Reseña de Togo: El nuevo film de Adrián Caetano

Publicidad

Calificación: B-

Esta semana se estrenó en la nueva película del director Adrián Caetano que representa la primera producción uruguaya de la plataforma de streaming.

Togo desarrolla un cuento de personajes marginales que abraza el neo-western, un subgénero que el realizador ya había abordado con mejores resultados en la excelente Un oso rojo (2002), protagonizada por Julio Chávez.

En esta oportunidad Diego Alonso interpreta a un ex boxeador que alguna vez tuvo la oportunidad de destacarse en esa disciplina y en la actualidad se gana la vida como cuidador de coches en una plaza de Montevideo.

Su rutina diaria se ve alterada con la llegada de una banda de narcos de poca monta que busca adueñarse de las calles y lo intimidan para que se una a ellos.

El problema es que Togo es una especie Shane rioplatense que se rige bajo los códigos morales de la vieja escuela, donde la integridad personal no se negocia.

Mientras los nuevos delincuentes intentan copar el barrio el protagonista establece una amistad con una chica de una familia acomodada, quien escoge la vida en la calles para evadir la conflictiva relación que tiene con su familia.

Caetano elabora el vínculo entre estos dos personajes mientras retrata con solidez la realidad social que rodea al protagonista.

A medida que se desarrolla el conflicto la tensión aumenta y al conseguir que nos interesemos por los destinos de Togo y Mercedes el espectáculo se vuelve atractivo.

Lamentablemente el director luego decepciona con un tercer acto soso que le impide a esta producción sobresalir como una mejor película.

Lo que podría haber sido un neo latino con problemáticas sociales, en la línea de lo que suele hacer Taylor Sheridan, termina convertido en un unitario de Adrián Suar.

Togo derrapa por completo cuando el personaje de Diego Alonso, de la nada misma, se convierte en el Bruce Wayne de Beyond y empieza a combatir a los narcos más torpes de la historia con un bastón.

Una mala idea que da pie a numerosas situaciones inverosímiles que son imposibles de comprar.

Hay una escena donde uno de los delincuentes intenta acribillar al protagonista y falla todos los tiros, pese que a su objetivo se encuentra a unos pocos metros.

El arma se le traba y para el momento en que la corrige Togo, que es rengo, desaparece con una velocidad ninja.

Una habilidad que después usa también para treparse a los árboles pese a su condición física.

La torpeza con la que se resuelven las situaciones de acción son llamativas ya que Caetano siempre se destacó en estos aspectos.

La tensión que le imprimió a las secuencias de tiroteos de Un oso rojo acá brillan por su ausencia y el encuentro final entre el jefe narco y Togo parece salido de una de televisión de los años ´90.

Durante más de una hora la película amaga con desarrollar un turbio y cuando se acerca el momento de la resolución nos encontramos con un clímax que parece contenido en el tratamiento de la violencia.

Desconozco si esto fue una imposición de o estaba así escrito en el guión pero la película se desinfla notablemente.

Inclusive si la idea era que Togo evitara la violencia extrema de los narcos a la hora de combatirlos, el modo en que se presentan esa situaciones no son creíbles.

El resultado final es una propuesta que se deja ver pero probablemente quedará olvidada enseguida en la plataforma de streaming.

 

Notas relacionadas

Publicidad

4 comentarios

  1. No Hugo no me hagas esa crítica que me matas!! La voy a ver igual pero bueno…ya con lo que me contas.. «El otro hermano» también me pareció un muy buen Neo Western. Está en Netflix o estaba

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.