Shogun: La novela y miniserie de James Clavell

 Shogun no sólo quedó en el recuerdo como una de las más grandes novelas históricas escritas en el siglo 20, sino que además representa una auténtica obra maestra del cine en materia de adaptaciones literarias.

Ya sea en su versión original o en el formato de miniserie de televisión, la creación de James Clavell requiere un compromiso y paciencia del lector o el espectador.

En la literatura nos encontramos con una novela de 1136 páginas que demanda un tiempo extenso de lectura y en el cine la situación no es menos sencilla, ya que se trata de una película épica de 12 horas de duración.

Shogun sobresalió desde el momento de su publicación, en 1975, como uno de los grandes fenómenos culturales del siglo 20 que acercó a Occidente la cultura japonesa de un modo muy especial.

Si hoy en el patio de comidas de un shopping center es normal encontrar un local de sushi es porque la obra de Clavell lo hizo posible.

No es una broma y está probado que el sushi en los Estados Unidos y posteriormente en el resto del continente se hizo popular luego del estreno de Shogun en la televisión.

Esta cuestión no sólo se limita a  la comida japonesa y  la subcultura samurái, ya que además introdujo a nivel popular el concepto de los ninjas, que luego explotarían en los años ´80 con numerosas películas y series de televisión.

En lo personal considero esta obra como uno de los más grandes placeres culturales que uno va a disfrutar en la vida. Son esos clásicos auténticos que resisten el paso del tiempo y siempre se disfrutan.

Me acuerdo que cuando compré el libro por primera vez lo hice con mucha cautela.

En ese momento venía de mi derrota con Moby Dick, que tuve que abandonar porque era una tortura tediosa, y la idea de seguir con otra historia épica no me parecía lo más adecuado. Dudé mucho en leerlo.

Sin embargo, como me atraía el mundo del Japón feudal y las historias de samuráis decidí darle una oportunidad.

Ni en el más loco y excéntrico de mis sueños me hubiera imaginado lo que iba a encontrar.

Shogun resultó una de las más grandes y adictivas experiencias literarias que viví en mi vida y siempre la recomiendo porque representa esa clase de clásicos que tenés la obligación moral de conocer antes de morir.

La novela

El ventarrón lo azotaba, y él sentía su feroz mordedura en su interior y sabía que si no tocaban tierra en tres días morirían todos.

Esa tremenda primera oración de Clavell, que evoca el mejor Emilio Salgari del género de aventuras, abre la puerta a un viaje sin retorno.

La apasionante narración del autor te atrapa desde el prólogo y cuando pasaste las 700 páginas entonces estirás la lectura porque no querés que se termine.

Así de apasionante es Shogun.

La novela tiene 1136 páginas y no hay una subtrama o personaje que sobre. Clavell construyó tan bien su relato, con tanta detalles históricos tan ricos, que no sentís su extensión.

El retrato que hace del submundo escalofriante en el que vivían los samuráis es muy apasionante por la reglas que tenían y las continuas luchas de poder entre ellos.

En ese sentido se puede establecer una relación con los mafiosos del siglo 20 por las conspiraciones y continuas traiciones que se daban entre los clanes.

A Shogun no le sobra una coma y es una tremenda novela histórica de aventuras que se desarrolla en el Japón feudal del año 1600. El conflicto tiene lugar antes de la famosa batalla de Sekihara (que definió para siempre la historia de ese país) y se centra en el ascenso al poder del señor feudal Toronaga.

Un líder que en la vida real fundaría una dinastía que se mantendría vigente hasta el siglo 19.

El relato de Clavell es narrado desde la perspectiva de un marinero inglés al servició de Holanda, John Blackthorne, quien es capturado por los japoneses cuando su barco encalla en la playas del japón.

Este personaje estuvo inspirado en el marino británico William Adams, quien terminó convertido en uno de los principales asesores del Shogun, Tokugawa Ieyasu (la inspiración de Toronaga), motivo por el cual quedó en el recuerdo como uno de los extranjeros más influyentes en la historia de ese país.

Blackthorne llega a Japón en un momento en que todos los señores feudales buscan convertirse en la máxima autoridad militar (Shogun) de Japón y termina involucrado en el centro de las disputas políticas.

La novela es apasionante por la rigurosidad histórica con la que se describe la cultura de los samuráis y las tensiones políticas de esa época.

Un conflicto que incluye además la disputa entre los japoneses y los misioneros jesuitas que intentaban evangelizar a los orientales y el choque de culturas que eso generaba.

La novela fue en un enorme suceso comercial en 1975 y en 1980 se adaptó en una de las más grandes miniseries en la historia de Hollywood.

La miniserie

En lo personal recomiendo leer antes el libro, pero si por algún motivo no tenés ganas de hacerlo, la adaptación para el cine es brillante y traslada con mucha fidelidad la historia de Clavell.

Un mérito que corresponde al guionista Eric Bercovici, quien hizo un trabajo brillante a la hora de trasladar en un lenguaje audiovisual una novela de la complejidad de Shogun.

La verdad que las diferencias entre la versión literaria y la miniserie son minúsculas.

Bercovici eliminó por una cuestión de tiempo algunas subtramas de personajes secundarios y cambió un par de situaciones que vive el marino inglés que no afectan en absoluto espíritu del libro.

