The Booksellers: El documental de Parker Posey

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Hace unos años me encontraba en una librería de la avenida Corrientes y mientras revisaba una mesa de ofertas me llamó la atención la cubierta de esta edición vieja de Heidi, de Johanna Spiry.

Nunca había leido la novela (que es excelente) pero conocía la historia por la serie de animación japonesa.

La ilustración parecía una pintura artesanal y pertenecía a una edición de 1964 de la compañía Peuser. Me gustó tanto el dibujo que decidí llevarme el libro por el precio de 25 pesos.

Dentro de la novela había más ilustraciones de este artista que firmaba su trabajo con el nombre de Gheno.

La verdad que el libro estaba bastante deteriorado y se salían las tapas pero no me importó y lo llevé igual.

Cuando estaba pagando el viejito que me atendió me pregunta si tenía cinco minutos.

«Si me das un momento te lo dejo como nuevo».

Cuando le dije que podía esperar buscó un portafolio donde tenía una pinzas, cinta adhesiva y pegamento y se puso a trabajar en la reparación.

Una vez que terminó me dijo: «Ahora sí lo podés disfrutar como corresponde».

Siempre me quedó grabada esa anécdota porque la verdad es que no tenía la obligación de reapararlo.

Después de todo era un libro viejo por el que no estaba ganando nada, apenas 25 pesos, pero el tipo amaba los libros y aunque fuera una oferta quería entregarlo en un buen estado.

Desde entonces la cubierta jamás se despegó.

Ese tipo de libreros no los podés encontrar en los locales de las grandes cadenas comerciales donde el trato es más frío.

No estoy en contra de esos locales, que a veces te sacan del apuro para hacer un regalo, pero la experiencia de salir a buscar tesoros en las librerías viejas y entretenerse con esa búsqueda no se puede igualar.

Lo mismo ocurre con las compras en Amazon o Book Depository, que lo uso más que nada para cómics, ya que los locales argentinos de esta rama te arrancan la cabeza con los precios.

El mismo material en inglés lo consigo a la mitad de precio y me lo entregan en mi casa desde Inglaterra sin cargo.

No obstante, todavía disfruto el placer de recorrer y explorar las viejas librerías donde nunca sabés que podés encontrar.

A veces podés pasar más de una hora revisando cosas para no llevarte nada y en ocasiones te encontrás con hallazgos inesperados.

En otra ocasión, en un local antiguo de Belgrano conseguí a un precio regalado un ejemplar de 1956 de la primera edición de Cop Hater, de Ed McBain, la primera novela de precidimientos policiales de la literatura, que dio inicio a una larga saga.

No tengo idea como terminó en Buenos Aires pero ahora es parte de mi biblioteca.

Otra rareza que encontré de la misma manera es una colección impecable de The Mod Squad, editada en 1968 en Estados Unidos cuando salió la serie en television.

Cuatro libros que encima incluían de regalo la primera novela de Honey West, de 1957.

¿Qué tiene que ver todo esto con la nota en cuestión?

The Booksellers es un excelente documental que explora el mundo de los las librerías antiguas de Nueva York y los dealers de rarezas que buscan y poseen ediciones originales que a veces pueden costar millones de dólares.

Este proyecto de la actriz Parker Posey ofrece un tour por todos esos locales increíbles que lograron sobrevivir con el paso del tiempo al avance de las grandes cadenas comerciales.

Durante el recorrido se narra también la historia de los libreros que en la mayoría de los casos pertenecen a familias que se dedicaron toda la vida a estas actvidades.

Uno de esos ejemplos lo encontramos en la historia del comercio más antiguo de la ciudad, Argosy Book Store, fundada en 1925, que se especializa en antiguedades y rarezas, además de tener una histórica y popular mesa de ofertas, que incluye cosas increíbles.

Entre los famosos que pagaron fortunas por ediciones originales de obras famosas se encuentran Franklin D. Roosevelt, Jackeline Kennedy, Bill Clinton, Michael Jackson, Sally Field y el compositor Stephen Sondheim.

Otra curiosidad es que entre sus empleados llegaron a tener la cantante Patti Smith en 1967.

