Kiss: El ataque de los fantasmas

Todos sabemos que en materia de negocios Gene Simmons no le hace asco a nada.

Con la marca de Kiss llegó a vender desde preservativos hasta un cajón fúnebre decorado especialmente para los fans de la banda.

Sin embargo hay algo de lo que se arripiente en su carrera artística y le da mucha verguenza.

Me refiero a esta maravillosa joya del cine bizarro titulada Kiss: El  ataque de los fantasmas (Kiss Meets the Phantom of the Park), de 1978.

Se dice que durante años  los empleados de la banda tenían prohibido mencionar este film delante de ellos.

Los músicos se arrepintieron de haberla hecho y la odiaron porque quedaron en ridículo.

Aunque en los últimos años cambiaron bastante de opinión y hoy se rién al recordarla.

La verdad que para quienes disfrutamos del cine bizarro nos regalaron una delicia memorable que hoy tiene estatus de culto.

Una joya que le debemos a la querida productora Hanna-Barbera, que es más conocida por su trabajo en la animación pero también hicieron filmes y series live action como esta propuesta.

Para 1977 Kiss había recaudado más de 10 millones de dólares por sus discos y productos de merchandising. Una cifra que era una bestialidad en ese momento.

Mientras las banda se encontraba en su máximo pico de popularidad fue en este período que salió el cómic de Marvel que mencioné la semana pasada.  Al manager del grupo Bill Aucoin entonces le pareció que era una buena idea llevar a los músicos al cine y así se originó este proyecto.

Todos los miembros de Kiss aceptaron participar ya que les habían prometido que la película sería una combinación de A Hard Day´S Night (el film de los Beatles) con Star Wars.

Al final terminó siendo una de las peores producciones de la historia que el propio Gene Simmons en los últimos años la ubicó al mismo nivel que Plan 9 del espacio sideral, de Ed Wood.

Más allá que los músicos eran horribles como actores, el guión era sumamente incomprensible y pasó por varias escrituras mientras se desarrollaba el rodaje.

La historia tenía que ver un ciéntífico loco, Abner Devreaux, que trabaja para un parque de diversiones y encontró la forma de crear androides que podrían reemplazar a los humanos en el trabajo.

Sin embrago, Kiss planea dar un concierto en el parque que termina por interrumpir sus planes secretos. Enojado por la presencia de la banda entonces crea uno clones de los músicos malos con el objetivo de desacreditarlos.

Lo que no sabe el científico es que los miembros de Kiss tienen superpoderes y de esa manera el Demonio, el Chico Espacial, el Chico Estrella y el Gato se enfrentan a los robots y todo tipos de personajes bizarros.

Esto es mas o menos lo que uno puede explicar de la historia que en el film carece por completo de sentido.

Lo que se ve en la película básicamente es a la banda dando conciertos y entre los baches musicales los músicos se ponen a pelear con unos muñecos raros que trabajan para el científico.

Acá se puede disfrutar de uno de los grandes momentos del film:

Todo la historia tiene este tono con momentos desopilantes, donde lo divertido es que nada de lo que se narra tiene coherencia.

Uno de los aspectos donde se nota que Joseph Barbera fue el productor de esta propuesta es la música que parece salida de dibujos animados como Scooby Doo y Josie and the Pussycats, que generan que la trama sea más ridícula todavía.

Aunque en Estados Unidos se exhibió en la televisión en muchos países se estrenó en los cines alrededor del mundo y en ese caso a las escenas de acción le cambiaron la música de dibujitos de Hanna-Barbera por temas de la banda.

En el corte para cines se incluyeron muchas escenas que quedaron afuera en la versión para televisión.

Acá tenemos otro momento maravilloso donde Paul Stanley dispara rayos láser de los ojos en una escena en la que aparece también Brion James, recordado actor por sus  roles de villanos en clásicos pochocleros como Blade Runner, El quinto elemento,  Tango y Cash y Enemigo mío, quien falleció en 1999.

Esta es una de las grandes joyas de las película malas que divierten que no tienen desperdicio. La gran virtud de Kiss: El ataque de los fantasmas es que es desopilante desde los créditos iniciales hasta la última escena.

Su director Gordon Hessler sorprendentemente luego logró tener una larga carerra dirigiendo series de televisión.

Si nunca la vieron traten de buscarla que es genial. Así comenzaba la película: