El agente secreto: thriller político con más prestigio que impacto
Todos los años entre las películas nominadas al Oscar sobresale un título que llega a la competencia con una aclamación exagerada, producto de las reseñas infladas.
Un tema que siempre es contraproducente porque se le vende al público un Santo Grial cinematográfico que después no encontrás en el cine cuando tomás contacto con el material.
Este año le tocó a El agente secreto, la nueva obra del director brasileño Kleber Mendonça Filho, quien finalmente pudo representar a su país en la ceremonia de la Academia de Hollywood, luego de que sus filmes previos resultaran boicoteados por el gobierno de Jair Bolsonaro.
Entre ellos una joyita del weird western como fue Bacurau (2019), que merece una reseña aparte.
El agente secreto me gustó pero no me cautivó tanto como me habían prometido las reseñas exageradas de la prensa mainstream.
Una historia sobre la dictadura brasileña desde el cine de género
Con esta propuesta se dio una situación muy inusual, al tratarse de la segunda película de Brasil relacionada con la última dictadura militar que padeció el país (1964-1985) que termina nominada al Oscar en poco tiempo.
La última fue I’m Still Here, de Walter Salles, que compitió en la ceremonia del año pasado.
Una de las razones que explican este caso peculiar se relaciona con el hecho de que Filho propone un espectáculo diferente, a través de una narrativa centrada en el cine de género.
El relato se construye como un neo-noir que toma una notable influencia del cine policial de los años ‘70, muy especialmente de la obra de Sam Peckinpah.
En la dirección de fotografía se nota que hubo una intención de evocar la estética que tenían las películas hollywoodenses de aquella época.
Si la obra de Salles, centrada en la desaparición del político Rubens Paiva, retrataba de manera directa el horror del terrorismo de Estado, en El agente secreto el mismo período se presenta desde una perspectiva diferente.
La narración se desarrolla dentro de un clima constante de tensión y paranoia, como si se tratara de una novela de espías de John le Carré.
Es decir, la muerte y la incertidumbre rodean todo el tiempo a los personajes pero nunca vemos el accionar de los militares, como si fuera una amenaza que opera en las sombras.
Un thriller político con varias subtramas
El rol principal, interpretado por Wagner Moura, tampoco es el típico activista político vinculado a la guerrilla que enfrenta el régimen, sino un profesor universitario perseguido por empresarios que apoyan al gobierno de facto.
La resistencia ante la dictadura también opera en silencio a través de encuentros clandestinos en un cine o un barrio que le da protección a diversos refugiados.
Otro detalle interesante del film es que también expone a ese sector de la sociedad que apoyó la dictadura y festejaba el carnaval sin problemas, pese a las detenciones, torturas y asesinatos de militantes políticos.
Un clima social que recuerda bastante a lo que fue Argentina durante el Mundial de Fútbol de 1978.
A través de este retrato histórico el director desarrolla un conflicto, más rebuscado de lo necesario, donde se entrelazan varias subtramas que confluyen en un clímax decepcionante.
Un final anticlimático que debilita la propuesta
El típico caso del director o autor que comienza un proyecto con una premisa interesante y al momento de cerrar la historia no sabe qué hacer con los personajes.
A Stephen King le sucedió en más de una oportunidad y en la novela Cell encontramos un ejemplo contundente.
Filho deja abiertas numerosas tramas y personajes, cuyos destinos quedan en manos de la especulación del espectador con pistas muy flojas para cerrar esas historias.
Lo que más me ofuscó de esta producción es que el pico de suspenso se resuelve de un modo anticlimático y abrupto, con una larga escena de exposición donde dos personajes en la actualidad nos cuentan, sin demasiados detalles, lo que pudo haber ocurrido con los protagonistas.
Y ahí es donde empiezo a sospechar de las reseñas exageradas porque entonces los laureles se relacionan más con la ideología política del director que con el contenido del film.
Como propuesta policial deja sabor a poco, el título engañoso no tiene el menor sentido y concluye con una resolución fría que no te invita a repasar otra vez la película.
Dentro del reparto, Wagner Moura está correcto con una interpretación decente (su nominación al Oscar es un despropósito) y el contenido de nostalgia cinéfila con la referencia a Tiburón resulta simpático.
Sin embargo me cuesta encontrar la obra maestra suprema que anunciaron los críticos vende humo.
Vale la pena buscarla si te interesa la temática, pero con expectativas moderadas.
Reitero: el trabajo previo del director, Bacurau, con todos sus excesos, me pareció más interesante.
Hola Hugo, desde que vi el thriller de esta pelicula me dieron ganas de verla, despues fui viendo por ahi del Humo exagerado y aca tengo tu confirmacion. Pero la tematica siempre me intereso asi que le daremos una oportunidad. Ademas esta el gran Capitan Nascimento de Tropa de Elite, como no darle una chance….que pelicula!!.
Lo unico que consulto o busco explicacion es al afiche….decime que en esa llamada telefonica le estan diciendo que va a explotar una bomba en la casa como minimo. Porque si va de agente secreto haciendo llamado por telefono publico….
Abrazo Hugo
Gaston eso que te imaginaste es lo que pensamos el 99 por ciento del público.
No va por ahí, hay una enorme engaño en torno a esa cuestión y por eso es decepcionante, como propuesta de cine de género.
Creo que si las mirás con expectativas bajas hasta la podés disfrutar más porque ya sabés que no es la obra maestra que vendieron los amigos del humo.