Giant: la historia de Naseem Hamed y su entrenador
Entre finales de los años 90 y la primera década del siglo XXI no hubo un deportista más odiado que el pugilista británico Naseem Hamed, quien protagonizó un fenómeno cultural muy particular.
Gran parte del público aficionado al boxeo pagaba entradas carísimas o seguía por televisión las peleas de Hamed con el único propósito de insultarlo y esperar a que fuera noqueado.
Por supuesto, también cosechó muchos seguidores, pero en general fue el chico malo de esa disciplina, que causaba rechazo por su personalidad y actitudes en el ring.
Naseem, quien por cierto era un boxeador talentoso, contaba con una personalidad carismática que brindaba en cada evento un show adicional.
Sus entradas al ring, dando una vuelta carnero en las cuerdas, y el modo en que se mofaba de sus rivales le generaron una imagen negativa en la prensa que supo capitalizar con ingenio.
El origen del personaje que dividió al boxeo

Giant es una película producida por la compañía de Sylvester Stallone, Balboa Productions, que se centra en los orígenes del boxeador y su conflictiva relación con el entrenador Brendan Ingle.
Hamed expresó hace poco, en una entrevista para la radio inglesa, que Stallone no tuvo nada que ver con el contenido del film y que los realizadores tampoco lo tuvieron en cuenta a él a la hora de desarrollar el proyecto.
Por ese motivo, la película no lo representa, ya que dejaron afuera su versión de los hechos. En la actualidad trabaja en una serie documental, producida por Mark Wahlberg, donde narrará en detalle su historia de vida y las razones que lo distanciaron de su entrenador.
Más allá de esta cuestión, Giant me pareció una sólida biopic que ofrece una fantástica interpretación de Pierce Brosnan en el rol de Ingle.
En términos generales, carece de la profundidad dramática de Christy, pero consigue explorar temas interesantes con una narración dinámica y muy amena.
Creo que la primera mitad, que se enfoca en los orígenes de Naseem, es la más interesante, al abordar temas que mucha gente desconocía.
Al margen de las situaciones de racismo que vivió el protagonista por pertenecer a una familia musulmana, en mi caso ignoraba que su entrenamiento con Ingle comenzó a los siete años.
Todo el origen de la relación entre ellos está muy bien trabajado y Brosnan sorprende con algunos momentos emotivos.
Otro aspecto interesante en este segmento del film es que nos permite conocer las circunstancias en que Hamed construyó ese personaje arrogante que subvirtió la imagen de los boxeadores profesionales en la década de 1990.
El casting de Ali Saleh, quien encarna al boxeador a los 12 años, es brillante no solo por el parecido físico que tiene el actor, sino por la manera en que capturó su personalidad. Gran trabajo de dirección de Rowan Athale en este aspecto.
La versión adulta del personaje la interpreta Amir El-Masry, quien presenta un trabajo correcto, pese a que no se parece tanto a Hamed y cuenta con otra contextura física.
Una biopic que cuenta la historia desde un solo rincón
La gran debilidad de este film se relaciona con el tema que expuso Hamed en la entrevista. A lo largo del relato solo seguimos el conflicto desde la perspectiva de Ingle y queda la impresión de que falta la otra versión de los hechos, que no se llega a profundizar.
Por consiguiente, aunque el film se relaciona con la historia del pugilista, en realidad se siente más como una biopic del entrenador.
De todos modos, esta cuestión no afecta su recomendación y vale la pena buscarla si disfrutan de los dramas deportivos.