Historia de Wonder Woman

Episodio 38: El fin de una era

Por primera vez desde su creación, en 1941, las chances de desaparecer de la editorial DC se volvió una seria realidad para Wonder Woman a mediados de los años ´80.

Una crisis que no surgió de la noche a la mañana sino que se prolongó con el paso del tiempo y en especial dos factores importantes que generaron esta situación.

En primer lugar la falta de estabilidad de los equipos creativos. Los buenos guionistas como Gerry Conway, Len Wein y Roy Thomas que le habían dado más profundidad al personaje duraban poco, ya sea porque los designaban a otros proyectos o los artistas se retiraban por decisión propia.

El trabajo de Thomas había sido muy bueno a comienzos de los ´80, pero cuando le redujeron la extensión de las historias para incluir el complemento con la heroína The Huntress, el escritor dejó el cómic porque sentía que estaba limitado a narrar argumentos cortos.

El otro factor que definió la caída de Wonder Woman en los cómics fue la madurez de los lectores.

Las historieta desde fines de los años ´60 habían dejado de ser pasatiempos infantiles en el género de superhéroes y los lectores demandaban tratamientos más complejos de los personajes.

Mientras revistas como The New Titans, X-Men o Capa y Puñal se involucraban con temáticas sociales serias y conflictos oscuros, Wonder Woman lamentablemente se había estancado en el pasado y parecía una revista de la Era de Plata.

El reemplazo de Roy Thomas que designó la editorial fue Dan Mishkin, quien resultó una enorme decepción.

Mishkin sobresalió en esa compañía por crear una historieta muy original de los ´80 como fue Amethyst, Princess of Gemworld que trabajaba el concepto de los superhéres con un enfoque más centrado en el género de fantasía.

La trama era muy buena y diferente a todo los que se hacía en DC con los personajes femeninos en ese momento.

Sin embargo cuando a Mishkin le tocó escribir Wonder Woman el material que brindó fue muy decepcionante porque atrasaba 20 años.

Mishkin presentó una especie de regreso a la Era de Plata de Robert Kanigher con argumentos tontos donde hicieron su debut los Gremlins.

Una raza alienígena que no tenia conexión los personajes del cine y parecían salidos de otro cómic.

Los Gremlins, que eran infumables, hicieron su debut en el número número 311 (1983) que parecía estar dirigido a niños de seis años.

La trama era muy tonta y la presencia de Diana se sentía forzada porque parecía otra revista.

A partir de la llegada de Mishkin la historieta empezó a perder lectores y ni siquiera el regreso de la villana Circe en el número 313 pudo recobrar la confianza de los fans.

En un intento por salvar a la princesa amazona de la inevitable debacle que se avecinaba, Dan Mishkin le dio un enfoque más dramático a los argumentos con el polémico número 322 (1984), que causó el enojo de muchos seguidores de esta propuesta.

En este relato se revelaba el misterio de las resurrecciones de Steve Trevor y la pérdida de memoria de Diana en su etapa como agente secreta en la era de Denny O´Neil.

Lamentablemente el pobre Mishkin no pegó una y su historia no hizo más que generar confusión y alejar más a los lectores.

La trama era caótica y la Reina Hipolita le confesaba a su hija que ella había sido responsable de borrarle la memoria para evitarle el sufrimiento por la muerte de Trevor.

Esto generaba un conflicto de Diana con su madre y las amazonas, debido a que la protagonista sentía que había sido manipulada. El autor luego complicaba más esta situación.

Hipólita revelaba que el primer Steve Trevor que había resucitado no era el soldado, sino que se trataba de Eros, el hijo de Afrodita que había tomado los recuerdos del hombre para asumir su identidad.

Eso explicaba su extraño comportamiento y la falta de química con Diana.

La reina de la amazonas que estaba empecinada en arruinarle vida a todos, también confesaba que la propia Afrodita había teleportado al actual Steve Trevor de un mundo paralelo y por lo tanto tampoco era el soldado original.

Eros, celoso por la presencia del Trevor alternativo, iniciaba un duelo con el soldado pero Diana detenía el conflicto y vencía al hijo de Afrodita.

Cuando Eros entraba en razón y reconocía el error de su conducta decidía transmitirle a Trevor los recuerdos del soldado original.

Además de generar una enorme confusión con los lectores, esta historia dejó muy mal parada a Hipólita, quien de algún modo quedaba como la villana manipuladora de la historia.

La relación de Diana con su madre, que analizaré con más profundidad en otra entrega, siempre fue una de las claves argumentales del cómic y ahora se había distorsionado con un giro que no terminaba de convencer.

La quejas de los lectores se hicieron notar en las cartas que llegaban a la editorial y las ventas de la revista decayeron muchísimo.

Por primera vez en la historia del personaje, los editores tuvieron que pedirle a los fans en el correo de lectores que le dieran una posibilidad al cómic para evitar su desaparición.

Así fue que Wonder Woman en su peor momento, en 1984, pasó a convertirse en una historieta de publicación bimestral, algo que hubiera sido impensado años atrás.

Más historias malas de Mishkin, como el número 323, donde Etta Candy tomaba el rol de Wonder Woman hicieron poco por mejorar esta situación.

La realidad es que el final de la amazona estaba decretado y en DC al menos tuvieron la intención de darle al personaje la mejor despedida posible.

En la editorial se avecinaban cambios radicales y Wonder Woman no era parte del futuro de la compañía.

La primera decisión que tomaron los editores fue desvincular del guión a Dan Mishkin para delegar el cómic en la escritora Mindy Newell, quien sería la responsable de restaurarle la dignidad perdida a la heroína en sus momentos finales.

Entre los números 326 y 328 (1985) la autora presentó un enfoque más moderno con argumentos serios que se encargaron de construir la transición al episodio final.

La triste cancelación de Wonder Woman en febrero de 1986 no fue abrupta sino que estuvo planificada por DC durante varios meses. Por ese motivo le dieron a la princesa amazona el final que se merecía debido a la jerarquía que tenía la heroína dentro del género.

El número 329 que marcaría el final de una era fue un especial de 42 páginas y el guión estuvo a cargo de Gerry Conway, el mejor autor que había pasado por la revista en los últimos años.

La trama presentaba una aventura épica centrado en la mitología de las amazonas, donde Diana junto a su madre y sus compañeras de Isla Paraíso debían impedir la invasión de un ejército de guerreras zombis resucitadas por el dios Ares.

El argumento tenía mucha acción y suspenso y se encargaba de atar todos los cabos sueltos que habían quedado en la vida Diana.

La protagonista le revelaba su verdadera identidad a Steve Trevor y Etta Candy, quien finalmente conseguía establecer una relación con un hombre que la aceptaba por sus sentimientos.

Conway hizo un trabajo fantástico con el clímax que presentaba una batalla épica donde se podía disfrutar de Diana en todo su esplendor.

Una vez más quedó demostrado que el problema no era el personaje sino los guionistas que la trabajaban.

Hacia el final se producía la postergada e histórica boda entre Wonder Woman y Steve Trevor, que no tuvo la profundidad emocional del casamiento de Donna Troy, pero fue un buen modo de concluir este conflicto.

En la última página dedicada a la memoria de William Marston, los protagonistas se besaban mientras se preparaban para disfrutar de la luna de miel.

Sin embargo, en un párrafo adicional se daba a entender que los tiempos felices para la heroína no serían duraderos.

¡El mes que viene Wonder Woman enfrenta su desafío final y nada volverá  a ser lo mismo!

El mensaje no era una exageración.

En efecto, las novedades que se avecinaban cambiarían para siempre el género de supehéroes en los cómics.

Continuará.

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