El estrangulador de Boston

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images2Noviembre de 1973, Massachusetts, Estados Unidos.

El miedo lo había acorralado y sabía que tenía que hablar antes que fuera demasiado tarde.

No se encontraba en una prisión común, sino en la cárcel de máxima seguridad más violenta que existía en el país.

Sabía que tenía que hablar porque era consciente que la muerte lo acechaba las 24 horas como al resto de los más de 600 criminales y psicópatas que habitaban el lugar.

Cuando uno era sentenciado a cumplir una condena en el correccional Cedar Justion enseguida comprendía que no había diferencias con la pena de muerte, ya que eran pocos los que lograban salir del lugar con vida.

Tarde o temprano en una pelea o en una venganza por un entredicho la vida del delincuente se extinguía.

Por eso en la noche del 24 de noviembre decidió hablar con la única persona en la que confiaba.

El doctor en psicología Ames Robey atendió el teléfono y le bastaron unos segundos para darse cuenta de que se trataba la llamada.

Su paciente se encontraba agitado y podía percibir el terror en su voz.

Pedía reunirse con él y que además estuviera presente un periodista. Finalmente se había decidido a hablar y decirle lo que muchos estaban esperando.

Ames Robey arregló el encuentro y cuando colgó el teléfono tuvo la certeza que finalmente le sería revelada la verdadera identidad del famoso estrangulador de Boston.

11 de junio de 1962, barrio de Back Bay.

Anna Siesers amaba la ópera.

Era una mujer atractiva de 55 años que un tiempo y atrás se había quedado viuda. Había iniciado una nueva vida al mudarse a uno de los barrios más pintorescos de Boston.  Su hijo pasaría a buscarla en unas horas y antes de salir decidió darse un baño mientras escuchaba la famosa ópera de Wagner, «Tristán  e Isolda».

Suena el timbre del portero eléctrico.

Anna cubre su cuerpo con una bata y atiende para ver quién era.

El plomero del edificio y un problema con la caldera.  Extraño porque el agua funcionaba sin problemas.

Anna hace pasar a su departamento al hombre que viste una campera negra y unos pantalones verdes.

Se dirigen a la cocina y es un instante en que la mujer se descuida cuando recibe un golpe en la cabeza.

Los detectives de Homicidios, James Mellon y John  Driscoll fueron los primeros en llegar a la escena del crimen.

El departamento había sido completamente saqueado como si un huracán hubiera pasado por el lugar.

El cuerpo desnudo de Anna se encontraba tirado en el baño. La habían ahorcado con el cordón de su bata luego de ser violada reiteradas veces con un objeto desconocido.  Su hijo la habían encontrado en el departamento y llamó a la policía de inmediato.

Todavía les llevaría un tiempo a los investigadores para darse cuenta que ninguna pertenencia de Anna había desaparecido de su casa.

Dos semanas después Mary Mullen, de 85 años,  apareció violada y estrangulada aunque la mujer falleció producto de un ataque cardíaco que le causó el agresor.

Otra vez el departamento había sido arrasado en un intento de hacer pasar el hecho por un robo.

El 30 de junio los vecinos de la Avenida Commonwealth quedan shockeados cuando descubrieron que Nina Nichols, de 68 años, había sido asesinada.

Su cuerpo desnudo fue encontrado con restos de sangre en su vagina y una medias de nylon con las que había sido estrangulada.  Nina hacía dos décadas que había perdido a su esposo y no se relacionaba con ningún hombre salvo por su cuñado que cada tanto solía visitarla.

Ese mismo día la policía de Boston encontró el cadáver de Helen Blake, de 65 años.

La mujer había sido estrangulada con medias de nylon y presentaba heridas severas en su vagina y el ano.

El Comisionado de la policía de Boston, Edmund McNamara  comprendió esa jornada que un asesino serial estaba suelto en su ciudad.

Los casos que solían ser problemas de otros estados y localidades ahora los tenía en su propio hogar.

Las vacaciones que tenía programadas con su familia fueron suspendidas y transfirió a todos los detectives del departamento de policía a la Unidad de Homicidios.

Se emitieron alertas a través de los medios de comunicación para que la mujeres tuvieran cuidado al salir y entrar de sus casas.

Para fines de agosto de 1962 aparecen asesinadas en las mismas circunstancias Ida Irga, de 75 años, y Jane Sullivan de 67 años.

i1El pánico se desata en la ciudad.

Los medios no tardan en ponerle un nombre a la noticias y empiezan a hablar  ahora del «estrangulador de Boston».

Aumentan las ventas de aparatos de gas lacrimógeno y los cerrajeros están más ocupados que nunca. Todo el mundo quiere cambiar su cerradura.

Los criminales con antecedentes de ataques sexuales son investigados y los psiquiatras forenses construyen un perfil del posible asesino.

Buscan a un hombre de entre 18 y 40 años con un posible complejo de Edipo no resuelto que le lleva a  matar y abusar de mujeres mayores.

Como los crímenes ocurren en distintos barrios de la ciudad se deben coordinar el trabajo de todas las comisarías. La policía  de Boston nunca había enfrentado una crisis de ese estilo.

Durante tres meses no se habla de otra cosa que del estrangulador en los Estados Unidos cuyos asesinatos adquieren notoriedad internacional.

Todos tienen una hipótesis o teoría en los medios que no conducen a ningún lado.

Si bien no vuelven a surgir más víctimas durante unas semanas la policía se encuentra entre sombras y no pueden dar siquiera con un posible sospechoso.

La situación se complica más el 5 de diciembre de 1962.

Nuevamente el barrio de Back Day se ve conmocionado por el asesinato y violación de una mujer.

