Día de examen: Un cuento de Henry Slesar

twillight-zoneHenry Slesar es el M. Night Shyamalan de la literatura.

Podríamos decir también que M.Night es el Henry Slesar del cine.

Poco escritores tuvieron la maestría para manejar el suspenso y los giros inesperados como lo hizo este maestro durante muchísimos años.

Ya les conté que en mi adolescencia tenía la costumbre de leer mis propios libros en la clase de literatura porque me aburría mucho el material con el que se trabajaba en la escuela.

Es decir, hacía de cuenta que estaba concentrado en lo que la leía la clase, pero la verdad es que yo estaba en otra parte.  Los trabajos de Henry eran adictivos y este cuento que hoy les quiero recomendar me perturbó bastante cuando lo leí allá por 1994.

Nunca me había ocurrido en la literatura algo así. Cuando llegué al final me sentí aterrado porque mi mente visualizó la historia en la vida real.

Años después, ya más grande  me pasó lo mismo con Batalla Real, la obra maestra de Kosuhun Takami, sobre la que escribiré cuando terminé de coleccionar los putos 15 volúmenes del manga que son un vicio . Conocía la novela pero la historieta es mucho mejor.

Por si nunca oyeron de él, les cuento que Henry fue el responsable de muchísimos episodios de la serie La Dimensión Desconocida y Alfred Hitchcock Presenta.

El director de Psicosis justamente lo contrataba a él por su dominio aboluto de los giros inesperados que estaban muy bien construidos.

Slesar falleció el 2 de abril de 2002 a los 74 años, mientras se sometía a una operación.

Por favor toménse unos minutos y disfruten de este excelente cuento que no tiene desperdicio.

DIA DE EXAMEN

Por Henry Slesar.

Los Jordan no mencionaron el examen hasta que su hijo, Dickie, cumplio los doce años. Ese día su madre mencionó el asunto en su presencia por primera vez, y la preocupación con la que lo dijo provocó una brusca reacción de su marido.

-Déjalo en paz- le pidió-. Seguro que el muchacho lo hará bien.

Estaban desayunando,  y Dickie levantó la vista del plato, intrigado. Era un niño muy movido, de ojos vivos y pelo rubio liso.

No comprendía el porqué de aquella súbita tensión, pero si sabía que era su cumpleaños y ante todo deseaba paz. En algún rincón del pequeño piso aguardaban unos paquetes primorosamente envueltos y en le horno de la diminuta cocina empotrada contra la pared, algo dulce y caliente humeaba en su honor.

El quería que fuera un día felizy los ojos húmedos de su madre y el gesto hosco de su padre estaban arruinando la gozosa expectación con la que se había levantado por la mañana.

– Qué examen?- quiso saber.

Su madre bajó la vista hacia el mantel.

-Una especie de test de inteligencia que el Gobierno obliga hacer a los niños cuando cumplen 12 años . Te toca la semana que viene. Pero no te preocupes.

-¿Es un examen como los del colegio?

-Parecido- respondio su padre, levantándose de la mesa-. Ve a distraerte con los cómics, hijo.

Dickie se levantó y fue hacía su rincón particular desde siempre en la sala de estar. Hojeó el primer cómic de la pila, pero las vistosas viñetas repletas de acción no parecían despertar su interés. Entonces fue hacia la ventana y escudriñó con semblante triste a través del cristal empañado.

-Por qué tiene que llover hoy y no mañana?- se lamentó.

Su padre, que se había arrellanado en una butaca con el periódico oficial, sacudió sonoramente las hojas, irritado.

-Pues porque sí. La lluvia hace crecer la hierba.

-¿Por qué papá?

-Porque si, te lo acabo de decir.

Dickie arrugó la frente.

-¿Y por qué es verde?La hierba quiero decir.

-Nadie lo sabe- respondió su padre, lamentando enseguida su tono bruso.

Horas más tarde llegó el momento de celebrar su cumpleaños. Su madre le entregó los vistosos paquetes con semblantes alegre y su padre incluso acertó esbozar una sonrisa y revolverle cariñosamente el pelo.

Dickie dio un beso a su madre y estrechó la mano de su padre con formalidad. Luego trajeron la tarta de cumpleaños y la celebración se dio por concluida.

Una hora más tarde, Dickie estaba sentado junto a la ventana, observando cómo el sol se abría paso entre la nubes.

-Papá- preguntó-, ¿a que distancia está el Sol?

– A 8 mil kilómetros- respondió su padre.


