Hamnet: reseña del drama histórico de Chloé Zhao
Durante décadas, Anne Hathaway, la esposa de William Shakespeare, ha servido como musa para la ficción especulativa, alimentando relatos que buscan llenar los vacíos de su biografía.
La realidad es que los detalles verificados sobre su vida son tan escasos que dieron pie a representaciones de todo tipo dentro del campo de la ficción.
Una de las más disparatadas fue la propuesta del autor Arliss Ryan en The Secret Confessions of Anne Shakespeare (2010), donde se la retrataba como la verdadera autora de algunas de las obras más famosas de su marido. La novela jugaba con una vieja teoría surgida en un ensayo de 1938, que hoy solo es defendida por terraplanistas y personas convencidas de que Paul McCartney murió en 1966 y fue reemplazado por un doble.
En 2020, Maggie O’Farrell desarrolló una propuesta mucho más interesante con Hamnet, una novela que exploró la historia de la pareja y el trauma emocional que atravesaron tras la muerte de su hijo. La autora también incorporaba teorías descartadas, como la idea de que el dramaturgo compuso Hamlet inmediatamente después de la tragedia familiar.
En realidad, la verdadera catarsis emocional de Shakespeare frente a esa pérdida se encuentra en una serie de sonetos que contienen referencias más sólidas hacia su hijo.
La nueva película de la directora Chloé Zhao, con producción de Steven Spielberg y Sam Mendes, adapta este material dentro del típico melodrama diseñado para pescar nominaciones al Oscar, un objetivo que consigue con creces.
Un drama sobre la pérdida y la resilencia emocional

Si bien en el pasado vimos películas muy superiores sobre la misma temática —como La habitación del hijo de Nanni Moretti—, Hamnet logra desarrollar un drama histórico solvente que preserva la voz autoral de su realizadora.
Este es un punto que podría alejar a ciertos espectadores que busquen un ritmo más dinámico: Zhao apela a su clásico estilo de narración contemplativo, que exige paciencia para ingresar en la historia y conectar con las emociones de los personajes.
Un aspecto interesante del film, heredado de la novela, es que la directora evita convertir a Hamnet en un exponente del cine de “miseria porno”, ese que deja demolido al espectador en la butaca.
Aunque el trauma que provoca la pérdida de un hijo constituye uno de los pilares del argumento, la película también retrata el espíritu de resiliencia de la pareja, en especial el de Anne, y el proceso de sanación emocional dentro de su contexto histórico.
Jessie Buckley (Chernobyl) sobresale con una interpretación desgarradora que aporta una enorme humanidad al personaje y lo aleja de las representaciones más negativas que tuvo en varias producciones previas.
Es un trabajo de composición que probablemente marque una bisagra en su carrera; en pocos meses volveremos a verla en pantalla como la novia de Frankenstein en la excéntrica The Bride!, dirigida por Maggie Gyllenhaal.
Distinto es el caso de Paul Mescal, quien ofrece una labor correcta, aunque resulta imposible comprarlo en el papel de Shakespeare. Por suerte, el foco del conflicto no recae sobre su figura, lo que atenúa un casting difícil de justificar.
Más allá de esa objeción, Hamnet representa una buena película de Chloé Zhao, quien consigue remontar el desvío que sufrió su filmografía tras el desastre de Eternals dentro del Universo Marvel.
Me pareció una película decente. Lo que mas me gustó fueron las actuaciones, los niños de Shakespeare estuvieron bien también.
Es superior a las últimas películas de Zhao, aunque sigo pensando que el mejor momento de la directora fue en The Rider.
Jessie Buckley es lo que mas se destaca de esta historia. Pero está para ganar tantos premios?
Creo que habla de lo flojita que estuvieron las interpretaciones en general este último año, lo mismo en el rubro mejor actor protagonico. Actores de reparto tuvieron mejor suerte.
The Bride se estrena esta semana. Me quedo con lo que dijo una reseña: «Es todo lo que quiso ser Joker 2 y no pudo».