empezaba a entrar en su faceta final con la operación de las fuerzas aliadas en Normandía y en Hollywood el cine de propaganda ya no tenía tantos exponentes como antes.

Los productores del Dark Universe entonces decidieron traer de regreso al personajes a sus raíces, en el género de terror.

La dirección quedó a cargo de Ford Beebe, quien sabían crear propuestas populares sólidas que habían funcionado muy bien con el público.

Entre sus trabajos se destacaron los seriales de Junge Jim, Flash Gordon conquista el Universo y El Avispón Verde.

Dentro de esta franquicia también había realizado Night Monster (1942), una película fallida del Dark Universe con Bela Lugosi sobre científicos locos que no merece mayor mención.

Con el hombre invisible el cineasta brindó una película más sólida donde el personaje volvía a ser encarnado por un psicópata.

La trama tiene como protagonista a un asesino con un serio desequilibrio mental, interpretado por Jon Hall, quien había sido el héroe en Invisible Agent.

El hombre se escapa del hospital psiquiátrico para vengarse de un matrimonio que lo dejó a la deriva durante una excursión en África.

Esta es la parte donde la trama entra en la ridiculez absoluta y en lo personal me hizo reír mucho.

Resulta que el plan del loco se centra en exigirle a la pareja que le entreguen todos sus bienes, incluida su hija. Lo más gracioso es que el tipo espera que sus demandas sean aceptadas sin inconvenientes.

Dentro de este delirio aparece de la nada el doctor Drury, interpretado por John Carradine (padre de David Carradine), quien no tiene mejor idea que probar la famosa fórmula de la invisibilidad en el psicópata.

Esta situación potencia al villano quien ahora tiene más poder para acechar a sus víctimas.

Más allá de la incoherencia y situaciones absurdas que presentan el argumento, el tono del film se centro otra vez en el género de terror y el director Beebe presenta algunos momentos decentes.

Para tratarse de la cuarta entrega de una serie que ya se había explotado bastante, la película no es tan terrible y brindó la posibilidad de ver a un mismo actor con dos composiciones diferentes del personaje.

La venganza del hombre invisible recuperó sin problemas el presupuesto invertido y resultó un suceso moderado para Universal.

Esta película representó la última entrega de esta creación de H.G.Wells que regresaría más adelante con un perfil diferente en las comedias de Abbott y Costello 

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