Dick se sentó en la mesa del desayuno y de nuevo vio que su madre tenía ojos llorosos. No asoció sus lágrimas con el examen hasta que su padre sacó a relucir el tema.

-Bueno, Dickie-anunció arrugando el entrecejo con expresión seria-hoy tienes una cita.

-Lo sé,  papa. Espero que…

-No hay nada que temer. Este examen lo hacen miles de niños al año. Sólo quieren comprobar tu inteligencia. Eso es todo.

-En el colegio saco buenas notas- dijo Dickie timidamente.

-Esto es distinto. Es un examen… especial. Te dan algo de beber y luego pasas a una sala donde hay una especie de máquina…

-Qué te dan de beber?- quiso saber Dickie.

-Nada, una cosa que sabe a menta. Es sólo para asegurarse de que respondes con sinceridad. No es que el Gobierno piense que vas a mentir, pero así se aseguran.

El rostro de Dickie reflejó su extrañeza, y también cierto temor. Miró hacia su madre y ésta compuso el semblante, esbozando una sonrisa.

-Todo irá bien-  dijo ella.

-Pues claro que irá bien- convino el padre-. Eres un buen chico, Dickie lo harás bien. Cuando volvamos a casa lo celebraremos. ¿De acuerdo?.

-De acuerdo -contestó Dickie.


Entraron en en Departamento Gubernamental de Enseñanza quince minutos antes de la hora prevista. Cruzaron el suelo de mármol de un gran vestíbulo sostenido por columnas, pasaron bajo una arcada y entraron en un ascensor que los llevó a la cuarta planta.

Frente a la habitación 404 había un joven vestido con una chaqueta de paisano, sentado a un reluciente escritorio. En la mano sostenía un sujetapapeles; buscó la “J” en la relación de nombres e hizo pasar a los Jordan.

La estancia era tan fría e impersonal  como una sala de tribunal de justicia, con unas mesas metálicas flanqueadas por largos bancos. Ya habían llegado otros padres con sus hijos y una mujer morena, de labios finos y pelo muy corto, repartía unas hojas.

El señor Jordan rellenó el formulario y se lo devolvió a la funcionaria. Luego se dirigió a Dickie.

-Ya falta poco. Cuando te llamen, pasa por esa puerta del fondo y ya está- dijo señalando con el dedo.

Un altavoz oculto crepitó y anunció el primer nombre. Dickie observó como el niño dejaba a su padre a regañadientes y se dirigía lentamente a hacia la puerta.

A las once menos cinco llamaron a Jordan.

-Buena suerte, hijo -dijo su padre sin mirarle-. Te pasaré a buscar cuando termine el examen.

Dickie se encaminó hacia la puerta y giró el pomo. La habitación a la que accedió estaba en penumbra y apenas pudo distinguir la cara del funcionario de la chaqueta gris que lo recibió.

-Siéntate -dijo el hombre en voz baja, indicándole un taburete alto-. ¿Te llamas Richard Jordan?

-Sí, señor.

-Tu número de registro es el 600-115.  Bebe esto, Richard.

El funcionario cojió un vaso de plástico de la mesa y se lo tendió al niño. El líquido tenía una consistencia como de nata y sólo sabía ligeramente a menta. Dickie se lo bebió de un trago y devolvió el vaso vacío al funcionario.

Aguardó sentado en silencio, medio mareado, mientras el funcionario se afanaba tomando notas en una hoja de papel. El hombre consultó entonces su reloj, se puso en pie y se colocó a escasos centímetros de la cara de Dickie.

Desenganchó un objeto que parecía un bolígrafo de la chaqueta y enfocó con una minúscula linterna los ojos de Dickie.

-Bien -observó. Ven Conmigo Richard.

Condujo a Dickie al otro extremo de la estancia y le indicó que tomara asiento en una solitaria butaca de madera instalada frente a un panel de control repleto de mandos. En el brazo izquierdo del asiento había instalado un micrófono que quedaba justamente a la altura de la boca.

-Ahora relájate, Richard. Se te van a hacer uunas preguntas; piensa con atención y luego responde por el micrófono. La máquina se encargará de los demás.

-Sí, señor.

El funcioanrio le dio un apretón en el hombro y abandonó la sala.

-Preparado -dijo Dickie.

En el ordenador aparecieron unas luces y se oyó el zumbido de un mecanismo. Una voz dijo:

– Termine esta secuencia: Uno, cuatro, siete, diez…


El señor y la señora Jordan aguardaban en silencio en la sala de estar de su casa, sin hacer suposiciones siquiera.

Eran casi las cuatro cuando sonó el teléfono. La señora Jordan se precipitó a cogerlo, pero su marido se adelantó.

