Historia de Wonder Woman: Volumen II

Capítulo 47:  Las rarezas de George Pérez

Dentro de la bibliografía de la amazona la etapa de George Pérez es probablemente la más más celebrada por fans del personaje y artistas del cómic, debido a la innovaciones que generó en el personaje y el género.

Sin embargo, esa expectactiva inicial que llevó a Wonder Woman a convertirse nuevamente en un best seller después de mucho tiempo luego se desinfló y la obra del autor pasó a ser una historieta de nicho.

El problema fue que al desarrollar una propuesta que rompía con los convencionalismo del género el autor también perdió lectores que no se engancharon con este tratamiento intelectual y poético de la heroína.

Cuando lees el cómic de manera cronológica te das cuenta que Pérez intentaba complacer al lector general con aventuras y secuencias de acción pero cada tanto insertaba la clase de relatos que le gustaba explorar.

Historias que desconcertaban por completo al seguidor general de DC.

En esta nota voy a destacar esos números especiales que hoy se consideran clásicos memorables de este arte y fueron a contramano de los que se supone debe ser una revista de superhéroes.

 NÚMERO 20 (Septiembre de 1988)

Tras el fallido encuentro romántico con Superman y una aventura de acción en Grecia, Diana volvía a Estados Unidos para encontrarse con la impactante noticia que su publicista Myndi Mayer había sido asesinada.

Un personaje que hasta ese momento había tenido una presencia fuerte en el reparto secundario.

Lo que podría haber sido un típico cómic de Batman el autor lo convirtió en un fantástico relato policial que evocaba los cuentos de Ross MacDonald con el detective Archer.

Un detalle muy interesante es que Pérez desarrolla la trama desde la mirada del detective Eddie Indelicato y el conflicto es narrado a través de un informe técnico que evoca la novela policial negra.

La muerte de Myndi resulta un golpe devastador para Diana porque aniquila su inocencia de creer que puede salvar al mundo con sus poderes e ideología pacifista.

En este relato aprende que hay cosas que están fuera de su control y la humanidad es mucho más compleja de lo que ella creía.

La gran sorpresa del caso es que si bien el cuerpo de Myndi aparecía baleado la autopsia determinaba que había muerto previamente de una sobredosis de cocaína.

Una adicción que había mantenido en secreto con todas las personas que la rodeaban.

Hasta ese momento el tema de las droga había aparecido en mucho títulos de Marvel y DC pero Pérez le dio un tratamiento inusual donde no juzgaba al adicto, sino que establecía un debate muy interesante.

¿Qué lleva a una persona a drogarse y emprender un camino de autodestrucción?

Myndi Mayer era casi millonaria, famosa, tenía todas las posesiones materiales que cualquiera podría desear, pero su vida interior estaba vacía.

Nadie la conocía realmente y nunca se había abierto con ninguna persona para compartir el dolor que la atormentaba.

 PRIMER ANUAL DE 1988

Con esa fantástica portada ilustrada por Brian Bolland (Watchmen), Wonder Woman llegó a su primer anual con un especial que brindaría la historia que Pérez considera una de las mejores obras de su carrera.

La premisa central del relato describe el viaje que realizan Julia y Vanessa Kapatelis a Themiscira como las primeras humanas que visitan la tierra de las amazonas.

Durante la semana de estadía se describen numerosas historias relacionada con la mitología y el mundo de Diana.

La vista además dispara un largo arco argumental que representaría la despedida de Pérez en este cómic.

A raíz de las visita de las amigas de Diana, la reina Hipólita considera la posibilidad que las amazonas se abran al mundo de los humanos y compartan su cultura con la sociedad patriarcal.

Un tema que llevará numerosas discusiones entra las guerreras en los siguientes números.

Sin embargo, el relato más importante de este anual llega al final y se trata de un trabajo de Pérez inspirado por Alan Moore.

Testamento fue un epílogo de la muerte de Myndi Mayer y presentó un momento histórico en el género de superhéroes y los cómics mainstream de Estados Unidos.

En esa historia el lector descubría la sufrida vida de la publicista, antes de hacerse millonaria y famosa. Myndi había tenido que lidiar con un padre que sufría Alzheimer y un hermano homosexual que había sido discriminado por su madre y su otra hermana.

Dentro de ese ambiente, las drogas resultaban su modo de encontrar un poco de paz en su existencia cotidiana, algo que eventualmente terminaba por acabar con su vida.

Por otra parte se revelaba que Myndi había tenido una profunda admiración por Diana y las amazonas y su trabajo para difundir su mensaje no se relacionaba con intereses comerciales, aunque ella aparentaba lo contrario.

Durante este historia la aparición del hermano de Myndi y su novio representó la primera inclusión de una pareja gay en un comic de la editorial DC Y el género de superhéroes en general.

Hoy en el 2018 esto puede sonar banal, en los X-Men de hecho abundan los personajes gays y Marvel tiene una heroína lesbiana como Miss América, pero en el momento en que se publicó este anual fue algo completamente radical.

SEGUNDO ANUAL  DE 1989

Otra propuesta cien por ciento Pérez donde no hay una maldita escena de acción en un especial de 54 páginas.

Toda la trama es una larga conversación entre personajes y resulta fascinante. En Wonder Woman Pérez fue claramente el Richard Linklater del cómic.

