La invasión de los zombies atómicos

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images (2)La tenía olvidada la sección de películas malas que divierten.

Este es un tremendo clásico del tano Umberto Lenzi, quien es un auténtico maestro del cine bizarro.

Lo loco de su filmografía es que hizo producciones delirantes en todos los subgéneros posibles como el giallo, el spaguetti western, el macaroni combat (que se relaciona con las películas italianas bélicas) y el terror.

En esta última categoría el cineasta es recordado por haber realizado la secuela clandestina de Evil Dead 2 que se tituló La Casa 3. Tengo que hacer una nota de esa película.

En mi caso personal me resulta absolutamente inconcebible obviar una película que lleva como título La invasión de los zombies atómicos.

Mi cerebro ni siquiera puede producir el proceso químico para que se genere esa idea.

Es más, hasta considero una obligación moral e intelectual conocer la historia de los zombies atómicos.

Este delirio maravilloso de 1980 que se tituló originalmente Incubo Sulla Cittá contaminata, es recordada por varios nombres como Nightmare City, City of the Walking Dead y el mejor de todos que es el título latino.

Con esta propuesta Lenzi buscó darle una vuelta de rosa distinta a las historias de zombies.

De movida la película transcurre en el universo Lenzi donde los personajes norteamericanos hablan en italiano, que es algo maravilloso.

Dean Miller, interpretado por el querido actor mexicano Hugo Stiglitz, recordado por otros clásicos del género como Tintorera y La noche de los mil gatos, es un periodista que tiene que entrevistar a un científico que estuvo vinculado con un accidente nuclear en Europa.

El avión que lo transporta debe aterrizar de emergencia y cuando los equipos de rescate se acercan e intentan ingresar al transporte surge un horda de zombies completamente sacados y contaminados de radiación que desatan el caos en Italia.

220px-City-of-the-walking-deadAhora bien, los zombies de Lenzi son distintos a los que solían aparecer por aquellos días en el cine que seguían la línea establecida por George Romero.

En este caso los muertos vivientes son una loca fusión entre los psicópatas de The Crazies (otro clásico de Romero) y los zombies tradicionales.

Los muertos vivos acá andan a los tiros (esto es en serio) y en algunas casos matan a la gente a puñaladas. Algunos se mueven lentos como los clásicos de Romero y otro corren y atacan con velocidad al estilo Exterminio.

De hecho, creo que si estos no son los primeros zombies veloces del cine pegan en el palo, porque no recuerdo otro caso previo a 1980.

La película es muy divertida por los diálogos ridículos que tiene y la actuación de Estiglitz, que es genial porque el tipo interpreta su personaje como si estuviera haciendo MacBeth. Un verdadero grosso.

En la película Bastardos sin gloria Quentin Tarantino le rindió homenaje al actor al nombrar el personaje de Til Schweiger, «Hugo Stiglitz».

Mi escena favorita es cuando los zombies entran a un canal de televisión donde se graba el programa de baile «Todos somos música» y los desquiciados psicópatas le cortan el mambo a las bailarinas, que estaban re concentradas en la danza, para matar a todos.

Otro cosa muy divertida es que los personajes sobrevivientes de manera constante emprenden las decisiones más estúpidas posibles para combatir a los zombies que por supuesto no traen buenos resultados.

La escena final de acción en un parque de diversiones es de antología.  No vi otra película donde los zombies persigan a sus victimas a los tiros con ametralladoras.

Los efectos de maquillaje son graciosos también porque algunos zombies están muy bien logrados y se ven aterradores y otro parecen que los crearon a las apuradas porque no había tiempo.

Algo que le debo reconocer a Lenzi es que siempre hizo películas entretenidas.

La acción comienza enseguida y el film es divertido si estás dispuesto a ver algo bizarro.

Pueden conseguir este propuesta con facilidad en internet.

En Netflix está disponible con el fabuloso doblaje latino que tiene  voces famosas de muchos dibujos animados.

El avance.

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