Esta vez se trata de  Sophie Clark, una chica negra universitaria de 20 años.

El estrangulador había cambiado de patrón y ahora son mujeres jóvenes las que persigue el delincuente.

Entre diciembre de 1962 y enero de 1964 la ciudad de Boston se ve sacudida por nuevos asesinatos.

Se encuentran los cadáveres de Patricia Bissette (23), Mary Brown (69), Beverly Samans (23), Evelyn Corbin (58), Joan Graff (23) y Mary Sullivan (19).

Para el desconcierto de la policía todas las víctimas no tienen el mismo destino.

Algunas mujeres, como el caso de Beberly Samans, no presentan signos de abusos sexuales pero son apuñaladas.

El estrangulador empieza a descuidarse.

En la casa de la estudiante universitaria Sophie Clark se encuentran huellas de semen y una vecina lo llega a ver al retirarse del edificio.

Lo describe como un hombre de 30 años que viste una campera negra y unos pantalones verdes.

La desesperación por encontrar al asesino llevó al Fiscal General de Boston en ese momento, Paul Snyder a consultar un detective psíquico.

Peter Hurkos era el vidente que aseguraba dar con el estrangulador con sólo ponerse en contacto con las evidencias del caso.

El hombre trabajó con el material que había reunido la policía. Medias y pañuelos que usaba el criminal.

El psíquico finalmente reveló que el asesino era Hurkos O´Brian, un sospechoso que tenían los investigadores.

Una persona que no existía y los policías le dieron al vidente para ver si sus poderes eran reales.

Lo cierto es que no tenían ninguna pista.

Las cosas cambiaron cuando se sumó al caso el reconocido psiquiatra James Brusell, quien se encargó de estudiar los homicidios y elaborar un nuevo perfil.

Ahora buscaban a un hombre de 30 años, corpulento, que probablemente se dedicaba a trabajos manuales.

El 27 de octubre de 1964 una mujer recibe en su casa a un detective que trabaja en el caso y se encuentra haciendo averiguaciones en el barrio.

La joven lo hace pasar a su departamento y no lleva mucho tiempo descubrir el error que cometió.

El hombre la ata a la cama y la viola. Luego le pide disculpas y se retira del lugar.

La víctima recordaba claramente el rostro del agresor y tras recuperarse del shock hizo la denuncia en la policía.

ima3La descripción de la mujer lleva a los investigadores a detener a Albert DeSalvo, un sujeto de 33 años, que había sido arrestado años atrás por entrar ilegalmente en otras propiedades y ahora se había hecho pasar por policía.

En un comienzo a nadie se le ocurrió conectar a DeSalvo con porque no había ninguna prueba concreta que lo ligara con los asesinatos.

Finalmente admite que fue responsable de unas cuantas violaciones y es entonces que comienzan los problemas.

Albert DeSalvo asegura que violó a 300 mujeres en distintas áreas de la ciudad algo que es imposible de comprobar, ya que si bien hay casos de violaciones no resueltos tampoco se había registrado esa cifra.

Por otra parte, la violaciones no siempre son denunciadas y eso generaba que fuera imposible buscar a la víctimas para saber si el testimonio del delincuente era cierto.

Era obvio que DeSalvo tenía problemas mentales y por eso lo trasladan al Hospital Estatal de Bridgewater para ser estudiado.

Al poco tiempo llega al hospital otro peligroso criminal. Su nombre es George Nassar.

Causas de homicidio y un gran coeficiente intelectual. No tarda en convertirse en el confidente de DeSalvo, quien le confiesa que él es el estrangulador de Boston.

Nassar enseguida menciona esto a las autoridades que hablan con DeSalvo y escuchan su propia confesión.

Albert se hace cargo de todos los asesinatos y revela algunos detalles de los crímenes que no se habían hecho público, algo con lo que sorprende a los investigadores.

Noticia de primera plana. Cayó el estrangulador de Boston.

La policía parece que puede respirar un poco de la presión mediática y política que tenía el departamento para resolver el caso.

Toda la atención recae en Albert DeSalvo.

Había una recompensa  para la persona que diera información que permitiera dar con el estrangulador.

George Nassar había hablado con Albert y gracias a que se ganó su confianza pudo obtener la confesión.

Había asumido que recibiría 10 mil dólares.

No estaba mal, aunque tenía que pensar en cinco.

Si Albert se hacía cargo de los homicidios tenían que dividir el dinero. DeSalvo tenía pensado vivir el resto de su vida en un hospital.

La clave estaba en hacerle creer a los psiquiatras que estaba enfermo para que no lo enviaran a prisión.

Con ese dinero ya no tendría que preocuparse por mantener a su familia.

DeSalvo habló y los investigadores empezaron a prestarle atención. Mientras tanto tenía contacto con George Nassar, el otro paciente internado.

Un peligroso delincuente esquizofrénico y manipulador que ya había estado en prisión en 1961.

Lo habían encerrado a cadena perpetua por una causa de homicidios, pero luego obtuvo la libertad condicional.

Unos meses después de salir de la prisión en la ciudad de Boston numerosas mujeres empezaron a aparecer estranguladas.

CONTINUARÁ…

 

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9 Comentarios

  1. Que gran forma de empezar el 2013 para este blog! Gracias por estas cronicas Hugo, me encanta cuando abro la pagina y me encuentro con una! Saludos!

  2. bienvenido hugo. A fin de año lei en mis rincones oscuros de ellroy y me dije «yo ya habia leido algo como esto» ahora se que me estaba acordando de tus cronicas.

  3. ¡Ohh, una de las más conocidas contada por uno de los grandes!
    Bah, conocida es un decir pero formidable es la también conocida fluidez de tus crónicas.

    ¡Saludos!

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