Los tres mosqueteros (1993)

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Primera parte: Recuerdos personales

En enero de 1994 fui a ver esta película al cine con mis amigos.

Quedé tan fascinado con el film que al día siguiente empecé un curso de esgrima en el Club Italiano de Buenos Aires.

En realidad lo acompañé a mi hermano que era seguidor de esta disciplina.

Él se había anotado por la pasión que tenía por el deporte y yo porque había visto una noche atrás la película de .

Lo que comenzó como una actividad de verano en 1994 se extendió hasta fines de 1997, período en el que me desempeñé como esgrimista federado.

Llegué a ganar medallas y trofeos en la categoría Sable, ocupando los primeros puestos del ránking nacional en juveniles.

También fui capitán del único equipo de esgrima que tuvo Racing Club en su historia. Un proyecto loco de mi profesor Sergio Turiace, quien por aquellos días era el director técnico de la selección nacional de esgrima.

Los uniformes que usábamos eran los mismo buzos que se les daba a los jugadores de Racing de Primera División. Nuestro capitán oficial era Rafael Di Tella, un reconocido esgrimista (hijo del ex canciller Guido Di Tella).

Excelente persona y deportista que hizo su carrera en Europa. Para que se den una idea de su jerarquía, que el tipo fuera capitán de nuestro equipo era como que Messi o Neymar liderara un equipo amateur de fútbol con chicos.

Éramos cinco. Mi hermano en florete masculino, Rafael en espada masculina, dos chicas en espada y florete femenino y yo en sable.

Cuando Rafel no estaba disponible yo asumía la posición de Capitán y otro amigo nuestro lo reemplazaba en espada. Todavía tengo en casa un par de trofeos que ganamos con ese equipo.

Aunque mi hermano tenía una gran pasión por esta disciplina yo debuté primero que él en competencias porque Turiace consideró que estaba listo.

A diferencia del 95 por ciento de los casos cotidianos gané mi primer asalto (5-3) en la categoría Florete, en el club GEBA, frente a otro pibe que tenía más experiencia.

Al día de hoy sigo sin entender cómo ocurrió eso porque es muy raro ganar el debut en una competencia. Sobre todo por los nervios que genera el torneo y el hecho que te enfrentás a rivales más curtidos en el tema.

Esa fue mi única actividad con esa arma, ya que mi profesor enseguida percibió que mi estilo de esgrima se acercaba más a Conan, el bárbaro que a D´Artagnan y por esa razón me pasó a la categoría Sable.

En ese momento éramos muy pocos los chicos que competíamos en esa disciplina, que estaba prohibida para mujeres porque se consideraba más violenta.

Hoy eso no corre más y las chicas también se desempeñan en esta categoría que es la más divertida.

Al menos, la más cinematográfica, donde todo se desarrolla con una mayor velocidad.

A continuación pueden ver como funciona un típico asalto de sable. Estos esgrimistas del video compiten en nivel Dios pero la experiencia les aseguro que es la misma.

¿Duelen los golpes del sable?

No, en la adrenalina del asalto la verdad que no sentís nada, pero si te pegan fuerte, como me pasaba a mí con mi archi enemigo del Círculo de la Policía Federal, puede quedarte alguna marca que al otro día desaparece.

Ese bastardo que me doblaba en edad (yo tenía 16 años) era extremadamente agresivo y lo amonestaban a menudo por pegar fuerte.

Recuerdo que en un principio le tenía pánico, hasta que después de estimular mi mente con las palabras de Duke en Rocky 4 (It´s a man, not a machine!) empecé a estudiarlo y me di cuenta que era completamente predecible porque atacaba siempre igual.

No tenía mucha creatividad y esa era su gran debilidad. Por eso usaba su presencia física para intimidar, junto con el ataque a los gritos, porque no contaba con más herramientas que esas.

De todos modos, es justo reconocer que yo también le devolvía algún que otro latigazo con la hoja del sable y recibía mis advertencias. Sobre todo de mi profesor que eran muy graciosas.

