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Moon, mi amigo el panda: ternura y fórmula en el cine familiar

 El primer minuto de este film no tiene piedad por el público y arremete con el montaje más tierno que vas a encontrar en el cine este año.

El director Gilles de Maistre, maestro supremo de la manipulación emocional, enseguida captura la atención de la audiencia con la interacción de un bebé panda y su mamá, que sirve de prólogo para la aventura que se desarrollará luego.

Esta producción es la cuarta entrega de una antología que comenzó en 2018 con la exitosa Mía y el león blanco (que pasó por nuestra cartelera) y luego continuó con El lobo y el león (2021) y Autumn y el jaguar negro (2024).

Las obras de Maistre funcionaron muy bien en la taquilla y expandieron su popularidad con el estreno en las plataformas de streaming.

El suceso comercial generó que el realizador terminara por crear su propia franquicia, un aspecto que representa la mayor debilidad de este nuevo film.

Los trabajos de Maistre resultan interesantes ya que evocan el viejo cine de aventuras del maestro Jean-Jacques Annaud (El oso), donde la aventura se combina con una narrativa de impronta documental.

A diferencia de lo que se hace en la actualidad en Hollywood, estos filmes presentan animales reales que se desenvuelven en su hábitat natural.

Tampoco protagonizan secuencias de acción exageradas ni momentos cómicos forzados, y el director los retrata con naturalidad, en convivencia con los actores.

En esta oportunidad la trama se desarrolla en las montañas de Sichuán, en China, donde Tian, un niño de doce años, es enviado a vivir con su abuela.

Un día se encuentra por accidente con un panda y, a partir de ese momento, se desarrolla un vínculo amistoso muy emotivo entre el chico y el oso.

El director utiliza ese concepto para contrarrestar la cultura de las grandes ciudades, centrada en la tecnología, con el silencio de la naturaleza.

Al ver este film resulta imposible no imaginar lo que hubiera hecho con la misma premisa Hayao Miyazaki, quien alguna vez trabajó con estos animales en la miniserie de Isao Takahata, Panda! Go Panda! (1972).

Debilidades de una franquicia redundante

momento emotivo en una escena de la película Moon, mi amigo el panda.

Moon cuenta con una dupla simpática y la trama consigue transmitir valores positivos; sin embargo, la película se siente como un gran déjà vu dentro de la filmografía de Maistre.

El film queda prisionero de una fórmula argumental que el cineasta ya implementó en las tres entregas previas y, por consiguiente, el conflicto central se vuelve demasiado predecible. Incluso el retrato de los villanos, que buscan capturar a Moon, es una copia carbón de los antagonistas que aparecieron en las películas anteriores.

El perfil del protagonista y sus problemas familiares también es muy similar al que tuvieron Mia, Ella y Alma. En algún momento, el villano interrumpe la amistad adorable del niño con el animal y eso dispara la aventura del rescate.

A esta altura, el multiverso de Gilles de Maistre pide a gritos una vuelta argumental diferente que evada la fórmula de manual que creó junto a su esposa.

Quienes no vieron los títulos mencionados probablemente logren disfrutarla como una experiencia más fresca.

Calificación: B

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