Tras la muerte de Myndi Diana finaliza su contrato con la agencia de publicidad y junto a los colegas de la directora de marketing y Julia Kapatelis ayuda a los empleados a desalojar las oficinas.

Mientras guardan los materiales de publicidad de la campaña de la amazona recuerdan diversas anécdotas que revelan hechos desconocidos de Wonder Woman.

El relato más importante de este especial es el segundo reencuentro entre la amazona y Superman que Julia revela en la charla.

Una historia muy interesante donde los héroes se reúnen bajos sus identidades civiles para cerrar los cabos sueltos entre ellos.

Pérez en este caso le dio más profundidad al fallido especial escrito por John Byrne que destaqué en el capítulo anterior.

Lo genial de esta historia es que ambos personajes, con una honestidad brutal, llegan a la conclusión que entre ellos no hay ningún tipo de química para establecer una relación de pareja.

En otra palabras, Diana lo pone en el freezer a Superman y literalmente le confiesa que no siente ninguna atracción por él.  Clark por su parte también menciona que se dejó llevar por la apariencia física de ella pero después se dio cuenta que estaban en sintonías diferentes.

Aunque las chances de un romance quedan completamente aniquiladas ambos deciden continuar el vinculo a través de una amistad que se volvería más estrecha en los años siguientes.

 NÚMERO 41 (abril de 1990)

Otro relato donde Geore Pérez pateó el tablero y desconcertó a los lectores y a sus colegas con una historia que no tenía antecedentes en la historieta norteamericana.

The Ties That Bind fue un relato sobre la menstruación.

Una historia muy emotiva que describe la experiencia emocional que representa para Vanessa Kapatelis su primera menstruación.

El relato es narrado desde su perspectiva a través de una carta que le escribe a su madre, quien en ese momento se encontraba en Turquía dirigiendo una expedición arqueológica.

Pérez explora el proceso de maduración que representa el desarrollo físico de Vanessa en un relato que no es otra cosa que un coming-of.-age femenino que era imposible encontrar en un cómic de este tipo.

NÚMERO 46 (septiembre de 1990)

En mi opinión la obra maestra de George Pérez en su paso por la revista de Wonder Woman.

Si tuviera que elegir un sólo cómic que definiera su obra en esta revista fue este inolvidable número.

Una historia terriblemente emocional donde Pérez abordó un tema muy delicado y jodido como el suicidio en adolescentes.

Una vez más la historieta de la amazona rompió con todos los convencionalismos para tratar un conflicto que no tenía precedentes en el género de superhéroes.

No hay acción, ni peleas y Wonder Woman apenas aparece en un rol muy limitado y pese a todo su lectura resulta apasionante.

Si venías leyendo el cómic desde el comienzo este fue un número muy duro de digerir por la carga dramática que tenía.

Hasta ese momento Lucy Spears era un personaje secundario que aparecía como la mejor amiga de Vanessa Kapatelis.

Lucy era la chica popular en su círculo social y aunque no siempre trataba bien a Vanessa compartían la mayor parte del tiempo en la escuela juntas.

A simple vista era una joven común y corriente que en apariencia tenía una vida perfecta.

Entonces un día se suicida.

El cómic explora las consecuencias que esto trae en sus seres queridos al mismo tiempo que se explora a través de flashbacks diversos momentos de la vida de Lucy donde se retrataban sus virtudes y sus actitudes mezquinas.

Antes del trágico hecho, la joven tenía una fuerte pelea con Vanessa a quien consideraba una nena inmadura por usar los brazaletes de Wonder Woman y el resto del merchadising de la amazona.

Más tarde se revelaba que Lucy también idolotraba a Diana y su cuarto estaba poblado con elementos e imágenes de la heroína en un descubrimiento que devastaba a la pobre protagonista, quien ya venía golpeada con la muerte de Mindy Mayer.

Con una maestría absoluta Pérez en este caso exploraba el tema de la depresión y el modo en que tiende a ser subestimada como enfermedad.

No había una respuesta concreta para explicar la decisión de Lucy, sus padres la amaban y tenía un vida social común como cualquier adolescente, pero el cerebro humano es terriblemente complejo y hay cosas que simplemente no se pueden explicar.

Una cuestión que estaba muy trabajada en una gran viñeta donde Diana buscaba la contención de su madre tras la trágica decisión de Lucy.

Hipólita menciona que hubiera sido imposible ayudarla si ella estaba cerrada a ocultar lo que le pasaba. Un tema que se vinculaba directamente con la muerte de Myndi.

La verdad que este es probablemente uno de los cómics más emocionales que leí en mi vida y no es poca la gente que terminó su lectura en lágrimas.

George Pérez le dio una humanidad tan grande a sus personajes y al género de superhéroes en general que despertaba este tipo de reacciones.

Es una pena que hoy la revista de Wonder Woman este completamente alejado de este perfil para  presentar secuencias de acción cada tres páginas como si a los lectores actuales no les diera la cabeza para seguir un conflicto.

No digo que todo los números deban ser como el histórico 46 pero también hay que explorar el género con un poco de madurez.

Hasta la fecha Pérez considera esta historia su mejor labor en el cómic de la princesa amazona y se arrepiente de no haberlo ilustrado.

En ese momento el arte de la revista había quedado en manos de Jill Thompson, quien estaría cargo en esa función hasta la despedida del escritor.

Continuará.

 

 

 

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