“Estás un torneo de esgrima, no en Highlander”.

Eran encuentros que se ponían muy picantes. Fuera de la pedana, la plataforma donde se lleva a cabo el asalto, después teníamos una relación amena y el tipo se transformaba porque era muy educado, pero en el momento del combate era todo a cara de perro.

Como no había muchos chicos de mi edad que practicaran sable en ese momento solía competir con gente mayor.

A los de mi edad les ganaba con facilidad, sobre todo después de lidiar con policías y militares, pero a los adultos me costaba un poco más.

Mi torneo más humillante lo viví una noche de invierno en el Cenard, donde enfrenté militares de 40 y 50 años. Me mataron.

No pude ganar un puto asalto. Me acuerdo que me dieron una medalla de consuelo por ser el más chico y haber participado hasta el final.

Así y todo después gané mis torneos y eventualmente vencí a mi Iván Drago personal en el asalto más memorable de mi vida que tuvo lugar en el club Obras Sanitarias en 1996.

Fue algo completamente cinematográfico. Un asalto que gané primero desde lo psicológico (¡El Eye of the tiger de Apollo funciona!) porque le perdí el respeto deportivo a mi rival y eso lo descolocó por completo.

El policía daba por sentado que me iba a ganar en la final y cuando empecé a bloquear todos sus ataques, al anticipar sus golpes, quedó desconcertado.

Al no poder anotar se puso loco por la impotencia y yo empecé a entrar por todos lados.

En la maravillosa estocada final, que es un recuerdo memorable que me llevaré a la tumba, le partí la hoja de su sable con una parada de su ataque a mi flanco izquierdo. Luego dirigí la punta de mi sable hacia su pecho y lo liquidé, en el sentido deportivo por supuesto.

Si cuando te morís te pasan la película de tu vida ese momento tiene que estar en los highlights de mi montaje.

Jamás celebré tanto una victoria como ese día. Era Rocky en Moscú porque no alcazaba con ganarle sino que buscaba pasarlo por arriba y que quedara caliente con la derrota.

Unos segundos después que me dieron la victoria la hoja de su sable se partió en dos. Sinceramente pensé que me cagaba a trompadas pero se la bancó como un caballero.

El poli estaba a las puteadas porque ya en la época en que el dólar estaba uno a uno las armas eran carísimas. No me quiero imaginar lo que debe ser ahora.

Mi hermano, que se tomó esto mucho más en serio que yo, terminó en la selección nacional, en la categoría espada, y se convirtió en profesor.

Yo tuve las chances de entrar en la selección juvenil pero para la decepción de mi profesor (entiendo su enojo) abandoné el esgrima para encarar la carrera de periodismo.

El otro tema es que nunca me sentí cómodo en el ambiente de esta disciplina. Como ocurre con la mayoría de los deportes individuales el ego de los esgrimistas con el tiempo se vuelve infumable y la obsesión con la competencia te come la cabeza.

Al menos es lo que ocurrió con el 90 por ciento de las personas que conocí. Mi hermano incluido.

Yo estaba ahí más que nada por la diversión recreativa. Durante los asaltos sentía realmente que estaba dentro de una película, cosa que no volví a experimentar con ningún otro deporte.

La actividad es muy divertida, la gente que la rodea no tanto. Rescato no obstante a mi profesor y mis compañeros de equipo de quienes me quedaron los mejores recuerdos.

Fue un verdadero lujo ser su alumno.

Creo que si le hubiera mencionado a alguien que estaba ahí por el film con Charlie Sheen me hubieran sacado de la sala de armas de una patada en el culo.

Sin embargo, la realidad es que nunca había tenido la intención de competir en torneos y mucho menos pensar que me podía ir bien.

Simplemente me anoté en esgrima porque me había fascinado la gran película de Disney que paso a reseñar en el siguiente post.

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15 Comentarios

  1. “Estás un torneo de esgrima, no en Highlander”.
    Casi escupo el mate que me estaba tomando con este comentario.. jajajajajaja
    Increible anecdota Hugo!!!!