La trama sigue con una riguridad notable la trama original y todos los hechos importantes fueron recreados en el cine.

Shogun tuvo como protagonistas a Richard Chamberlain (en el papel más famoso de su carrera) como Blackthorne y Toshiro Mifune en el rol del señor feudal Toronaga.

La miniserie se filmó íntegramente en Japón y contó con la excelente fotografía de Andrew Laszlo, colaborador de Walter Hill en The Warrior, y la narración de Orson Welles.

Cuando se estrenó en 1980 ,en cinco emisiones consecutivas (entre el 15 y el 19 de septiembre), Shogun tuvo un impacto profundo en la caída de ventas de entradas de cine y los restaurantes vacíos, ya que los norteamericanos no salían de sus casas para ver la serie.

Este elemento adictivo que tenía la novela se trasladó muy bien en esta producción y las historia resultaba apasionante por la cultura que retrataba.

Hasta el estreno de Shogun ninguna película hollywoodense había trabajado el mundo sádico y cruel (para los ojos occidentales) de los samuráis y esta historia además  lidiaba con temas que no tenían antecedentes en la ficción.

La violencia de los guerreros orientales no fue moderada y el director Jerry London describía en detalle los rituales suicidas de los japoneses que eran muy intensos de ver.

Para el rol de Blackthorne los productores y el escritor James Clavell querían a Sean Connery, pero el actor rechazó el papel porque se negaba a volver a Japón luego de la odisea que había vivido en la filmación de Thunderball en 1965. Un tema que ya trabaje en la restrospectiva Bond.

Los realizadores convocaron a otro famoso actor de la saga de 007, como Roger Moore, pero el artista rechazó el papel ya que en 1980 las miniseries para televisión todavía eran consideradas un género menor.

En este punto encontramos otra de las virtudes de Shogun, ya que junto con Raíces, elevaron la calidad artística de los contenidos en televisión en impulsaron el desarrollo de más historias en este formato.

Un detalle interesante de esta propuesta es que técnicamente no tiene tantas secuencias de acción, sin embargo la historia resulta apasionante por las intrigas políticas y el rol que juega Blackthorne en los hechos cruciales de la disputa por el título de Shogun.

El nivel de las actuaciones, que incluyó a un excelente John Rhys Davies (El señor de los anillos) en el rol de un marino portugués, era impecable y también contribuyó con la popularidad de la miniserie.

Otra figura notable del reparto fue Yoko Shimada, en el rol de la geisha Mariko, quien era la intérprete del protagonista, y se expresaba en un perfecto inglés pese a que en la vida real no dominaba ese idioma.

Debido a que la narración del conflicto se establecía desde la perspectiva de Blackthorne, muchas escenas habladas en japonés no tenían subtítulos, y el espectador entendía sólo lo que el personaje llegaba a comprender.

Sostener este enfoque en una producción de 12 horas de duración no es sencillo y el guionista Bercovici hizo un trabajo brillante en este aspecto.

El espectador aprendía las palabras japonesas básicas junto al personaje de Chamberlain y hacia el final muchas frases terminan por resultar familiares.

Shogun es esa clase de obras maestras que no pierden vigencia con el paso de los años y no importa en que momento de la vida la descubrís, la experiencia siempre es apasionante.

En Argentina se editó en dvd y la edición presenta la serie en cuatro discos y un cd adicional con documentales.

También pueden ver la versión completa en You Tube con el doblaje latino, tal cual se emitió en nuestro país en los años ´80.

Ya sea la disfruten en la literatura o el cine, en cualquiera de los casos los espera una historia inolvidable.

5 Comentarios

  1. La vi cunado era muy chico por aquellos ochenta, en canal nueve, …fue todo un suceso, era polemica ya que de entrada cortaban cabezas y no era muy comun ver eso en la tele. Basta recordar que antes de cada capitulo daban brigada A donde explotaba todo y no moria nadie. Coincido Hugo, shogun y shaka zulu (supongo inflenciada por esta) levantan la calidad de las series hasta entonces… ahora voy por el libro a ver que pasa.

  2. Me acuerdo haberla visto de chico y la volvi a ver de Grande la adaptacion…Es simplemente genial, eso si, un poco larga, pero genial…Yo a Chambelain lo tengo mas presente por su papel de Cura en el Pajaro Canta hasta morir, sera porque en mi casa no se perdia cuando las series se pasaban por TV y semanalmente ( se me caen las sotas de la edad :))…pero lo hizo mejor en Shogun.

  3. Recuerdo que la daban en canal 9.
    Me viene tu recomendacion porque acabo de terminar de leer la Dalia Negra y no se con que seguir!!!
    Saludos

  4. Excelente miniserie..como olvidarla.
    y como dice Emmanuel, otra de las miniserie que mas recuerdo del actor Richard Chamberlain es la del famosos cura.
    Juntos con Raices, fueron series exitosa no solo en Estados Unidos, tambien en nuestro pais.
    Tambien recuerdo a Richard Chamberlain en la copia barata de de Indiana Jones, en la pelicula las minas del rey salomon y su secuela…y la vi a ambas en el cine,je.

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