Nick y Nora Charles: The Thin Man (1934)

Sherlock Holmes, Hércules Poirot, Dupin, Sam Spade, el Padre Brown, Philip Marlowe y Mike Hammer.Todos grandes detectives de ficción que marcaron un hito en la literatura policial. Sin embargo, ninguno de ellos lograron alcanzar el mismo suceso que el matrimonio de investigadores Nick y Nora Charles, cuyas aventuras integran una de las sagas cinematográficas más exitosas y taquilleras en la historia del cine.

Ya sea que te apasione el género policial o seas amante del cine no podés desconocer una de las series más populares de la historia que brindaron historias maravillosas con una de las grandes parejas de Hollywood.

Me refiero a William Powell y Myrna Loy, quienes probablemente integraron la dupla con más química en la historia de este arte.

El impacto que tuvo esta pareja en el público fue tan grande que terminaron por protagonizar 14 películas juntos. Seis de las cuales pertenecen a la saga de The Thin Man.

Una historia concebida por el gran maestro y padre de la novela negra, Dashiell Hamett, quien se despidió de la literatura con este trabajo.

La novela fue un éxito tan grande que cuatro meses después de su publicación, en enero de 1934, el estudio Metro-Goldwyn-Meyer estrenó la adaptación cinematográfica.

Una película que filmaron en apenas 14 días y resulto la producción más aclamada de aquel año.

The Thin Man terminó nominada al Oscar como Mejor Película y William Powell como Mejor Actor.

Myrna Loy, quien venía trabajando en Hollywood desde la época del cine mudo con esta labor se convirtió en una de las más populares estrellas femeninas de la década de 1940.

Dashiell Hammett jamás se imaginó que los personajes causarían tal furor. Si bien el escritor nunca más volvió a trabajar con ellos, el éxito de The Thin Man generó que se hicieran cinco secuelas.

La saga arrancó en 1934 y y terminó en 1947.

Ahora bien, probablemente se pregunten qué tiene de especial esta propuesta para generar semejante fenómeno.

Se trata de una propuesta que logró hacer reír al público desde la primera a la última escena al mismo tiempo que narró una atrapante historia policial. La película del director W.S.Van Dyke (quien brindó la primera película de Tarzán con Johnny Weissmuller en 1932) sobresalió por el modo en que el cine noir se fusionó con la comedia de enredos.

Algo que no tenía antecedentes en este género que solía ser por lo general serio.

La historia combinó con mucho humor las clásicas tramas de misterio de Agatha Christie con el policial negro que caracterizó la obra de Dashiell Hammett.

Algo muy loco de esta producción que siempre me sorprendió es que el estudio no quería saber nada con la elección de los protagonistas.

Para los ejecutivos de la Metro William Powell era demasiado viejo para el rol (pese a que tenía 40 años) y Myrna Loy estaba encasillada en los roles de femme fatale.

Sin embargo, el director logró convencer a los productores que eran la dupla perfecta y de esa manera surgió una de las parejas más exitosas del cine hollywoodense.

Una clase diferente de detectives

Nick Charles es un ex detective que durante muchos años resolvió crímenes complicados para la policía de Nueva York.

Un hombre con mucha calle y experiencia que está acostumbrado a lidiar con los peores criminales. Un día conoce a Nora, una chica adorable de la alta sociedad, y termina perdidamente enamorado. Al poco tiempo se casa con ella y deja el mundo del crimen.

El matrimonio vive tranquilo disfrutando de una buena vida, acompañados por un perrito Fox Terrier llamado Asta que va con ellos a todos lados.

Nick vuelve a las andadas cuando un viejo amigo de él desaparece sospechado de haber cometido una serie de asesinatos.

Aunque en un principio el caso queda a cargo de la policía Nick y Nora luego deciden involucrarse en la investigación para averiguar que pasó con el amigo de la pareja.

El matrimonio de detectives estuvo inspirado en el propio Dashiell Hammett y su mujer Lillian Hellman. Aunque nunca se casaron estuvieron juntos durante 30 años y los Charles fueron básicamente una caricatura de ellos.

Un aspecto polémico de estos filmes siempre fue el alcoholismo de los personajes principales.

Durante el 90 por ciento de la película Nick y Nora se la pasan bebiendo tragos  de un modo enfermizo. Es gracioso porque durante la mayor parte de la trama los protagonistas siempre tienen una copa en la mano.

Técnicamente los personajes serían dos alcohólicos con graves problemas, pero en las película esto se muestra como algo divertido y grotesco y por supuesto ese enfoque generó críticas en algunos medios en su momento.

Los Charles se toman hasta la humedad de las paredes pero son divertidos y no muestran conductas negativas. El propio Hammett tenía inconvenientes con la bebida y él se rió también de eso en su novela.

Si hoy hicieran una remake (había un proyecto con Johnny Depp que no prosperó) este tema seguro se trabajaría de otra manera.

Cabe destacar que el éxito de The Thin Man fue tan grande que hasta el perrito Skippy que interpretaba a la mascota de los Charles se convirtió en el animal mejor pago de Hollywood.

Mientras a sus colegas caninos cobraban, 3.50 dólares por día a él ( o mejor dicho a sus dueños) le pagaban 250 dólares la jornada de trabajo.

La rapidez de los diálogos y el carisma de los personajes y sus intérpretes brindaron una experiencia especial dentro de este género.

Los minutos finales donde Nick revela la identidad del villano en una cena donde reúne a todos los sospechoso es extraordinaria.

Un tremendo peliculón que recomiendo conseguir.

El éxito de este film fue tan grande que dos años después de su estreno, en 1936, Nick y Nora Charles volvieron al cine en una continuación escrita por Dashiell Hammett.

El avance original de esta joya del cine que promocionaba la historia de un modo especial.

 

 

 

 

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