El film explora también el delirante mundo de los coleccionistas y sus dealers que mueve fortunas impresionantes

En la película se muestra el caso de personas que estan dispuestos a pagar un dineral desorbitado por un ejemplar original de la primera edición de Casino Royale, de Ian Fleming.

Una cuestón donde obviamente abundan los millonarios snobs, que como mucho leyeron dos libros en sus vidas pero les gusta tener rarezas o ediciones antiguas para exhibirlas en sus casas.

Dentro de este submundo del coleccionismo se retrata la tarea de quienes se dedican a buscar estos materiales para sus clientes excéntricos.

La película también analiza como el desarrollo de internet cambió este ambiente para siempre, además de las subastas.

Conseguir una obra antigua hasta los años ´90 era una operación que podía tardar años y hoy con una tarjeta de crédito ni siquiera tenés que moverte de tu casa.

En el film se destaca el caso de Bill Gates, quien desde su hogar, por teléfono, compró por 28 millones de dólares, El Cófigo Leicester, el manuscrito de Leonardo DaVinci.

Otro detalle que me gustó del documental es que le da espacio a libreros de diferentes clases sociales.

Están los laburantes que mantienen el negocio familiar desde hace décadas y los que trabajan con clientes famosos o millonarios que buscan ejemplares muy específicos.

Entre los entrevistados conocidos aparece Rebecca Rommey, la experta en libros antiguos que Rick Harrison convocaba en el reality, El precio de la historia.

Si les interesa el tema, The Booksellers es un film que recomiendo y pueden encontrar con facilidad en el puerto de Jack Sparrow.

Este es el avance.

 

 

 

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7 comentarios

  1. Hola Hugo… no vas a hacer aunque sea un top five de lo mejor de Alan Parker?
    Creo que fue un gran hacedor de películas… me gustan mucho las que no son musicales…gracias.

  2. Hugo, buen día:
    Tu comentario inicial me llevo mil años atrás.
    Yo me eduque 100% en la educación pública (eran otros tiempos, era otra la historia…) la primaria la hice en la Escuela Normal Superior Dr. Agustin Agulla (alto nombre) en Córdoba Capital.
    Ahí, en su momento había una biblioteca enorme (o enorme por lo menos a mis ojos de alumno primario) y para poder ser «socio» además de alumno tenías que «pagar» la cuota anual con una boligoma, plasticola o similar y una hoja romani (si así se escribe) que eran los materiales necesarios para el mantenimiento de los libros.
    También, cuando estabas en 6to y 7mo grado, podías elegir un «taller de capacitación» que te formaba durante todo el año en un oficio… en mi caso elegí Botánica en 6to (mi apellido empieza con T y era por lista la asignación así que elegías lo que quedaba … eso nunca le paso a los Alvarez o los Amaya) y Encuadernación en 7mo.
    Increíble el nivel de educación publica que había en ese momento.
    Posta que parezco un viejo re viejo… y este año cumpli 38, así que no fue mil años atrás…
    En fin… nada, tu post me puso nostálgico. Parece mentira pero muchas veces ese «taller de encuadernación» me ayudo a juntar unos $$$ para el pancho y la coca (literal, por que era en lo que podía gastar la plata un chico de 12 años en una salida con amigos) por que yo vendía mi reparación de libros.
    Lo mismo que en esa época empezaba la utilización de libros contables digitales que después había que imprimir en una impresora a «matriz de punto» y encuadernar … bueno, ese laburo también lo hacia yo (con 12 años) y lo cobraba para después ir a los video juegos, o al video club…
    Nada… una boludez que me disparo tu post.
    Abz.

  3. Que historía Matías! Y sí eran otro tiempos de escuela pública. Yo llegué a participar en la mía en un taller de dibujos animados!
    Imposible encontrar eso en cualquie establecimiento.
    Abrazo.

  4. Una de las cosas que más extraño por culpa de la pandemia es ir hasta Capital y recorrer las librerías de calle Corrientes. Es muy cierto que el trato es diferente a la de las grandes cadenas y muchas veces se encuentran cosas muy buenas a buenos precios.

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