  2. Conozco mucha gente (mi esposa incluida, y yo pude ser otro mas) que hizo Kendo luego de ver Rurouni Kenshin. Asi que entiendo el sentimiento perfectamente jejeje.

    Hay una película con Eric Roberts y F Murray Abrahams sobre esgrima, la ubicas? Que te pareció? Mi recuerdo al verla fue que ahi empecé a ver a la esgrima como otro arte marcial.

  3. Que buena introducción Hugo! Recuerdo varios comentarios tuyos tirando que habías hecho Esgrima y ahora leer más en detalle que te llevó a practicarlo y lo que avanzaste, me deja sorprendido.

    Lamentablemente sí, debe ser un ambiente bastante heavy de Egos y vos que ibas a divertitte -y ser Highlander jaja-, te debe haber distanciado un poco.

    Debe ser un deporte hermoso, pero esas cosas la bajan.

  4. Sí Tomás, pero no para competir porque son estresantes los torneos y ya la tuve la experiencia.Como actividad recreativa cada tanto me dan ganas.

    No sé si ocurre lo mismo con las artes marciales, pero en esgrima es cimo andar en bicileta, una vez que aprendiste lo básico, lo esencial ya queda incorporado y poder seguir adelante. Después viene la práctica. En este caso todos los movimientos de ataque y defensa me salen solos pero hay que ponerlos en acción.

  5. Mi profesor me dio una vez práctica de kendo, conocida occidentalmente como esgrima de bastón.
    Es Star Wars así de simple. Si encima sos cinéfilo te quema la cabeza.

    By the sword! Un clásico de los ´90. La historia no era gran cosa pero el retrato de la esgrima en las secuencias de acción era impecable.

  6. Sí Juanma, pero aclaro que no todo el mundo es así!!

    Lo remarco porque siento que me quedó un poco negativo el final. Yo me refería a los niveles de alta competencia donde los torneos tienen sus efectos psicológicos. Lo mío fue bastante accidental, yo no me metí en esgrima para ganar torneos sino que terminé compitiendo porque se dio de esa manera. Cuando empecé a avanzar me di cuenta que los egos se ponían más complicados y ya no lo disfrutaba tanto.

    De hecho mis torneos favoritos siempre fueron los que eran por equipos porque tenían otra mística y sentías el apoyo de tus compañeros. Hay que llegar a 20 puntos por postas y cada arma compite por cinco puntos. Los trofeos que tengo de Racing pertenecen a esas competencias.

  7. Muy buena anecdota!!! Que loco como puede influenciarte una pelicula y que bueno que hayas podido desarrollarlo.

    Yo se que me vas a matar por este comentario pero cuando leí…

    “Al día de hoy sigo sin entender cómo ocurrió eso porque es muy raro ganar el debut en una competencia. Sobre todo por los nervios que genera el torneo y el hecho que te enfrentás a rivales más curtidos en el tema”

    … lo primero que se me vino a la cabeza es Daniel Lorusso en Karate Kid contando su historia jajajajajaja

  8. Muy buena experiencia! Hace unos años empecé a entrenar jiu-jitsu y te doy la derecha de que los torneos son bastante estresantes. Además ya tengo 40 años y mi mentalidad competitiva y mi físico no son iguales que cuando era más joven, muchas veces me ha tocado luchar con pibes de 20 años y la energía que tienen es muy superior, pura testosterona. Así y todo he llegado a meter un segundo puesto en un torneo y cada tanto me mando como carne de cañón, más que nada como una competencia conmigo mismo.

  9. Muy interesante Hernán.
    Esa es una diferencia tal vez entre el esgrima y las artes marciales.

    Un persona joven con más energía puede ser derrotado por un esgrimista que domine mejor el arma, lo que pasa que ahí entra en juego la preparación físico del veterano. Hay que bancarse un asalto de cinco puntos después de los ´40.
    Meter un segundo puesto en tu caso tiene el doble de valor.

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