-¿Señor Jordan?

Era una voz seca, una voz de funcionario, expeditiva.

-Sí, dígame.

-Le llamo del Departamento Gubernamental de Ensenanza. Su, hijo, Richard M. Jordan, número de registro 600-115, ha terminado el examen. Lamentamos anunciarle que su coeficiente intelectual supera las normas estipuladas por el Gobierno de acuerdo con la Ley número 84, sección 5, del nuevo Código Jurídico.

La señora Jordan se echó a llorar en cuanto vio el demudado semblante de su marido

-Se les permite especificar por vía telefónica- continuó el funcionario con voz monótona- si desean que sea el Gobierno quien se encargue del entierro del cadáver o si prefieren darle sepultura en un cementerio privado. La tarifa del sepelio gubernamental es de diez dólares.

Henry Slesar, amigos, Henry Slesar!!  Siempre me encantó este cuento.

La construcción de este relato es mágnífco por la conclusión siniestra con la que cerró la historia.

En 1985 lo adaptaron en la serie de La Dimensión Desconocida. Lo pueden ver por You Tube.

Espero que les haya gustado.

Tres libros de Henry para recomendar: “Crímenes macabros“, “Asesinato en el Hospital Heartbreak” y “Mi padre, el gato“.

Un grande cuya obra merece su difusión.

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17 Comentarios

  1. Muy bueno, la verdad me encanto!!
    Son todos de este estilo?? me refiero en cuanto al genero fantastico. POrque me cuesta conseguir autores de cuentos cortos con una veulta de rosca y faciles de seguir.
    Muchas gracias y voy a tratar de conseguir alguno de los libro squ mencionas.
    Saludos

  2. Es muy variado. Algunos van más por lo policial y otros por lo fantástico.
    La mayoría de los que se adaptaron en La dimensión desconocida ,como este, tienen que ver con lo fantástico.
    Me parece que inglés editaron un libro que recopila todos los relatos que escribió para esa serie, pero no lo publicaron en castellano.
    Saludos!

  3. Conocí al autor a partir de un cuento narrado por Laiseca en su segmento “Cuentos de terror”, en Isat, pero no conocía el cuento este. Muy grata sorpresa!

    Abrazo!

  4. Excelente Cuento… Otro cuento excelente, que recomiendo que aparezca en el blog o que simplemente lean es uno de RAY BRADBURY( que tambien tuvo un ciclo similar a la dimension desconocida en la television) que aparece en el libro EL PAIS DE OCTUBRE es LA GUADAÑA, es realmente excelente ese tambien. Dejo un link para que lean (http://www.angelfire.com/ne/bernardino3/guadana.html) Saludos

  5. Ese es el episodio! Es corto pero estuvo muy bien adaptado.
    Lo pueden ver en el link que dejó Bizarro.
    El pibe me parece que es el hijo insoportable de Stallone en Halcón, la película de las pulseadas.
    Un clásico de Sly.

  6. Jajajaja muy buen cuento, ya me imaginaba que algo así iba a pasar.

    ¿Puede ser que haya una película u otra historia con una trama parecida? Donde el hijo es demasiado inteligente y termina matándose en la tele, no sin antes crear un poco de caos, y los padres eran como medio zombies (en el sentido de nabos) que lo ven por televisión y no reconocen a su propio hijo… algo por el estilo.

    Uhh, flasheé mal me parece.

  7. Hola Hugo, muy bueno el cuento.Me encantan estas historias con finales inesperados.Te dejo un trailer se llama Bay Rong http://www.youtube.com/watch?v=K_XzuDju_E0 , debe ser china ,igual me parece que haya ya se estreno hace unos años.El trailer es muy bueno tiene unas coreografias bastantes grosas y pinta accion, accion, accion 😉 .Saludos

  8. que buen cuento
    me recordo mucho a los de philp k dick por esa atmosfera que se crea mientras los lees
    muy buen aporte hugo

  9. Muy bueno.
    Me hizo recordar a un cuento que lei hace mucho, sobre un examen de conducir… creo que venia en alguna de las recopilaciones de “Horror”. Te suena Hugo?

  10. me encanto
    me hiso acordar un poco a farenheit de ray bradbury donde el
    gobierno queria mantener a la sociedad “idiota”.
    muy buena recomendacion

  11. muy bueno hugo,realmente muy bueno!
    Realmente perturba que hecho asi puedan pasar en la vida real.
    Tengo que admitir que le preste atencion a este post cuando vi que mencionabas a battle royale.Eso si que es una obra maestra!

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